miércoles, 23 de abril de 2008

El karma como infección



Quedaban cinco segundos para que terminara el Liverpool-Chelsea, con 1-0 a favor del primero, cuando el Chelsea sacó un fuera de banda, el balón llegó rápidamente a la línea de fondo, un jugador del Chelsea consiguió revolverse y mandar la pelota al centro al área chica, donde un defensa del Liverpool despejó sin oposición... a la red de su portería. Hasta hace poco (hasta ayer, vamos) se consideraba que este tipo de acontecimientos eran exclusividad del Atlético de Madrid, equipo que ha hecho de la calamidad timbre de orgullo y seña de identidad. Pero a partir de hoy tendrá que compartir rasgos identitarios con el Liverpool (y más, si como es probable, este gol en propia puerta en el ultimísimo segundo del partido le impide jugar la final de la Copa de Europa, Champion League en la terminología de los comentaristas deportivos). De lo que no hay duda es de cómo ha llegado a la ciudad inglesa la mala suerte: en las botas de Fernando Torres, otrora eterna promesa en el equipo del Manzanares, y hoy, según cuentan los periódicos, héroe en su actual formación. Pero lo suyo es una puesta al día de alguno de esos conceptos que aparecen en las tragedias griegas, y que también quedan cuando se les cita en el idioma original, como arjé. Pues que está claro que el cenizo es como una miasma que se adhiere de alguna manera preternatural al alma del individuo, y éste la va paseando por donde vaya, y en cuanto encuentra acomodo se expande a la búsqueda de nuevos huéspedes, como los virus y los genes, y al Liverpool se le ha caído el pelo.

martes, 22 de abril de 2008

El próximo presidente de EEUU


No conozco a nadie que desee, o simplemente crea, que va a ganar McCain en las elecciones de noviembre a la Presidencia de EEUU. Todos mis amigos se reparten entre Obama y Clinton. Cuando digo que va a ganar McCain, piensan que es una boutade o una provocación cool (bueno, es cierto que últimamente empiezan a ver que puedo tener razón). Yo no sabía que McCain había competido contra Bush ocho años ha por la candidatura republicana. Lo descubrí en la crónica que Foster Wallace escribió para Rolling Stones, y que acaba de ser publicada en español en un volumen que recoje varios reportajes del escritor norteamericano. Allí conocí la historia de su cautiverio durante la guerra de Vietnam, y aunque ahora es relativamente conocida, aconsejo a todos que la lean en el reportaje (tiene cierto paralelismo con nuestro Alcázar de Toledo: El almirante de la flota estadounidense era el padre de McCain, y nuestro candidato se negó a saltarse el orden en que los prisioneros eran canjeados, lo que le valió años de confinamiento en una caja con varios huesos rotos). El caso es que, por lo visto, el trabajo sucio inprescindible en toda campaña electoral se lo están haciendo ya los demócratas.

