Hoy me voy a saltar las brutales restricciones que mis compañeras de blog ejercen en la sombra sobre la longitud de estas entradas, y la voy a escribir larguísima. Su amenaza siempre es que no se las leen si pasan de las veinte líneas, con lo que pierdo el 66% de los lectores, pero a veces es necesario un golpe de autoestima y afirmación, y allá voy.
¿Y qué es eso que tengo que contar que tanto espacio requiere? Pues la verdad es que nada, sólo que he leído que los cines van a poner en marcha una propuesta un poco demencial para llevar a las nuevas generaciones al cine, o algo así; una cosa que han copiado de los franceses, que para el peculiar imaginario de todo el establishment cinematográfico español es un pueblo que ha dado con la fórmula mágica para que la gente vaya a ver películas patrias, e intentan dar con esa poción milagrosa, aunque nunca se les ha ocurrido hacer pelis tan interesantes como las que hacen ellos, si no que andan dando vueltas a sistemas de subvención y cosas como lo del cine a dos euros; que por lo que he leído consiste en que el domingo le dan un "pasaporte" a todo el que se acerque a un cine para que durante tres días vean todo lo que quieran al precio de dos euros la entrada.
Es dudoso que las nuevas generaciones, acostumbradas a ver un flujo infinito de imágenes en el ordenador, se animen a hacerse un maratón de cine por esta razón; y si al final se apuntan probablemente sea para dejar de ir al cine el resto del año. Porque el problema que le veo yo a estas iniciativas es que consiguen vaciar los cines el resto de la semana. Pero bueno, da igual, yo el domingo lo tengo ocupado con un Costa y un Eustache en la Filmoteca, que cuesta dos euros todos los días del año, y tiene una programación incomparablemente superior a lo que nos puedan ofrecer todos los cines del mundo mundial: esta semana, para no irse lejos, nos podemos ver un Straub (Sicilia!), un Bresson (Cuatro noches de un soñador), La maman et la putain, un Rohmer (Cuento de Invierno), un Kaurismaki (Nubes pasajeras), un Malick (El nuevo mundo) y Tras-os-montes. También ponen El piano de la Campion, que a mí no me gusta pero hace bulto en la lista; vamos, donde vamos a ir a parar, comparemos con cualquier cosa que nos ofrezca la cartelera. Cuenta Françoise Lebrun (protagonista de La maman et la putain) en el Cahiers España de este mes que Eustache le dijo que si quería estudiar cine dejara su escuela y se fuera a la Filmoteca, probablemente en la gloriosa época de Langlois (a Erice, uno de los pocos directores que se deja ver por la filmo, le leí algo parecido hace tiempo).
Ayer ponían el capítulo de Cineastas de nuestro tiempo que Costa dedicó a los Straub, a los que graba mientras montan Sicilia! (hay un momento curioso en que Danniell Huillet comenta que los actores no profesionales que eligieron no los conocían de nada, ni a ellos ni a sus películas, porque las pasan en la televisión italiana a la una de la madrugada, cuando ellos duermen; no me imagino a ninguna tele española poniendo un Straub ni a la una ni a ninguna hora, aunque da igual, aquí son los redactores de programas cinematográficos los que no han oído hablar de ellos). ¿Dónde yace tu sonrisa escondida? podría ser el piloto de una sitcom de vanguardia: una mujer está sentada trabajando continuamente mientras el marido no deja de importunarla con sugerencias y comentarios. Straub (que así le llama su mujer tras 50 años de colaboración) aprovecha cualquier plano para soltar una disertación teórica sobre cualquier cosa, la banda sonora, la gestualidad en Chaplin, la relación entre la idea, la forma y la materia (aunque oyéndole habría que escribirlas con mayúsculas), la dicción de los actores no profesionales, el eje del campo/contraplano, el comunismo de Holderlin, Eisestein, Buñuel, los técnicos, el viento; bueno, es imposible que sea así de verdad, porque Danniell lo hubiera asesinado; está claro que es la cámara y la presencia de Pedro Costa (al que alguna vez se le oye en contracampo) los que disparan sus reflexiones, un poco a la manera de Godard.
Straub y Huillet montaban en moviola (imagino que Straub lo sigue haciendo), él comenta lo importante que es trabajar con las manos, aunque la única que toca la película es su mujer, y no parece que fuera a permitir al marido que metiera la zarpa en su reino: no hay imágenes del rodaje, ni siquiera una foto, pero en la sala de montaje sólo hay una reina: las sugerencias de Straub no son tenidas en cuenta, más parecen las frases de una obra de teatro constantemente repetida. Y ahí me imaginé la serie, una mujer que trabaja pacientemente (porque hay que ver lo pacientes, precisos y meticulosos que son en el montaje) mientras su marido no para de dar vueltas a su alrededor y de soltar discursos sobre todo lo divino y humano.
Lo dicho, esta semana (y el resto del año), cine de verdad a dos euros.