martes, 27 de agosto de 2013

Programa doble para final del verano




Si bien el cine de Capra y el de Tarkovsky están alejadísimos en todos los aspectos, empezando por el hecho de que las películas del primero están pobladas de héroes activos sustentados por el deseo de una mujer, mientras que en las del segundo sólo hay empanaos que lidian con mujeres atrapadas en espirales melancólicas, el ver ¡Qué bello es vivir!/It's a wonderful life a continuación de Solaris depara un shock considerable: ¿cuál es una de las imágenes emblemáticas del cineasta ruso? Ese interior extremadamente deteriorado en el que cae lluvia a mansalva (aunque a menudo sus habitantes no se enteren, bien porque las goteras fueran muy abundantes en la URSS, bien porque los protagonistas tarkovskianos suelen estar locos, aunque sea de una manera muy arty, y esas nimiedades no les importan). 
Pues nada, podemos afirmar sin lugar a dudas que Andrei le robó la idea a Frank: cuando James Stewart se acerca a la dirección donde su mujer le ha citado para pasar su luna de miel, para estupor del personaje y del espectador, el protagonista se adentra en un universo absolutamente tarkovskiano, un caserón medio derruido en cuyo interior llueve torrencialmente y donde todo está a punto de derrumbarse, si bien la extrañeza queda rápidamente evacuada merced a un deslumbrante: primer plano del rostro de Donna Reed, resplandeciente en su deseo. A partir de ahí ese espacio doméstico sigue un proceso opuesto al habitual en Tarkovsky: aunque el posible retorno de la ruina esté siempre presente, la casa irá progresivamente haciéndose más y más habitable. Y ¿cuál es la energía que mantiene esa casa? No hay duda: ¡El goce de la mujer! Que es un elemento marcadamente ausente en todas las pelis de Tarkovsky, que así no hay casa (ni relato) que se mantenga en pie.

jueves, 22 de agosto de 2013

La medicina como enfermedad

Abbas parece haberse tomado una temporada sabática y el blog está mortecino y desnortado por la falta de su luz y guía. En espera de su resplandeciente regreso, voy a inaugurar este último tramo veraniego con una entrevista que he encontrado gracias a la web de Los libros del lince. No es de cine pero... en ausencia de libro de estilo, me permito sacar un tema que me resulta de lo más interesante.



"El mayor peligro de infarto es la pobreza"
Juan Gérvas, médico ortodoxo contra los excesos de la medicina ortodoxa, acaba de publicar el polémico libro Sano y salvo (y libre de intervenciones médicas innecesarias).

Matías Vallés Juan Gérvas (Badajoz, 1948) se licenció –con 22 matrículas de honor– y doctoró en Medicina, cuyo ejercicio ha compaginado con la enseñanza en media docena de universidades y con la redacción de 300 artículos científicos. Acaba de publicar el polémico libro Sano y salvo (y libre de intervenciones médicas innecesarias), escrito con su esposa Mercedes Pérez Fernández, también médico.

–Para que se haga cargo del tipo de entrevista: ¿Los enfermos trabajan para los laboratorios farmacéuticos?
–No, pero el equilibrio entre quienes no mueren gracias a los laboratorios empieza a verse compensado por quienes mueren a consecuencia de los medicamentos, que son cada vez más. La codicia ha roto el consenso tácito entre el paciente y la industria farmacéutica, hoy peor valorada que las tabaqueras.

–¿La medicina actual crea enfermos?
–Sí, por ejemplo cuando el suplemento de un periódico hablaba el domingo del "envejecimiento como enfermedad". Supone una crueldad, porque envejecer es salud, un estado gozoso de quienes pueden alcanzarlo gracias al esfuerzo social.

–En su libro: "No se mida el colesterol, ¡sea feliz!".
–No hay que medirse el colesterol nunca, salvo en caso de problemas en las coronarias. Los chequeos médicos son perjudiciales y obedecen a intereses comerciales. Cinco TAC equivalen a la radiación de la bomba de Hiroshima, imagine los que se chequean anualmente. Por si acaso va a morir usted mañana, sea feliz hoy.