soraya



Pues después de tanto ruido periodístico como hubo alrededor de la elección de Soraya Sáenz de Santamaría como portavoz del PP, hoy he tenido por primera vez la oportunidad de verla soltando un comunicado, o como se llame técnicamente el comentario más o menos chistoso sobre el mus que ha intentado pergeñar contestando a Esperanza Aguirre. La impresión que he tenido es que la vamos a ver mucho estos cuatro años: tal incompetencia no puede ser desaprovechada por el Psoe, que si en algo ha sabido demostrar pericia ha sido en sacar réditos de los errores ajenos. Otra es que no me extraña el indisimulado desprecio con que lo que se llama la vieja guardia (aunque anden todos por los cincuenta) se ha tomado este nombramiento. Y finalmente creo que habría que darle la razón a Jiménez Losantos: este equipo ya ha perdido las elecciones del 2012, y no parece que vayana tomarse la molestia de plantarle cara en serio al Psoe, sino que parece más preocupados por repartirse el (extenso) trozo de poder que mantienen en Comunidades y Ayuntamientos.
La verdad es que Espe se merienda a esta chica (no tan joven, anda frisando los cuarenta) en cinco minutos. Realmente la Aguirre es la única que parece que tiene ganas de ganarle las elecciones a Zapatero, y está convencida (erróneamente, desde mi punto de vista) de que podría hacerlo. Gobierna la Comunidad de Madrid como si estuviera haciendo la beca para decorar la Moncloa, se ha metido en fregados que le pueden pasar factura (como en Cataluña, donde al parecer causa repelús), y entre el PP de provincias está lejos de concitar entusiasmos unánimes. Si fuera una alternativa seria probablemente los socialistas sacarían la artillería pesada contra ella, y hasta es probable que le preparasen trampas dentro de los sectores de Madrid que más está haciendo crujir con su política (Sanidad y Educación). Pero por lo visto estos días, le va la marcha. Yo creo que no se va a presentar en este congreso, y que va a esperar pacientemente a que surja su oportunidad, consciente de que es más que probable que, tal como están las cosas, nunca llegue. Mientras tanto, tiene que escuchar alardes chulescos y desafiantes retándola a que se presente con una lista, algo que se supone es un derecho de cualquier militante del Partido Popular. Al final, nos va a caer bien esta señora.

lunes, 21 de abril de 2008

Lola Montes en Cannes



Este miércoles sabremos la programación de las secciones oficiales de Cannes, pero ya hay noticias sobre otros eventos, como el estreno de la cuarta entrega de Indiana Jones en la gala de inauguración, y sobre todo, la proyección de una restaurada copia de Lola Montes, film testamentario y en deslumbrante scope y technicolor de Max Ophüls, director, como todo el mundo sabe, de los dos melodramas más hermosos de la historia del cine.
(N. del A. para Miguel Castro: me refiero a Carta de una desconocida y Madame de...).

Vida de un ayudante de producció (3)

Me he cogido dos días libres, el lunes y el martes. Se lo comento a la Bernal por teléfono (no vino ni el jueves ni el viernes). Me dice que cómo no se lo digo antes, y que pratico la política de los hechos consumados, y que le he hecho la puñeta. La razón: que ella también se iba a coger el martes libre.

sábado, 19 de abril de 2008

Walseriana (3)

El ayudante de producción se levanta temprano por la mañana y se dirige al salón para ver la hora en un reloj que alguien le regaló por su boda. Tiene los números romanos y las agujas floreadas. Es bastante feo, pero se ha acostumbrado a él. Encima de la mesa negra que hay en medio del salón, y que está desplazada hacia una de las paredes, ve una botella de leche casi terminada. Es una botella de plástico de las que hay que guardar en el frigorífico. El ayudante recuerda que su hijo le prometió la noche anterior que guardaría la botella, y se fija en que la botella es cuadrada. Piensa que antes las botellas de leche, ya fueran de plástico o de cristal, eran redondas, la forma adecuada para que la mano agarre una cosa. Pero piensa que, al igual que muchos otros productos, los hacen de esa forma y ese tamaño para que se almacenen más fácilmente en el frigorífico. Que acertar o fracasar con una forma adecuada, o con los cierres de los tetrabricks, puede suponer un incremento o disminución de ventas notable. Y también los comerciantes presionarán para meter el mayor número de productos en un expositor. Y habrá especialistas para conseguir botellas cuadradas que se adapten bien a la mano. Como la casa del ayudante de producción es bastante pequeña, a estas alturas ya ha guardado la botella en el frigorífico y se olvida de ella.

viernes, 18 de abril de 2008

Otra vida de una ayudante de producción


La audiencia de Balas de Plata de anoche ha sido de 10,6%, seis puntos menos de share que el primer programa. Si esto sigue así, no lesauguro más de los 13 programas firmados en un inicio.


