domingo, 25 de noviembre de 2007

Paula Rego en el Reina Sofía






Aconsejado por Mercedes, una fría y soleada mañana de un domingo otoñal me pasé por el Reina Sofía para ver la exposición de Paula Rego, pintora de la que no sabía absolutamente nada, y de la que pensaba que era una pintora española y (relativamente) joven. Lo segundo lo deseché cuando vi que tenía obras de mediados de los 50; y a la salida, cuando me hice con un programa de mano, vi que era portuguesa.






La primera etapa estaba compuesta por obras como esta, collages y murales bidimen- sionales en los que se desa- rrollaban distintas escenas, con figuras más o menos informes. En el catálogo pone que son muy políticos y critican con dureza la dictadura de Salazar, pero imagino eso será en el folleto explicativo del cuadro, porque no creo que a Salazar le quitase el sueño ni éste ni 5000 cuadros como éste que se pintasen.

















El caso es que Paula se pasa a la figuración en los 60, y de ahí no se mueve. En el programa se habla de Goya y Hogarth, pero a mí a quién me recuerda es a Gutiérrez Solana, aunque algo (no mucho) menos tremebundo. Dado lo extenso de la exposición, me quedé en los 80, en una serie bastante terrible de retratos femeninos que llevaban por título "Aborto", y que indefectiblemente mostraban a mujeres solas postradas en lechos que evidenciaban no pertenecer a ningún hospital, y donde la ausencia masculina era evidente. Pero esa ausencia estaba en toda la exposición. Hay hombres en elgunos cuadros, pero en la mayoría no. Lo que no quiere decir que el mundo de Paula Rego sea el de una feminidad autosuficiente. Las figuras de las mujeres suelen llenar la superficie del cuadro (en general, el espacio de sus cuadros se reduce a una habitación esquemática, un mueble, algún juguete, un animal...). Nada del orden del goce fálico se manifiesta en esta obra, si acaso. a veces, algo parecido emerge en juegos con animales, bastante presentes a lo largo de su obra.








Según parece, este es uno de los cuadros más famosos de nuestra pintora. Se llama "Familia", y muestra una escena cotidiana teñida de un aura siniestra. En el dormitorio familiar, una mujer, ayudada por quién se supone es su hija, desviste al marido. El rostro del hombre está tapado por el brazo de la mujer, pero en sus ojos se adivina una mirada de pánico (en la obra, no en esta reproducción canija). La posición de la niña es obscenamente incestuosa, con su sexo pegado al de su padre. Una segunda niña, más pequeña, asiste complacida al extraño ritual. En la pared del fondo, una representación muestra al paradigma del héroe cristiano occidental, San Jorge aplastando al dragón espada en alto, irrisión irónica del falo. Es curioso que en el apunte que hay de este mismo cuadro en la exposición no aparezca esta alusión en clave sarcástica al héroe masculino.

Breve encuentro



El viernes me acerqué al Bibliometro que hay en la estación de Legazpi para devolver el ejemplar de 2666 que cuatro semanas antes me había llevado del Bibliometro de Moncloa. Todavía no lo he terminado, pero Inma me había sacado otro ejemplar de la biblioteca pública de Villaverde, así que voy a poder terminarlo en este mes.

Mientras ojeaba el catálogo para ver si tenían Blade Runner (que pensaba podía ser una lectura interesante para Quique, que me había pedido un libro tras haberse leído en dos días La sombra del viento, y en otros dos La muerte lenta de Luciana B; y sí estaba, y en este caso ha tardado un día en leerlo, y me ha recordado la bulimia lectora que yo tenía a esa edad, cuando era capaz de leerme Rojo y negro de una sentada, por ejemplo, mientras que hoy es raro que esté una hora seguida leyendo) apareció una mujer que indicó que precisamente quería el libro que yo acababa de dejar. Tras aconsejarla que le dejasen el libro cuatro semanas (que es lo que me lo dejaran a mí), entablamos una pequeña conversación acerca de las bondades del libro, sobre las que mis conocimientos, obviamente, eran superiores a los suyos. Y así, elevado por una buena acción que tan poco me había costado, me fui con mi libro de Philip K. Dick a casa; y por el trayecto hasta me dio tiempo a ver que en la novela Deckard está casado, y que participa de todas las características paranoicas de nuestro hiperparanoico autor.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Blade runner




