martes, 25 de octubre de 2011

Feodor en Finlandia




Mika Kaurismaki se ha marcado sin complejos una adaptación finlandesa y actual de Los hermanos Karamazov, aunque uno tarda un pelín en darse cuenta que ese desmelenado padre de la horda que le disputa a su hijo un zorrón ruso es el patriarca psicótico de los Karamazov, y eso que los diálogos y escenas de grupo son tan demenciales en la película como lo son en las novelas de Dostoievski. El experimento no acaba de salirle bien al hermano de Aki, tal vez porque se nota que ha trabajado con cierta rapidez, o porque ha elegido secuencias que ponen de manifiesto los defectos del torrencial escritor ruso, al que parece que le cuesta terminar cada escena.



También es cierto que al final la peli gana, si bien tengo que confesar abochornado que en una de las mejores escenas me sonó el móvil, que yo juraría haber apagado, y se me fastidió el clímax final. Hay que destacar las variaciones post-holocausto de la famosa alegoría del Gran Inquisidor y de la celebérrima cita de que si Dios no existe todo está permitido. Aquí es ser un compuesto aleatorio de átomos lo que da libertad absoluta al hombre, lo que no parece servirle de mucho.

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