Hoy el conductor de la ruta ha sido conductora, una gratificante variación. Como nota curiosa, llevaba acoplado en el primer asiento a un compañero a modo de apuntador que le desgranaba meticulosamente la ruta. Eso no sucede cuando el que sustituye al conductor es otro conductor del género masculino. No he tenido más remedio que concluir que a las mujeres, cuando nos encontramos en puestos insólitos a nuestra condición, nos tratan con una deferencia (esa deferencia un poco ofensiva, como cuando alguien le explica algo a un niño cortito); que en este caso redunda en el buen servicio a los usuarios, que no tenemos que gesticular como posesos cuando el autobús hace amago de saltarse la parada. En esta sociedad se supone que el hombre ha de abrirse paso a codazos, sin preguntar, porque es autosuficiente y no necesita a nadie (como ejemplo preclaro, ese conductor sin guía ni explicaciones previas -pa qué- dando frenazos cuando los usuarios le advertimos a gritopelao: "¡eeehhh que aquí hay parada!". "¡Claro, como no me lo dicen atiempo!"). En cambio a las mujeres nos llevan de la mano como si fuéramos un poco tontitas, y los avispaos de cada "bando" se aprovechan de las supuestas ventajas de ambos roles. Y así nos va atodos/as.


En fin, es que se me han mezclado esta mañana en la cabeza, con los restos de sueño, la nueva conductora y las dos aspirantes a putas de lujo que se desgañitaban en el fragmento de OT que tuve ocasión de ver ayer en Youtube. Distintos modelos de mujer, pero la misma condescendencia siempre ahí, bajo la superficie.


Para ponerle una sonrisa al día tan nublado, una foto de mi sobrino en su plenitud de los cuatro meses de vida. Espero que sus padres le críen, dentro de lo posible, en un sano desprejuicio de los roles de género.

Ventajas de viajar en tren, de Antonio Orejudo



En la enrtrevista con Antonio Orejudo que Quimera publica en el número de este mes, el escritor declara que la literatura "es un oficio artesano, un trabajo manual como otro cualquiera. Un escritor, incluso aquel que se disfraza de intelectual o de maldito, es un eslabón más en la bien engrasada industria del entretenimiento." Antonio Orejudo se dio a conocer con Fabulosas narraciones por historias, un voluminoso libro que publicó en Lengua de Trapo (y que no he leído), y su siguiente título fue esta novela corta que ayer me leí de un tirón. Consta de varios relatos aunados por un leve hilo argumental (una mujer que vuelve de ingresar a su marido en un manicomio escucha un relato completamente delirante de otro viajero, que porta una carpeta donde descansan los relatos, igualmente delirantes, que componen buena parte del libro), y el referente más claro que se me vino a la cabeza fue Si una noche de invierno un viajero... de Italo Calvino. La reflexión irónica sobre el hecho de narrar y los postulados teóricos que analizan la literatura es típicamente moderna (la protagonista es una ex-estudiante de literatura casada con un afamado escritor); es en la elección del contenido de los relatos donde se puede adscribir este texto a la postmodernidad: Orejudo hace del horror contemporáneo el objeto de su pitorreo. Así asistimos a espeluznentes descripciones de vídeos snuff o degradaciones sexuales narradas en clave de comedia, ya sea por el tono empleado, o por el carácter claramente alucinatorio de la enunciación. A su vez, la mezcla de registros (desde lo escatológico a la reflexión metafísica o la cita culta) apunta a una desestructuración de la jerarquía canónica que enlaza con la idea de la literatura que el escritor manifiesta en la citada entrevista. Lo curioso es que para nada se transmite la impresión de cinismo o todo vale. El estilo y la estructura están bastante trabajadas, y se ve que Orejudo se toma en serio su trabajo. Nos hallaríamos, así, ante una especie de divertimento manierista metanarrativo, en el que el material que se recicla tira más a la literatura popular (sobre todo en su versión de narración paranoica a lo Philip K. Dick) que a la alta cultura, de la que, por otra parte, no se prescinde.