Blade runner ha sido remasterizada por enésima vez para la distribución en dvd de una edición conmemorativa, lo que ha justificado su estreno en cines como forma de publicidad. La proyección digital en Kinépolis es espectacular, con una precisión de todos los detalles en cualquier punto de la pantalla que es casi imposible encontrar en las proyecciones anamórficas. Pero con el paso del tiempo los defectos de la película se hacen más evidentes. Ridley Scott atesoró prestigio y dinero gracias a Alien y a Blade runner, decayendo luego su estrella crítica según acumulaba metraje mediocre. El hecho de que la fama de sus dos éxitos se mantuviera hizo que empezasen a circular teorías acerca del verdadero autor de las citadas películas. Hay que decir que, en muchos aspectos, los aciertos de Alien y Blade runner hay que adjudicárselos a otros colaboradores, gionistas, diseñadores de producción, escenógrafos, reconociéndole al bueno de Ridley el que no estropease en exceso las cualidades de los que le rodeaban.
Madres en Blade Runner
Blade runner es un mundo sin madres. Las androides creadas son, literalmente, putas. Sin embargo, en el comienzo del film, esa ausencia está muy marcada. En el interrogatorio al que es sometido Leon, la violencia estalla cuando este es interrogado acerca de la suya. Un recuerdo agradable de ella. Frente a esa demanda aparentemente inocua, o amable, el personaje (del que todavía no sabemos que no es humano) saca una pistola y mata al interrogador. El origen será un asunto especialmente delicado en esta película. Los androides llevan implantados recuerdos falsos de una infancia más o menos feliz. Rachel enarbola oegullosa y desafiante una foto en la que aparece recostada en los brazos de su madre. Pero también recuerda como una multitud de arañitas, recién escapadas del huuevo, devoran a su madre.
Las personas de la trinidad viven solas
Mientras que los androides son más o menos sociables y solidarios, y suelen moverse en parejas y preocuparse por sus colegas, los tres personajes masculinos (Tyrrell, JF Sebastian y Deckard) viven solos. Los tres espacios en que se mueven son muy diferentes: Tyrrell (el Dios Padre Creador de esta Trinidad) se mueve entre un despacho inmenso e hipertecnológico y un dormitorio decimonónico y barroco, iluminado con infinidad de velas, con doseles en la cama. Sebastian, temeroso e infeliz Espítitu Santo, habita un inmenso edificio deteriorado, de principios del siglo XX, acompañado de juguetes sólo un poco más desoladores que él. Deckard, el héroe que tal vez comparta la condición humana y divina (o replicante) vive en un extraño piso de soltero, donde conviven estatuas de Buda con (supuesta) alta tecnología (en la novela Deckard, al menos en las tres primeras páginas, está casado). Deckard tiene un siniestro ángel de la guarda que le deja mensajes herméticos en forma de papiroflexia. El futuro, nos dice la película, será un detritus de naufragios históricos y espirituales.
El futuro se ha quedado anticuado
Aunque en la película está más o menos implícito, el libro nos cuenta que la historia de Blade Runner transcurre en una Tierra, arrasada tras una guerra, de la que todo el que tiene un poco de dinero escapa. La guerra ha debido de ser dura, porque ha acabado con internet, los móviles y los televisores de plasma (y con las cámaras de vigilancia). En realidad Blade Runner es cine negro con una pátina de estética futurista. Parece raro que cueste tanto encontrar a unos replicantes tan bien hechos (para luego encontrárselos en cada esquina de una supuesta megalópòlis que, al parecer, sólo tiene una calle), cuando hoy se localiza cualquier llamada en cuestión de segundos.
La historia más simple jamás contada
Unos cuantos superandroides se escapan de su lugar de trabajo y se vuelven a la Tierra a conocer a su padre. La policía da orden de cargárselos, para lo que hay un cuerpo especializado denominado Blade Runner. Se lo encargan al supuestamente más listo de todos, aunque vista su actuación uno se pregunta cómo ha podido sobrevivir tamaño zopenco con ese curro. El susodicho mataandroides se los va encontrando uno a uno, repitiéndose en todos los casos la misma estructura: el robot lo infla a hostias, y en el momento en que va a rematarlo, algo pasa que da la vuelta a la tortilla, y el poli se lo carga, con o sin ayuda (el último se muere sólo, en una de las escenas más famosas y-todo hay que decirlo- cursis de la película). En la ciudad donde todo esto se desarrolla (llamada Los Ángeles) siempre llueve y siempre es de noche, o por lo menos el sol brilla por su ausencia (salvo en el zigurat donde habita la suprema divinidad). Por ignotas razones cuyo secreto sólo concen el director y el iluminador, los personajes están casi siempre a contraluz, y tal vez la única norma del ausente gobierno que se cumple es que todas las luces tienen que ser azules. En algunas de las posteriores ediciones que se hagan de la película, alguien debería darse cuenta de que la música de Vangelis es insoportable. Con la evolución de la tecnología, tal vez será posible algún día cambiar al merluzo de Harrison Ford por un actor medio en condiciones. Y ya puestos, un programa de ordenador tal vez consiga arreglar espantos como la muerte pretenciosa y ridícula de la primera ejecutada, atravesando cristales a cámara lenta entre maniquíes, y acompañada por el trompeterío electrónico de la banda sonora con un corte que parece pensado para otra cosa. Todo llegará