–¿Dos médicos ortodoxos contra la medicina ortodoxa?
–Contra sus excesos, recordando que hay una colusión o confluencia de intereses con personas que esperan no morir y ser siempre jóvenes. El que juega a los trileros, tiene expectativas infundadas. Y no sólo vende mierda la industria farmacéutica, también la de alimentos.

–¿Angelina Jolie es una heroína por amputarse los pechos?
–No. Como persona es intocable, nadie puede discutir su decisión. Como ejemplo es nefasta, una víctima de la industria quirúrgica –dio el nombre del centro donde se había operado– y genética, cuyas acciones subieron tras el anuncio.

–Se han contabilizado 200 factores de riesgo de infarto, roncar incluido.
–Un factor de riesgo es una asociación estadística, no una condición necesaria ni suficiente. El mayor peligro de infarto es la pobreza. El segundo es el tabaco, y son los pobres quienes fuman. Si quiere disminuir la probabilidad de enfermar, conviértase en rico, pero eso no está en la seguridad social.

–¿Cómo sabe Michael Douglas que contrajo su cáncer por la práctica del sexo oral?
–Es una vergüenza dolorosísima, un insulto. Sólo un mínimo de cánceres orofaríngeos guardan relación con el virus del papiloma humano. De nuevo, la población de riesgo son pobres, fumadores y alcohólicos. Sucede que para los médicos tienen más interés los culos de los ricos que la boca de los pobres.

–¿Los afortunados que tienen el sexo oral a su alcance pueden seguir practicándolo?
–Claro, practique el sexo oral y disfrute. En pareja de distinto sexo, del mismo sexo o en grupo. Recuerde que es gratis, que se puede repetir y que siempre da placer.

–Su libro concede gran importancia al sexo.
–Porque considero que hay especialidades médicas que persiguen el sexo con más rigor que la religión durante la Edad Media. Es una parte importante de la vida, que gusta en la juventud y a los ochenta años, aunque se cambie de la cantidad a la calidad.

–Hay millones de personas vivas gracias a la medicina agresiva que usted critica.
–Hay millones de personas que se creen vivas gracias a la medicina agresiva. En Estados Unidos, más de un millón de mujeres piensan que han sobrevivido a un cáncer de mama que nunca las hubiera matado. Lo mismo sucede con más de la mitad de los tumores de próstata. ¿Han sobrevivido al cáncer? No, han sobrevivido al médico.

–Con estas tesis, sus colegas deben verlo como el Doctor Yayoflauta.
–Formo parte de una red mundial que lleva medio siglo trabajando en estos asuntos, y a la que se incorpora cada vez más gente joven. La mayoría de mis compañeros me adoran, salvo algún radiólogo o ginecólogo. No hay hostilidad, porque digo lo que otros no se atreven, rompo con el statu quo.

–¿Nos hemos vuelto locos?
–Ha disminuido la tolerancia a la variación mental, que se ha transformado en enfermedad. Todos tenemos días en que nos comeríamos el mundo y otros en los que querríamos desaparecer, no podemos homogeneizar.

–Niños atiborrados de fármacos.
–Se quiere medicalizar el fracaso escolar para quitarse las responsabilidad de encima.

–¿El miedo disminuye la esperanza de vida?
–Si tienes una actitud optimista, vives ocho años más. No podemos destruir nuestras vidas a la espera de que se resuelva el tremendo momento económico que atravesamos. No voy a dejar de follar porque haya crisis.

martes, 16 de julio de 2013

Humor de antes de la guerra


José Santugini Parada (Toledo, 12 de septiembre de 1903 – Madrid, 1 de abril de 1958) es uno de los humoristas menos conocidos de la generación que surgió de las páginas de la revista Buen Humor. Fue director de cine y de teatro, aunque quizá sea más conocido como guionista de cine por sus trabajos en colaboración con Ladislao Vajda y con Edgar Neville en La torre de los siete jorobados.

