martes, 16 de marzo de 2010

Lirios rotos


Esta madrugada me he visto Lirios rotos, y me he dado cuenta de que hacía 25 años que no la veía (de hecho, ni Lirios rotos ni ninguno otro Griffith). La verdad es que no sé si Griffith tiene muchos espectadores hoy en día fuera de la Universidad, donde se estudia por esas inanidades del montaje paralelo y el plano contraplano, cuestiones que dan de comer a los historiadores pero que dudo muevan a nadie a ponerse delante de una pantalla. El caso es que me he quedado pasmado de la complejidad del film, que bajo la pátina del desaforado melodrama que recordaba esconde propuestas no menos turbias que cualquier peli de Lynch, por traer a colación un nombre con el que no se suele relacionar su cine.



El primer protagonista que Griffith nos presenta es The yellow man, un chino que se prepara para dar el salto a Occidente para extender la buena nueva del budismo. Nuestro chino tiene un preceptor simbólico que le otorga su bendición, pero ya antes de partir de viaje la película nos muestra que su posición es bastante débil. Y efectivamente, tras una elipsis de varios años lo vemos, ya en Londres, completamente aletargado, entregado al consumo de opio y fascinado por la figura de Lucy, la adolescente interpretada por Lilian Gish, y que en seguida se nos descubre por completo sometida a un padre abrumadoramente incestuoso, un boxeador entregado a la pulsión más desaforada (estoy convencido de que Canetti tenía en mente Lirios rotos cuando escribió Auto de fe).


Lirios rotos es un film de cámara que transcurre básicamente en dos interiores, la casa/habitación donde vive Lucy con su padre/amante, y la tienda del Chino, a su vez dividida entre el espacio "público", el mostrador, y su aposento privado, que se encuentra en el piso de arriba. Aunque con una disposición diferente, las dos habitaciones tienen los mismos elementos, una cama y un aparador, en cierta manera no marcan una diferencia entre el lado social de un hogar, el salón, y el espacio íntimo, el dormitorio. Tras una paliza especialmente brutal, Lucy acaba, extrañamente, desmayada en la tienda de Yellow man, el enamorado y delicado chino.

A continuación se desarrolla la extraña y espinosa y compleja y famosa escena central de la película, en la que Lucy pasa un día entero en la cama del Chino mientras éste la adora castamente y vela su descanso. La secuencia es claramente fantasmática, y responde a la demanda de Lucy de un hombre "asexuado" que no la avasalle sexualmente. El film hipersignifica la "sensibilidad" del cuidador, con todo tipo de pensamientos más o menos kitsch acerca de la luz de la luna y los lirios blancos, lo que puede responder a la idea que de la poesía tiene una adolescente analfabeta que no ha conocido más que la explotación. Pero la complejidad de la escena reside en que también acoge la fantasía del chino, anotando su deseo sexual (ya que su mirada anota un deseo que niega lo que dicen sus palabras).

Lo que acaba emergiendo es el carácter complementario y especular de la figura incestuosa del padre y la del adorador rendido y casto. En diferentes momentos Griffith filma tanto el rostro del chino como el del padre en un primerísimo primer plano que resulta desconcertantemente extraño, y también es significativo que nunca compartan plano (hasta el final). Es cuando el chino sale de plano cuando aparece la monstruosa figura del padre. Pero las dos posiciones masculinas se manifiestan claramente insuficientes: para cuando el chino enarbole la pistola/falo para enfrentarse a la pulsión de su antagonista ya será demasiado tarde, y su objeto de deseo yacerá aniquilado por el estallido del goce más siniestro.

Como ya me ha quedado suicientemente larga y pedante la entrada la dejo aquí, mientras corro a hacerme con mas griffiths para posteriores madrugadas.

2 comentarios:

SSSire dijo...

estupenda entrada esta tuya sobre Broken Blossoms, si no fuera porque me encanta y me la he visto varias veces, me moriria por verla despues de leerte :-). Por cierto, que nunca habia pensado en el caracter complementario de la figura del padre y del chino, pero es interesante...

saludos

abbascontadas dijo...

No me extraña que la hayas visto varias veces, es extraordinaria, y estoy seguro de que me he dejado un montón de cosas. Una de las cosas que más me sorprendieron es encontrar en el corazón fundacional del cine clásico, por así decirlo, tantos temas que se desarrollarían en el cine postclásico, como el momento en que el Chino viste a Lucy con un traje oriental (¿de novia?) cuando la lleva a su habitación: es Vértigo! O el papel de objeto sublime excrementicio de Lilian Gish, que es la misma posición de un personaje femenino que ha hecho millonario a Von Triers, o ese hombre que vela el sueño de una mujer a la que no se atreve a acercarse, y que diría que es la imagen nuclear de Wong Kar Wai (o al menos de sus mejores películas). Si la peli fuera de Stroheim o Buñuel no sería tan sorprendente. Bueno, que todavía le tengo que dar muchas vueltas a Broken blossoms, y he visto que, al menos en España, Griffith está lejos de ser accesible en su integridad.