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Marat-Sade, de Brook

"La persecución y asesinato de Jean Paul Marat interpretada por lo pacientes del manicomio de Charenton bajo la dirección del Marqués de Sade" es una famosísima obra de teatro de Peter Weiss que fue llevada al teatro en los años 60 por el archirrequeteafamado Peter Brook con la Royal Shakespeare Company, que tras el abrumador éxito recogido hizo una película basada en su montaje y, según los títulos de crédito, rodada en los estudios Pinewood. Como cuenta el título, Sade aprovecha algunas de las temporadas que se pasó en el manicomio a instancias de su suegra (sin duda una mujer sensata e inteligente) para escribir obras que son interpretadas por los locos. Al parecer esto es un hecho cierto, aunque no parece que escribiese ninguna acerca del asesinato de Marat a manos de Cordelia Corday. Probablemente a estas alturas ya ha quedado claro que la película me pareció un rollo, y que aproveché el tiempo para dar unas cabezaditas, dado que el llenazo que había en la sala chica da la Filmo impedía la salvífica huida sin molestar a demasiada gente. Hay que reconocer que la copia estaba impecable, y que para la torpeza que había demostrado Brook en la película que había hecho sobre un libro de Gurdjieff ("Encuentro con hombres notables") Marat-Sade demostraba cierta maña. Pero, salvo como explicación de por qué la izquierda ha naufragado a (casi) todos los niveles tras el 68 (a saber, compelida a elegir entre las paranoicas peroratas apocalípticas de Marat, el delirante nihilismo hipernarcisista de Sade y los griteríos inarticulados de Jacques Roux la izquierda se ha hecho el harakiri en cuanto a posibilidad de intervención social), la cinta no tiene mayor interés (y esta entrada tampoco, así que a otra cosa)

martes, 20 de noviembre de 2007

Berlín

Gasset me llama y me cuenta que hay que poner en marcha el festival de Berlín del año que viene. Me quedo un poco de piedra, porque lo último que imagino es que el año que viene voy a estar en disposición de acudir como responsable de producción a un festival de cine, pero me doy cuenta de que lo mejor es tirar para alante, porque nunca se sabe qué es lo que va a pasar.