Por sus relatos campan orquestas caníbales, trepadores de fachadas, mujeres extraordinarias y actores extras, fantasmas residentes, almas de tamaño descomunal, magos de la caracterización y otros singulares personajes. Su prosa ligera (que no frívola) apareció en las primeras décadas del siglo XX en revistas de entonces, como Buen Humor, Blanco y Negro o Cinegramas.

Nunca antes estos textos habían saltado de las páginas de aquellas revistas a las de un libro, gracias a los esforzados visionarios de la editorial Pepitas de Calabaza. Santugini es, en la actualidad, un escritor prácticamente desconocido, aunque los historiadores del cine lo puedan recordar como guionista. De buen humor nos muestra a un escritor que posee un humor fino, muy moderno y nada costumbrista. Un soplo de aire limpio, y una muestra de aquella frescura literaria que resultó arrasada tras el levantamiento militar y el consecuente hundimiento vital e intelectual que la Guerra Civil trajo consigo.

lunes, 17 de junio de 2013

El (futuro) Conrad del castellano



El Cervantes organiza un concurso de cuentos entre todos los estudiantes de todos sus centros que está ya en su fase final: los tres finalistas están colgados en la página web y, una vez pinchados todos (lo que indica que te los has leído), se te abre una pestaña para que puedas votar. Los tres cuentos son de palos muy diferentes, así que es fácil elegir según los gustos de cada cual (hay que darse prisa, el plazo termina este sábado)

viernes, 14 de junio de 2013

Diarios solitarios



Un tedio que incluye la anticipación de más tedio todavía: la pena de sentir mañana pena por haber sentido pena hoy -grandes marañas sin utilidad ni verdad, grandes marañas...



Pienso que mi experiencia actual no es nada, y que mi experiencia pasada lo es todo. Ninguna experiencia que pueda tener hoy es comparable a la experiencia de mi niñez. Y no sólo es esto cierto, sino que, hasta donde puedo recordar, he referido siempre mis experiencias, de modo inconsciente, a un estado de existencia previo. Mi vida era éxtasis. En la juventud, antes de que perdiera mis sentidos, recuerdo que estaba vivo y habitaba mi cuerpo con satisfacción inexplicable; tanto su cansancio como su frescura me eran dulces. Recuerdo como me asombraba. Buscaba en los libros experiencias parecidas y, es extraño decirlo, no encontraba ninguna. Incluso con toda la ciencia del mundo, ¿es posible decir cuándo y cómo entra la luz en el alma?

domingo, 9 de junio de 2013

Campanas y sexo



Hay en Dogville tantas inversiones especulares respecto a El hombre tranquilo que la cosa no puede ser casual. En ambas películas un extraño llega a una comunidad rural, pero mientras que en el film de Ford es un hombre que regresa a su pueblo natal arrastrado por la voz materna, en el de Von Triers es una mujer la que aterriza en un poblacho desconocido huyendo del castigo del padre. Si en Innisfree hay dos sacerdotes (uno católico y otro anglicano), en Dogville andan a la espera de que alguna autoridad eclesiástica venga a hacerse cargo de una iglesia todavía por construir, por no hablar de los abundantes figuras patriarcales que pueblan el universo fordiano y que en el danés se convierten en piltrafa. En cualquier caso la experiencia de los dos forasteros viene a ser la misma, la del encuentro con el sexo, si bien la trayectoria será (también) diametralmente opuesta. Sean Thorton participa de la tarea del héroe clásico: deberá vencer al dragón (en este caso, el hermano de Mary Kate Danaher) para demostrar que está capacitado para afrontar lo Real del cuerpo femenino. Grace tiene bastante más mala suerte, porque su pretendiente resulta ser un aspirante a escritor, y ya se sabe que las figuras de escritores y cineastas en el cine contemporáneo corresponden a cantamañanas absolutos que suelen dejar a las mujeres al borde de la locura o inmersas en la psicosis más arrasadora. Aquí Tom Edison no sólo es incapaz de escribir una frase articulada sino que no puede evitar que todo el pueblo utilice a Grace como esclava sexual (incluido su padre).