jueves, 17 de abril de 2008

Walseriana (2)

El ayudante de producción se ha resfriado haciendo un programa, tal vez por culpa de las corrientes que acechan en Prado. Por la mañana, en el Metro, siente ganas de toser, pero el vagón está tan lleno que le parece un gesto agresivo. Al final no le queda más remedio que estornudar hacia la revista que está leyendo, en concreto una entrevista a un autor español que compara el arte literario con las artes marciales o el arte de la pesca. Otro escritor escribe contra las bibliotecas pobladas. El ayudante de producción sigue tosiendo, y cree que sus vecinos se ponen cada vez más nerviosos. El tren se para entre estaciones, como es habitual. Al ayudante le gusta contar, durante esas paradas, cuanta gente va con auriculares puestos, y cuantas personas están leyendo. Pero en esta ocasión no levanta la mirada de la revista, porque teme encontrarse con la mirada acusadora de los viajeros que le rodean. Cree que debería bajarse en una estación, y coger otro tren, porque así cree que hay menos posibilidades de que sus compañeros de vagón se contagien. Al final, después de intentar aguantar las ganas de toser, un gran estornudo termina con sus molestias. Cuando cambia de tren, la tos no es más que un recuerdo. Entonces, sentado, se da cuenta que todas las personas que ven en el asiento de enfrente son mujeres. Y recuerda que todos sus jefes inmediatos son mujeres. Mira para los lados, buscando algún hombre en el tren. Y se siente aliviado al descubrir a varios.

Vida de un ayudante de producción (2)

El Día en que visité el Bernabéu
Con motivo de la producción de uno de los programas más absurdos que se han hecho en la tele, Tengo una pregunta para Luis Aragonés, lo que entronizaba al entrenador de la selección española como un personaje a la altura de los representantes políticos (aunque ya Núñez, cuando era presidente del Barcelona, exigió un status protocolario oficial, que al parecer Laporta ha conseguido de facto) tuve que acercarme por el Bernabéu a comprar 60 camisetas de la selección española para regalársela a los preguntadores del programa, que por ignotas razones reciben el nombre de panelistas. Hay que decir que la tienda oficial del Real Madrid, lejos de ser un pequeño local encajado en alguna esquina del campo (como yo pensaba que sería), es un macro centro que, por lo visto allí, concita visitas entusiastas de todo tipo de turistas (mi interlocutor me contó que era el Museo más visitado de Madrid-no sé si en serio- y que era la tienda modelo de Adidas en España, de lejos la de mayor facturación, cosa que no me extrañçó vista la cola que tuve que hacer y los precios de los productos). El importe de las camisetas se aproximó al medio millón de pesetas, y eso teniendo en cuenta que se nos facilitaron con un importante descuento. Tuve que sacar un anticipo a cuenta deprisa y corriendo, porque además había que serigrafiarlas con el logo de TVE. No contento con esta visita, me tocó regresar al día siguiente a por cuatro más, puesto que a alguien se le había pasado que, aparte los 60 panelistas, había también cuatro reservas, que también tenían derecho a su camiseta, aunque en este caso habrán de conformarse con una sin el logo de la tele.

Walseriana (1)