2666





Sigo leyendo el tochazo de Bolaño (más de mil páginas). Está compuesto de cinco libros con bastante independencia entre sí, aunque se cruzan ciertos temas y personajes. El primero tiene cierto carácter satírico, los protagonistas son profesores universitarios europeos obsesionados con un escritor alemán aquejado del síndrome de Pynchon (no hay fotos suyas, nadie le ha hecho nunca una entrevista), lo que les permite viajar por toda Europa asistiendo a congresos literarios y entregándose a variaciones sentimentales. Al final acaban en un periplo más o menos delirante en un pueblo industrial de la frontera de México y EEUU, donde emerge el verdadero tema de la novela, perfectamente ceñido por la cita de Baudelaire que abre el libro:


" un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento"


El horror emerge en la forma de los asesinatos en serie de mujeres. Este tema va adquiriendo más peso en el siguiente libro, que gira en torno a un profesor universitario español afincado en Santa Teresa (nombre de la ciudad mexicana, que no sé si existe, aunque es obvio que se trata de Ciudad Juárez) que tiene una hija en edad "asesinable", sobre la que van creciendo presagios inquietantes. El tercer libro sigue a un periodista negro que, tras la muerte de su madre (¿un guiño a Camus?), se embarca en un viaje de trabajo a Santa Teresa para escribir una crónica de un combate de boxeo. Allí conoce a la hija del profesor del libro anterior, en unas compañías poco recomendables, de las que consigue escapar en el últinmo momento, y contacta con una periodista que consigue atrapar su interés hacia los asesinatos. El cuarto libro se ocupa directamente de los crímenes. Si Rosa (la chica que ha aparecido en los dos últimos libros) escapa salvada por el periodista negro, peculiar paladín, no ocurre lo mismo con las mujeres que son asesinadas en esta parte central del libro (literalmente central, el libro tiene 1100 páginas y este capítulo ocupa de la 400 a la 700). El horror estalla totalmente. La lista de asesinadas es interminable, algunas mueren a manos de su novio o su chulo, pero la mayoría responden al mismo patrón: pelo largo, sus cuerpos aparecen en un basurero, son violadas anal y vaginalmente (así aparece reflejado literalmente siempre, la novela adopta el punto de vista forense para describir los crímenes), y a menudo se cita un coche negro con las ventanillas tintadas, auténtico carro de la muerte. Algunas de las muertas permanecerán en el anonimato siempre, de otras conocemos una pequeña biografía. Las hay niñas, maduras, embarazadas. La lectura bordea lo insoportable. Entre medias conocemos los entresijos de la corrupta policía de la ciudad (en una escena se detiene a las compañeras de una prostituta asesinada. Un recién llegado al cuerpo policial oye gritos en la comisaría, cuando baja a los calabozos se queda de piedra viendo a sus compañeros violando a las detenidas; de este tenor es esta parte del libro). A su vez, se relata las hazañas de un profanador de iglesias, un maníaco que entra a mearse y a defecar en los altares. En cierta manera, la desacralización de los templos y el brutal asesinato de las mujeres pertenecen al mismo universo: la mujer es tratada como un trozo de carne, y luego eliminada como un desperdicio excrementicio, mezclada con la basura; una negación brutal del carácter sagrado de la mujer. El carácter completamente infernal que adquiere la ciudad aquí recuerda un poco al de James Ellroy, aunque Bolaño es mejor escritor y más honesto. Y en esta parte estoy.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Cumpleaños de Alejo