En este contexto aparecen las campanas en ambos filmes. Como es sabido, las campanas servían para marcar en las comunidades tradicionales lo que podríamos llamar el tiempo sagrado. En El hombre tranquilo se oyen en el momento en que comienza el noviazgo "oficial" de Sean y Mary Kate a la vista de todo el pueblo, se diría que tocadas por el mismo texto, ya que toda la población parece estar concentrada en la puerta de la casa de la novia. En Dogville asistimos a una brutal (y sin embargo irrisoria) inversión de esta función: allí los niños tocan la campana cuando algún hombre se acerca a la cabaña de Grace para violarla. Sin ningún rito mediador, la campana anuncia directamente a la comunidad el encuentro sexual, devenido siniestro estupro. Excluida del goce fálico mediado simbólicamente, a Grace le queda la típica salida de las heroínas contemporáneas: pasar el rato dividida entre su papel de víctima humillada y el de diosa aniquiladora.

sábado, 8 de junio de 2013

La obra maestra desconocida



En algunas listas muy cool apareció La morte rouge como una de las mejores películas de la pasada década. Para el muy improbable caso de que algún lector de este blog la desconozca, aclararé que La morte rouge es un mediometraje de Erice fruto de un encargo del CCCB y La casa encendida enmarcado en el proyecto Correspondencias (los mini-dvs que Kiarostami y Erice se enviaron durante unos años, si es que han dejado de hacerlo) en el que el director español habla de su encuentro fundacional con una pantalla de cine, que fue en el Kursaal donostiarra el día que se proyectaba La garra escarlata, una especie de tv movie con Sherlock Holmes y el Dr. Watson de protagonistas, de cuando todavía no existía la televisión (no hace falta decir que una de esas listas era la mía, que siempre mola citar pelis que sabes que casi a nadie ha visto, porque hasta que se editó hace un par de años en dvd La morte rouge sólo había sido accesible para los que se habían acercado a ver la citada exposición).



Tengo la impresión de que a Erice le ofrecieron realizar uno de los fragmentos de Chacun son cinema y que rehusó por lo que fuera (que no le dieran dos años para rodar, que tuviera que durar sólo cinco minutos), pero que la idea germinó en los casi 40 minutos hipnóticos que dura este (así subtitulado) soliloquio en el que  desgrana el descubrimiento de la muerte y de la radical otreidad del mundo de los adultos que se le aperecieron como una revelación en una sala de cine. La morte rouge funciona también como un genial prólogo (o comentario) a El espíritu de la colmena en el que se desarrollan las razones biográficas que le llevan a asociar la imagen cinematográfica con un signo de marcado sesgo siniestro que representa la pérdida del paraíso encarnada en la irrupción de la violencia y la muerte.



El dvd incluye el corto Alumbramiento, la aportación de Erice al largometraje colectivo Ten minutes older, pero desgraciadamente no se les ha ocurrido añadir La garra escarlata (en su lugar hay una larga entrevista que podrían haber añadido en un folleto), que para mi sorpresa y alegría sí está en Filmin. Llena de efectos expresionistas de ilumiación, no es de extrañar que pusiera los pelos de punta a un niño de cinco años que iba por primera vez al cine, pero para un adulto lo que llama la atención es que la solución del enigma resulta evidente para quién conozca un relato de Chesterton que tiene por culpable a un ... (bueno, no lo voy a contar), pero es que ese relato aparece en mitad de la película citado ... ¡por Watson! (¡Lector de Chesterton!) que acaba señalando al asesino real, aunque él no lo sepa. Resulta curioso el status que ya tenía Sherlock Holmes en los años cuarenta: amo absoluto de la ficción, en todos los espacios en que se mueve es obedecido sin rechistar, mientras que hace uso de teléfonos y cualquier aparato sin que se tome la molestia de pedir permiso, como si fuera consciente de que el ámbito ficción era su reino. 

miércoles, 5 de junio de 2013

The imposter



"There are two sides of every lie". Esta es la frase promocional de The imposter, un documental que mezcla realidad y ficción (o mejor dicho, que utiliza la realidad como amalgama de una historia de ficción) para construir un excepcional thriller de intriga.