El ayudante de producción sale de su casa para coger el metro como cada día. Hay varios itinerarios para alcanzar la estación, y hoy elige el que pasa por el campo de fútbol donde a menudo se juegan partidos, pero a estas horas está vacío. El ayudante de producción se ha sentado alguna vez en las gradas de piedra, pero pierde siempre el interés en seguida, y siempre le cuesta decidir a quién tiene que apoyar en el campo. El ayudante de producción recuerda un día que fue con su hijo pequeño para que se inscribiera en un equipo de fútbol. Le hicieron unas cuantas preguntas, y el hijo pequeño parecía ilusionado, pero después dijo que no quería ir a entrenarse. El cielo es azul brillante, como suele ser cuando está nublado, y el ayudante de producción sería feliz si no fuera porque nota un pinchazo en el dedo gordo del pie derecho. La molestia es soportable, pero sentirla todo el día le parece que le hará perder los nervios, así que decide sentarse en un banco y quitarse el zapato. Pero los bancos parecen mojados porque ha debido de llover por la noche. El ayudante de producción tiene que elegir entre sentarse en un banco mojado o aguantar con el pinchazo hasta que llegue a un sitio donde pueda quitarse el zapato sin que nadie se sienta molesto. Finalmente se sienta, y el banco no está mojado en absoluto. Una mujer llama a su perro imperiosamente, que parece interesado en la maniobra del zapato. Lo que molesta es un trozo de uña. El ayudante se pregunta como habrá acabado la uña en el zapato, pero tiene que seguir andando para llegar al metro. En cuanto cruza la calle se olvida de su pequeña aventura.

domingo, 13 de abril de 2008

La ofensa, de Ricardo Menéndez


Encontré una entrevista con este escritor gijonés para mí completamente desconocido en un ejemplar de Quimera de no hace muchos meses. La revista suele venir con una colección de nombres que no me suenan de nada, y que una vez cerrada vuelven a sumergirse en el olvido, pero quiso la casualidad que ese mismo día visitara la biblioteca de mi barrio, y descubriera que había un ejemplar de este relato; y aunque no lo cogí en ese momento algún jirón de deseo se me debió de quedar colgando porque hace un mes acerté a pasar por frente a la balda donde descansaba plácidamente, y me lo llevé a casa, y hoy que prometía ser un domingo perezoso me lo he leído de dos sentadas. El libro transcurre durante la Segunda Guerra Mundial, y el protagonista es un joven sastre alemás que es llamado a filas. La narración se conforma como un relato de iniciación típicamente contemporáneo, o sea, que a lo que se inicia Kurt es al horror y al sinsentido.

"comprendió que el asombro, al fin y al cabo, es una categoría de lo cotidiano, y que sólo hay un dios, el azar, y que sólo existe una religión, la casualidad, y que cualquier otra interpretación de la vida y de sus accidentes no sólo está abocada al fracaso, sino que condena a la más absoluta ceguera."

Escrito con un estilo depurado en el que a veces se le va la mano al escritor, incapaz de renunciar a alguna metáfora brillante, el libro se divide en tres partes: en la primera el soldado asiste a una matanza de civiles como fría represalia por un ataque de la resistencia francesa, ejecutada por su mentor militar (esa emblemática figura moderna del padre demoníaco), en la segunda reposa en un casi paradisíaco -y explícitamente atemporal- sanatorio, escoltado por un médico bondadoso (y por lo tanto incapaz de enfrentarse al horror cuando este se manifieste al final del capítulo, en forma invertida, cuando un grupo de partisanos asesina a sangre fría a los convalecientes alemanes) y, sobre todo, por una figura angelical, una enfermera con la que vive una historia de amor que parece portar la semilla de una redención. En la tercera, vemos a la pareja en Londres en la inmediata posguerra. Kurt trabaja custodiando un cementerio. En el mismo momento en que su novia le anuncia que está (casi inverosímilmente) embarazada, emergen unos espectros siniestros que lo arrastran a una aventura explícitamente orínica, en la que vuelve la parte más oscura de su pasado. No voy a contar el final, aunque no hace falta estrujarse el cerebro para saber como acaba el libro, vista la (discutible) cita del mismo que he copiado. En cualquier caso, este interesantísimo libro me anima a leer más de este autor.