Tras un corecto examen para sacar la plaza de redactor de televisión me fui a casa de Alejo, que había preparado una soirée cinematográfica y una cena. Cuando llegué acababa de empezar uno de esos cortos que hacían los animadores checos con plastilina. Era la historia de un pobre hombre que tras un accidente tiene que andar con los ojos vendados, y como consecuencia de ello todo su entorno cotidiano se convierte en un espacio hostil y acerado. En esas surge un ser angelical, una especie de ángel de la guarda que le socorre en los peores momentos. Tras la recuperación de la vista, el ex-ciego descubre que esa figura cuyo nivel de realidad no estaba claro resulta ser una enfermera cuya bondad sólo tiene parangón con su belleza. Al final todo se llena de color y la pareja asciende a los cielos abrazada. El corto es naif y bonito, y marcará el tono de las secuencias con las que Alejo nos amenizará durante la velada. Así, nos regalará con una de las secuencias más desarmadoramente kitsch de la historia del cine, cuya sinceridad hace que bordee el ridículo para aposentarse con seguridad en los dominios de lo sublime: Catherine Deneuve implorando a su chico que no se aliste en Los paraguas de Chersburgo. Luego vendrán Candilejas (el éxito de la bailarina en la representación de Cascanueces), un inquietantemente hermético cortometraje del Polansky de los inicios polacos, una sorprendente secuencia de una película de los primeros años del sonoro, Amanecer en París, Rouben Mamoulian, y algunos vídeos musicales de Michel Gondry, a la vez brillantes y sencillos. En uno de ellos, una cantante que parece que es Kylie Minogne se da una vuelta por su barrio en un plano secuencia muy coreografiado, para volver de nuevo al punto en que empezaba la acción, momento en que una doble de la cantante aparece y repite el trayecto de la primera, que no desaparece de plano, y así una tercera vez. Creo que Gondry se ha convertido en el maestro sentimental de una generación de cinéfilos, con esa puesta al día de los cuentos de hadas que hace. La verdad es que resultó una selección curiosa para alguien que cumplía 23 años. A mí me pareció digna de alguien bondadoso, aunque a Mercedes le resulte insoportable. Qué le vamos a hacer.

Redactor de radio

El examen de redactor ha sido relativamente sencillo, pero ha tenido un problema. Ha consistido en la redacción de una crónica de un minuto y cuarto a partir de una rueda de prensa de Víctor García de la Concha y de Juan Luis Cebrián, y de un reportaje de unos cuatro minutos que había que elaborar a partir de tres extensos teletipos. Y ahí estaba el problema: el primero contaba la aventura de dos policías argentinos que, patrullando de madrugada, se tropezaban en el campo con cuatro extraterrestres más bien canijos, que tras el encuentro se volvían a su nave y desaparecían. El segundo recogía una rueda de prensa en la que 14 individuos de diferentes países pedían a Estados Unidos que volviera a retomar la investigación del fenómeno de los OVNIS, fenómeno que al parecer, en un momento de sensatez, alguien suspendió en 1969. El tercero hablaba de un profesor universitario tinerfeño que funda asociaciones y escribe libros para criticar (o deconstruir, hablando en posmodernés) las comunicaciones paranormales (o para anormales) que pululan por los medios acerca de este asunto. Lo dicho, cada loco con su tema, pero no parece de recibo que haya que escribir una extensa pieza sobre semejante majadería para una oposición en la que mucha gente se juega su futuro laboral. El tono del escrito ha sido de pitorreo, porque no se me ha ocurrido otro, y doy por perdida la posibilidad de pasarme a la radio, aunque si lo que hay que escribir es esto, prefiero dedicarme a otra cosa.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Primer examen