La historia comienza con la desaparición de Nicholas Barclay, un niño de Texas de 13 años. Tres años y medio después se reciben noticias asombrosas sobre el caso: el niño ha sido hallado a miles de kilómetros, en España, y dice que ha sobrevivido a un calvario de secuestro y torturas.
Su familia está encantada de tenerlo de vuelta a pesar de lo extraño de la situación. Aunque le aceptan, las dudas de personas ajenas a la familia comienzan a rodear a la persona que dice ser Nicholas. ¿Cómo es posible que el hijo rubio y de ojos azules de los Barclay haya vuelto con la piel y los ojos más oscuros? ¿Cómo pueden haber cambiado de una forma tan profunda su personalidad y hasta su acento? ¿Por qué la familia no parece notar unas diferencias tan manifiestas? Y si este chico no es el niño desaparecido de los Barclay... ¿quién es? ¿Y qué le pasó en realidad a Nicholas?

El director Bart Layton ha dosificado con gran maestría datos policiales y periodísticos en su construcción de este perturbador puzzle. Su mayor logro es haber conseguido que el espectador no pueda identificarse, no pueda etiquetar a los personajes y clasificarlos en el cómodo binomio malos/buenos. Pasas la película enganchado a su ritmo y debatiéndote entre las distintas versiones, hasta concluir que todos mienten, o que quizá todos dicen la verdad, SU verdad, y la creen tan a pies juntillas que la hacen realidad delante de los ojos del espectador.

No voy a desvelar toda la intriga de la trama; basta con reproducir una declaración del director:
"Me preguntaba si tal vez El impostor no fuera la historia, sino el conducto hacia una historia mucho más interesante sobre el engaño y el autoengaño y sobre la habilidad de la gente para construir sus propias verdades (...) Como director la pregunta era cómo contar una historia en la que la verdad es tan difícil de encontrar. Mi solución fue intentar llevar a los espectadores a un viaje con tantos giros y vueltas como las que experimentamos nosotros haciendo la película, embarcándoles en el viaje de cada personaje junto a ellos, abrazando sus realidades subjetivas; un viaje en el que damos bandazos de una versión de la verdad a otra, desde la comprensión a la condena y vuelta otra vez (...) Mi idea era hacer virtud de las versiones contradictorias,  y visualizarlas en un estilo tan fuerte como la historia misma".

En definitiva, todos elegimos a sabiendas lo que queremos creer, y cerramos los ojos deliberadamente a lo que no queremos, no podemos, creer. Por tanto el ojo del espectador no es inocente, sino un cómplice más de la impostura.




sábado, 1 de junio de 2013

El imposible goce de Diana



Hay un momento curioso en Demonlover en el que asistimos al paso de la animación porno japonesa en formato tradicional al digital en 3D. El cambio no sólo se refiere a la textura y el realismo de la imagen. La última película de los viejos tiempos nos ofrece la típica (y desagradable) escena en la que varias adolescentes son sometidas sexualmente por un monstruo polifálico que las penetra de todas las maneras posibles. Pero cuando damos el salto tecnológico lo que nos encontramos es la imago fascinante de una diosa invencible que con su sable/falo va descuartizando a todos sus oponentes masculinos (imago que, por ejemplo, retomaría pocos años después Tarantino en una célebre secuencia de Kill Bill), una figura deslumbrantemente erótica que cautiva la mirada de Diana, la protagonista del film de Assayas que como su tocaya mitológica es fría y alérgica al sexo, aunque en su condición de mortal deberá confrontarse inevitablemente al goce de lo Real de su cuerpo. Por otro lado, no hay ningún suspense en esto: dado los textos que pueblan el mundo de Demonlover, el más articulado de los cuales no pasa de la pornografía violenta, es fácil adivinar que ese goce emergerá en sus variantes más siniestras imaginables, esto es, en forma de snuff movies, en las que Diana participará primero como espectadora fascinada (como, por otro lado, su alter ego/opositora, Karen) y después como protagonista.