lunes, 7 de abril de 2008

Regreso a Normandía




El éxito mundial de Ser y tener ha posibilitado que se estrene en España el siguiente trabajo de Nicolas Philibert, Regreso a Normandía, de la mano de la misma distribuidora, Karma, especializada en documentales. Por lo visto el sábado pasado en los Renoir de Plaza de España, esta cinta no va a tener ni de lejos la repercusión de la anterior, lo que es una pena, porque estamos ante uno de los mejores films del año. Como es sabido, Philibert trabajó como ayudante de René Allio en la apasionante aventura de adaptar el libro que Foucault publicó a partir de un truculento caso acaecido en la primera mitad del XIC en la rural Normandía: un joven, Pierre Riviere, asesina a su madre y a su hermano y su hermana. El acusado escribió un texto explicando su acción cuando ya estaba detenido, y es esa voz la que articula la película (extraordinaria) de Allio. Uno de los hilos conductores de la película es precisamente la escritura: vemos notas de Allio, nnotas de Foucault, pero lo que sorprende por su belleza inesperada es la hermosísima caligrafía del propio Riviere. La película gira en torno a la memoria y su conservación: el texto recobrado del asesino, la abadía donde se conservan los archivos de numerosos escritores, los testimonios de los actores no profesionales que participaron en la película. Es una pena que no se haya hecho como en Francia, donde el documental que nos ocupa ha permitido el reestreno del Pierre Riviere, que en madrid la Filmoteca pasó hace pocos meses, aunque tal vez ahora hubiera sido el momento ideal, puesto que algunas imágenes necesitan el eco de la película original: el detenimiento en la mecanización de las tareas campestres de Philibert sólo se entienden adecuadamente en contraposición a la sorprendente aurenticidad que transmitía Allio en su filmación del trabajo en el campo normando hace dos siglos. El pequeño suspense que se monta acerca del actor que interpretaba a Pierre Riviere sólo engancha si uno conoce la impresionante encarnación de un personaje que llevaba a cabo el actor (y da lugar a una curiosa sorpresa). Philibert demuestra su maestría en la suavidad y fluidez que le permite cambiar de registro y temática sin que parezca que en ningún momento abandone su idea original (¿pero cuál es ésta?¿Un homenaje a Allio?¿Un testimonio de la manera de hacer cine en los setenta?¿Otro retrato de la Francia rural, como Ser y tener?¿Una reflexión entre la relación entre lo imaginario y lo real?).

domingo, 6 de abril de 2008

Ciudadano Kane en el Bellas Artes




En uno de esos ciclos que organiza el Círculo de Bellas Artes incluían Ciudadano Kane, que hace treinta años encabezaba todas las listas que se hacían acerca de las mejores películas de la historia del cine, a pachas con Ordet y El acorazado Potemkin. Las tres han bajado en el ranking bastantes puestos, porque así son las modas, y ahora en el Olimpo señorean Vértigo y Centauros del desierto, junto con alguna importación japonesa (Ozu o Mizoguchi, salvo que algún exquisito meta a Naruse, por ejemplo). Hace poco me vi Ordet y El acorazado, y siguen siendo muy buenas y apasionantes, y hasta cierto encono de nuestra época hacia la alta cultura les ha venido bien para redescubrirlas con nuevos ojos (Dreyer como uno de los directores más carnales y eróticos de la historia, Eisenstein como el gran voyeur del cuerpo masculino, ambos como los grandes testimonios de la imposibilidad del goce femenino); y como hacía siglos que no me veía la famosísima peli de Orson Welles decidí ver qué tal aguantaqba, y de paso me llevé a mis hijos mayores, para ver como la recibían ellos, que no tienen ninguna noción del canon fílmico. Algo me decía que me aburriría, o al menos me decepcionaría. Pues bien, a pesar de la pésima copia proyectada, Ciudadano Kane sigue siendo una estupenda película, en la que los elementos más llamativos no molestan (el uso de angulares, los soberbios movimientos de cámara-hay que ver que maravillosos maquinistas tenía que haber en aquella época en Hollywood-), y de repente emergen aspectos a los que no se había prestado atención, lo bien escritas e interpretadas que están muchas secuencias (la escena en que se reúnen Kane, su mujer, su amante y su rival político en un apartamento es extraordinaria). Uno recordaba la puesta en escena más megalómana, y aunque es cierto que hay una ruptura con lo que era el estilo clásico de la época (por ejemplo, en la autonomía de la cámara con respecto el devenir narrativo, algo que sería marca de la casa de la modernidad cinematográfica), la densidad narrativa hace que el estilo visual no fagocite la película, algo que sí ocurriría en posteriores películas de Welles.