Sábado, 17 de noviembre de 2007. Una de la tarde, Escuela de gestión y marketing en Pozuelo, probablemente uno de los lugares en la Tierra con menos proporción de pobreza por metro cuadrado. Casi todos los presentes son más jóvenes que yo, pero me junto con los fijos que conozco, de mi edad o peor, y con poco ánimo. Pasamos a una sala inundada de ordenadores. El primer ejercicio consiste en escribir una noticia para internet a partir de tres o cuatro teletipos, cuyo tema central es la luna: los rusos junto con los indios van a mandar un laboratorio allí, los chinos acaban de lanzar su primer satélite de órbita lunar, una nave japonesa ha grabado en alta definición un amanecer de la tierra grabado desde la luna, un astronauta ha presentado un video juego en España. Lo engarzo todo bien y le meto un par de fotos. No es la bomba, pero demuestro mis conocimientos de política exterior (la carrera espacial china está causando bastante revuelo en EEUU). Luego tenemos que pergeñar la portada de una web de noticias con 10 titulares. Mi experiencia me dice que las declas de Casillas defendiendo a Luis Aragonés se llevarían siempre el hueco más importante. El resto es a rellenar con las fotos más molonas, y noticias como las huelgas en Francia y Alemania, o la ley de la violencia de género, al basurero de recuadros chicos. La tercera prueba consistía en desarrollar la página web de un programa. Desgraciadamente había que elegir entre la de una serie, Desaparecida, y el programa de RNE España directo. Para desaparecida sólo se me ocurría algo como Ringu, la peli de miedo en que la gente que veía un vídeo moría a la semana. Pues igual, cualquiera que se metiese en la página web de la serie, al paredón. Así que optp por el programa de radio, pero no se me ocurre mucho. Para terminar, nos largan un vídeo de Al Gore recién nobelizado. Titular y entradilla; a esas alturas no tengo ganas de ser brillante, y remato la faena con la solvencia (que creo) necesaria para aprobar (el vídeo es en inglés, lo que nos favorece a los algo parlantes, aunque algo me dice que somos casi todos).
En un rato, el segundo examen.

jueves, 15 de noviembre de 2007

La importancia de la simetra en la vida cotidiana

Hoy, jueves, he salido de Prado con Mercedes. Hemos llegado a Plaza de España, y la he acompañado al H&M que hay en la Gran Vía, haciendo prácticamente el mismo recorrido que hice el martes con Susana. La he dejado en la puerta, y antes de coger el metro me he metido en la Casa del Libro, para que la sucesión de hechos sea similar. Voy decidido a comprar (por fin) Nocilla dream. Mientras espero al lado de un ordenador a que algún dependiente dé señales de vida echo un vistazo a la caja, para ver si está la misma chica que el otro día me llamó la atención. Su rostro, desde tan lejos, parece petrificado. Mientras pasa el tiempo fantaseo con que la chica, al ir a pagar, me reconoce; pero antes de que la narración imaginaria se desarrolle mucho aparece la ansiada librera, que, al alimón con un colega suyo, me indica que el libro está agotado, así que me marcho, vagamente inquieto porque la simetría con la tarde anterior se ha visto alterada, pero confiado en que la intención haya sido suficiente para aplacar a los dioses que velan por el orden en nuestras vidas.

Pecados y penitencias

Me he comprado el abono transporte del mes de noviembre, información tal vez poco significativa, dado que cientos de miles de madrileños comparten conmigo esa costumbre mensual. Tengo el B-1, que me permite coger el tren ligero que pasa por la puerta de Prado. Dos veces a la semana lo cojo hasta la estación de Aravaca, y allí me monto en el Cercanías hasta Majadahonda, estación que ya pertenece al área que corresponde al abono B-2. Como nunca pasa un revisor no compro el billete preceptivo. Pero ayer sí pasaron, y justo en los dos minutos que median entre la parada de El Barrial y Majadahonda. Ni siquiera me molesté en fingir ignorancia. Me quedé de piedra cuando me hicieron pagar 8'30 € de billete. Los pagué sin rechistar, ideando alguna queja al servicio de cercanías, o una carta a algún medio gratuito. Pero, al fin y al cabo, está bien que se nos haga pagar por nuestros pecados aunque tanto la magnitud de estos como el de la penitencia sea pequeña.