Que yo recuerde, sólo un hogar aparece en la película, el de Volf, personaje paterno con bastante peso inicial pero que irá desapareciendo progresivamente según se vaya adueñando la locura de la narración. Tiene todas las características de las casas que le gusta sacar a Assayas, un salón acogedor y un jardín iluminado por el sol y con bastante vegetación. El resto son hoteles, aeropuertos, despachos, discotecas, restaurantes, espacios asépticos y difíciles de localizar, intercambiables en su impersonalidad, que irán deteriorándose según nos dirigimos hacia el final, en que irán convirtiéndose en sótanos y zulos anónimos, los espacios de la tortura y, a la vez, del goce de una mirada entregada a la pulsión aniquiladora, la otra cara de las apacibles urbanizaciones de los países desarrollados.

La ciudad de los delirios que se bifurcan



El personaje que abre Slacker y enuncia el primero de los demenciales monólogos que articulan la película está interpretado por el propio Linklater, que de buenas a primeras le suelta a un taxista inmutable (imaginamos que habituado al tipo de locura que aparentemente se extiende por Austin, retratada aquí como una de las ciudades más feas de la historia del cine) una teoría sobre los universos paralelos y la relación entre los sueños y la realidad, teoría a la que el director se ha mantenido bastante fiel a lo largo de su carrera, si bien el tono festivo que en Slacker tienen los delirios de sus personajes (es difícil decidir si seguimos a distintos protagonistas con variadas formas de psicosis, o nos damos un paseo por las paranoias massmediáticas contemporáneas alojadas en distintas encarnaciones) se bifurcará en su díptico animado, que incluye el lado siniestro de la locura (Scanner darkly) y la apología mística de la irracionalidad como vía de conocimiento (Waking life), sin olvidar que la trilogía "hegeliana" de la pareja Hawke/Delpy parece definir el amor como el arte de aguantar las mitomanías del otro. 

lunes, 27 de mayo de 2013

Palmarés

Pues como hacemos todos los que por aquí pasamos voy a hacer una valoración pe los premios, que se reduce a la impresión de que había una serie de pelis a premiar y hubo que repartir los galardones de alguna manera, así que es fácil imaginarse los descartes: ni Heli, ni Kore-Eda ni Jia Zhangke podían rascar bola en las interpretaciones, así que les cayeron Dirección, Jurado y Guión respectivamente, que para Escalante es un enorme espaldarazo y para los discípulos asiáticos de Ozu calderilla en su prestigiosa carrera. Bruce Dern/Nebraska se hizo con la interpretación masculina, lo que vista la enorme competencia en este campo se puede entender como un reconocimiento de la estupenda película de Payne, mientras que el anuncio del nombre de Berenice Bejo dejó helada la platea de la sala de prensa y estupefacta a la propia actriz, si bien a posteriori también se entendió como el premio que le tocó a la película, con considerable enfado de Farhadi, al que nada màs terminar la ceremonia nos cruzamos en la Croisette con un rebote de campeonato. Para el final quedaban los Coen y Adele, y se hizo justicia. La película de los hermanos no está mal pero está lejos de ser de las mejores en su carrera, y había tanta presión a favor de la de Kechiche que Spielberg habría sido ridiculizado hasta la exasperación si le hubiera dado lo espalda. Para justificar que el nombre de Adele no figurara junto al de mejor interpretación femenina el presidente del jurado mencionó el nombre de las actrices como co-ganadoras de la Palma de Oro, una decisión muy ovacionada.

