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domingo, 9 de noviembre de 2008
Crónica del pájaro que da cuerda al mundo
Me compré esta novela el día antes de irme a la SEMINCI. Es ya una costumbre adquirir un libro cuando me voy de viaje unos días, aunque tengo la casa llena de volúmenes que no he abierto desde que los puse en la estantería. Leí unas cuantas páginas en Valladolid, pero no terminaba de convencerme. Ya en Madrid, el libro acabó absorbiéndome, aunque muchos de mis reparos permanecían. Y este finde, como en mis buenos tiempos de adolescente, me lo he terminado de un tirón, tumbado en la cama. Y me sigue pareciendo discutible, aunque muy hábil.
Por situarnos, podríamos decir que Crónica… es una mezcla de Philip K. Dick, John Irving y David Lynch. A partir de una llamada erótica de una desconocida, sobre el protagonista, un joven algo pusilánime y desorientado llamado Tooru Okada, caen un montón de peripecias que progresivamente adquieren un tinte psicótico/fantástico, con universos más o menos paralelos (el lado Philip K. Dick) donde debe llevar a cabo una búsqueda iniciática para rescatar a la princesa (su mujer), que ha sido raptada por el ogro, que además es su cuñado (hermano de su mujer), una especie de demiurgo del mal que ejemplifica el fascismo latente en la sociedad japonesa. Como en todo recorrido de este tipo, nuestro héroe adquirirá conocimiento y superará todo tipo de ritos de paso de la mano de una pléyade de excéntricos personajes (el lado John Irving) muy bien dibujados, pero en los que Murakami muestra tal complacencia que la cosa se le va a las 900 páginas, sin que en algunos casos sepa como quitárselos de encima. El lado Lynch del libro está en la manera de retratar ese universo paralelo donde rigen otras reglas y habitan los yoes oscuros de los protas, y que básicamente es un hotel/laberinto con una habitación que parece sacada de las escenas oníricas de las pelis del director/pintor .
El libro parece querer ser una versión para adultos de los libros de heroic fantasy que triunfan entre los adolescentes (y de hecho se lo voy a dejar a mi hijo, a ver qué le parece), aunque hay que decir que da la impresión de que al autor realmente le engancha su trama (llena de brujos, adivinos, presencias angelicales, epifanías, laberintos y demás parafernalia del género, aunque muy bien camuflada). Como ya he adelantado en cierta manera, lo que traza es una fábula política acerca del Mal (el fascismo) en la sociedad japonesa, con sus raíces evidentes en el inevitable agujero negro de nuestra civilización, el período de entreguerras y esa explosión de horror que fue la Segunda Guerra Mundial, y que se prolonga hasta nuestros días como una maldición casi física, agazapada pero siempre dispuesta a ser despertada. Para un lector occidental tiene el aliciente de mostrar un lado de aquel infierno menos conocido (aunque en los últimos años ha tenido bastante presencia, e importancia, en la política internacional), la invasión de las tropas japonesas de una parte importante del continente asiático, donde hicieron tropelías que para nada envidian a la de los nazis.
Tal vez lo más discutible sea la asociación de ese mal con la sexualidad femenina. Sin ser un libro misógino, resulta raro que Murakami sitúe sobre todo en los personajes femeninos ese algo siniestro siempre pronto a despertarse, lo que más que con las mujeres se diría que tiene que ver con los problemas que el autor tiene con ese campo (aunque la concepción del sexo y el cuerpo femenino como algo siniestro es algo que tiene ya una reputada carrera en el arte y la literartura contemporáneos). El caso es que parecería que el autor repite, puestos al día, los tópicos sobre la inefabilidad de cierto intangible eterno femenino.
Y me ha vuelto a salir un comentario larguísimo, que no sé que me pasa hoy.
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