Pequeños presagios sin importancia

Jueves, nueve y venticinco de la mañana, línea 3, trayecto entre Lavapiés y Sol. Tengo el tiempo justo para coger el autocar que sale a las diez menos venticinco. Pero el vagón se para un rato, primero entre Sol y Callao; después entre Callao y Plaza de España. Me resigno a hacer transbordo, llegar hasta Colonia Jardín y tomar el tren ligero. Un pequeño desánimo se abate sobre mí, y pienso que va a ser un mal día.
Pero no lo ha sido.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Obras de Banksy






He aquí alguno de los grafitis y obras sobre papel de Banksy, del que ayer no sabía nada, pero que tras una búsqueda superficial en internet se puede decir que me he convertido en un experto.

Más Banksy



Esto aparece como manifiesto en la página de Banksy

http://banksy.co.uk/




An extract from the diary of Lieutenant Colonel Mervin Willett Gonin DSO who wasamong the first British soldiers to liberate Bergen-Belsen in 1945.


"I can give no adequate description of the Horror Camp in which my men and myself were to spend the next month of our lives. It was just a barren wilderness, as bare as a chicken run. Corpses lay everywhere, some in huge piles, sometimes they lay singly or in pairs where they had fallen. It took a little time to get used to seeing men women and children collapse as you walked by them and to restrain oneself from going to their assistance. One had to get used early to the idea that the individual just did not count. One knew that five hundred a day were dying and that five hundred a day were going on dying for weeks before anything we could do would have the slightest effect. It was, however, not easy to watch a child choking to death from diptheria when you knew a tracheotomy and nursing would save it, one saw women drowning in their own vomit because they were too weak to turn over, and men eating worms as they clutched a half loaf of bread purely because they had to eat worms to live and now could scarcely tell the difference. Piles of corpses, naked and obscene, with a woman too weak to stand proping herself against them as she cooked the food we had given her over an open fire; men and women crouching down just anywhere in the open relieving themselves of the dysentary which was scouring their bowels, a woman standing stark naked washing herself with some issue soap in water from a tank in which the remains of a child floated. It was shortly after the British Red Cross arrived, though it may have no connection, that a very large quantity of lipstick arrived. This was not at all what we men wanted, we were screaming for hundreds and thousands of other things and I don't know who asked for lipstick. I wish so much that I could discover who did it, it was the action of genius, sheer unadulterated brilliance. I believe nothing did more for these internees than the lipstick. Women lay in bed with no sheets and no nightie but with scarlet red lips, you saw them wandering about with nothing but a blanket over their shoulders, but with scarlet red lips. I saw a woman dead on the post mortem table and clutched in her hand was a piece of lipstick. At last someone had done something to make them individuals again, they were someone, no longer merely the number tatooed on the arm. At last they could take an interest in their appearance. That lipstick started to give them back their humanity."


Source: Imperial War museum

Un rostro en la librería

Como delante de mí había dos o tres personas pagando los libros adquiridos en La Casa del Libro, tuve tiempo suficiente de fijarme en la chica que atendía la caja. Al pronto me pareció bastante guapa, pero tenía un rictus que al pronto pensé era de cansancio o de disgusto o de resignación ante la impericia del maduro comprador que tenía en ese momento delante, y esperé a que esa mueca que le disfugaraba la cara desapareciese para apreciar esa belleza prometida. Con el siguiente cliente la cara le cambió. Era un joven que, según percibí cuando giró la cabeza atendiendo una llamada que venía de mi fuera de campo (que es casi todo el campo), era bastante atractivo. Pero la cara de la chica seguía sin regresar a su estado de reposo, si es que eso existe. Me pareció que sus rasgos estaban en perpetuo movimiento, girando alrededor de una forma nunca alcanzada, pero siempre prometida, lo que generaba una particular forma de anhelo erótico, el de vigilar su rostro para descubrir el momento en que se producía el milagro de la coincidencia entre la cara y la máscara.