domingo, 26 de mayo de 2013

Quiniela

Aquí todos contemplamos dos escenarios posibles: La vie d'Adele se lleva la Palma de oro y la mejor interpretación femenina, o el jurado decide que va servida con la interpretación femenina y el premio especial del jurado, y entonces el premio gordo podría recaer en varios candidatos de la clase media alta: los Coen, Kore-Eda, Farhadi, Jia Zhangke o Payne. Heli y Grigris tal vez se lleven la pedrea que les suele caer a las cinematografías esforzadas, y si el premio de interpretación femenina está cantado, por la parte de los chicos hay bofetadas. En cualquier caso aquí nadie espera que Spielberg se suelte la melena y se descuelgue con un premio a marcianadas como el noir cósmico-chusquero de Winding Refn.

La película perdida

Sin qué sirva de precedente voy a recomendar una película que no he visto, o al menos voy a llamar la atención sobre ella a mis distinguidos lectores, por sí en el fragor del festival no le han prestado atención. Me tuve que ir de la sala un minuto antes de que comenzara la proyección de L'image manquante por cuestiones laborales (un clip que no aparecía por ningún lado) con la sensación de que me quedaba sin ver la película del festival. Cumpliendo las expectativas se ha llevado el premio de Un certain regard, y aunque es mucho esperar que alguien se anime a distribuirla en España, Rithy Panh tiene suficiente nombre como para aventurar que nos encontraremos su film por algún festival o ciclo filmotequero. Lo dicho, a seguirle la pista.

Level the genders

A priori podría pensarse que, con sólo dos actores y una localización, La Vénus à la fourrure sería un juego maniréista tipo Sleuth, y a posteriori uno se regocijaría de su perspicacia, aunque lamentara la insubstancialidad de la película. Tampoco iba con grandes expectativas, que la novela de Sacher-Masoch de dónde parte la idea ya es un notable pestiño, aunque en Francia tiene ilustres exégetas, que ya se sabe cuanta teoría se puede sacar de las perversiones más triviales.
Por la tarde la redacción de informativos nos sacó del cine (en mi caso, Tip top, de Serge Bozon, a cuyo humor absurdo no acababa de pillare el punto) porque a alguien se le había ocurrido vender un titular con unas supuestas declaraciones escandalosas de Polanski en la rueda de prensa, y había que empaquetarles un minuto para el intermedio de la final de la Champion. Polanski dijo que la parecía una pena que se considerara una indecencia que un hombre ofreciera flores a una mujer, que la igualdad de géneros le parecía una idiotez, que los avances médicos habían cambiado a las mujeres, que la píldora las había masculinizado (esto es literal, aunque no se sabe muy bien qué quiso decor con ello) y que era una lástima que el romance hubiera desaparecido de nuestras vidas.

sábado, 25 de mayo de 2013

Una heroína contemporánea

Dentro de las sorpresas agradables de la Competición se encuentra La vie d'Adele, una película de Kechiche que pertenece a ese género contemporáneo que parecen cultivar en exclusiva los franceses y que podríamos llamar la heroica pedagógica, un recordatorio de que la transmisión del saber sigue siendo una labor sagrada bastante ardua. En la película seguimos el trayecto de Adele (el premio de interpretación más evidente de la historia del festival, si no se lo dan probablemente las masas enfurecidas quemarían el Palais) desde que en el Instituto estudia clásicos franceses (la conexión Marivaux) hasta que se convierte en una profesora de infantil que escenifica cuentos para los más pequeños o inicia en la lectura a los benjamines de primeria. Tal vez lo único que le vaya a la contra sea el consenso tan abrumadoramente favorable que ha generado, mientras que la única duda que hay sobre el palmarés es si Spielberg le dará el placet a escenas de sexo tan largas y tan realistas.