Sobre la gestación de esta película se ha escrito muchísimo, y apreciar muchas de sus novedades requiere una labor arqueológica sólo para eruditos (a mis hijos no les llama la atención para nada que se vean los techos de los decorados, o la profundidad de campo, o ciertos trucos visuales de los que les encanta hablar a los profesores de las universidades). Pero es obvio que quien se lo pasó pipa fue Gregg Toland, el reputadísimo director de fotografía que participó encantado en esta aventura. En los títulos de crédito aparece al mismo nivel que el propio Welles, y mucho del film es obvio que se le debe a él y a la estética expresionista con fuertes contrastes que reina en el film, plena de significación (un ejemplo: cuando Kane redacta el manifiesto ético para el periódico, su rostro se encuentra a contraluz, en la oscuridad, mientras sus dos compañeros tienen las caras iluminadas, lo que da un tono inquietante y ambiguo al pronunciamiento).
Hay que volver siempre a los textos! Corremos el peligro de dar por sabidas las obras más prestigiosas. La semana que viene, en el mismo Bellas Artes, ponen Centauros del desierto. Esperemos que esta vez se traigan una copia en condiciones.

sábado, 5 de abril de 2008

Vida de un ayudante de producción (1)

Premios de la Música en Valladolid

Carmen me dijo que si me iba a hacer una gala a Valladolid archirrequetefacilísima: ni sonido ni iluminación, soltábamos la unidad móvil en un muelle da carga donde cabía un portaviones, enchufábamos los cables de cámara a un patch que estaba a dos pasos (el ultramoderno auditorio Miguel Delibes ya estaba cableado por dentro en previsión de estas cosas) y nos entregábamos al ocio y la molicie una semana. Ya hubo voces que se mostraron extañadas de mi confianza en tan idílico panorama. el primer problema que nos encontramos es que la situación de las UUMM no podía ser la prevista, porque se había retrasado el viaje de nuestra unidad y ya se había colado la de sonido (que era de otra empresa). Un tal Pachi, director de producción de la empresa que organizaba el evnto, se empeñaba con mil excusas en que las UUMM se quedaran fuera del muelle, y así estuvimos en una negociación que duró un rato, y que sirvión para que Jefe Técnico, Pedro Rico, estuviera de morros toda la retransmisión. A partir de ahí las cosas se bifurcaron. Aunque no había demasiados problemas, la sensación es que había una guerra sorda entre el equipo de TVE y el de la productora. Abundaban pequeños desplantes, irritantes llamadas de atención (siempre molestaban nuestros cables), hasta que alguien cortó el nudo gordiano: Ambrosio es una persona de montaje de toda la vida, con aspecto de tener la fuerza de un toro; a este trabajador se le ocurrió acercársele un tal Mayús, del que la definición más benevolente que se oyó es que se trataba de una loca histérica y maleducada, dándole toquecitos en la espalda y diciéndole que había un cable mal tirado. Ambrosio le dijo que era un gilipollas, y al otro no se le ocurrió otra cosa que decirle con voz aflautada que qué vocabulario era ése, tal vez el momento de su vida en que ésta ha corrido más peligro. Nuestro paladín dijo que le iba a dar una hostia, y cualquiera que haya visto mosqueado a Ambrosio puede hacerse una idea del terror que acometió al Mayús, del que no se volvió a saber nada en los días que restaban.