Supongo que es Fremaux a quién le molan los mexicanos de la nueva hornada, especialmente Reygadas, cuyo paso por aquí el año pasado suscitó lo más parecido a un escándalo que se puede suscitar en estos días. Este año han ascendido a su colega Amat Escalante, que tampoco ha levantado pasiones precisamente entre la prensa francesa. A mí Heli me gusta, aunque su naturalismo exacerbado me parece que tiene algo de pose.
Abbascontadas
sábado, 18 de mayo de 2013
Dinero tirado
Es un misterio para qué se han gastado tanto dinero en El gran Gatsby, película cuyas dos secuencias más interesantes transcurren en interiores y parecen rodadas por los actores dos días en que el realizador se había cogido vacaciones. Di Caprio está muy bien como Jay Gatsby, aunque se le notan las ganas de que se vea, y Toby Mcguire es una elección incomprensible. Nos llevaron al hotel más lujoso de esta lujosa zona a perder el día y entrevistar al equipo. Carrey Mulligan habla muy deprisa, es lo único que recuerdo.
Sobre la adolescencia
En Le passé una adolescente lo fórmula explícitamente: quiere un padre que se quede en casa, y una madre que no cambie de pareja. En Jeune & jolie la cosa es más tortuosa, pero viene a ser lo mismo; los hombres con los que Lea se prostituye dibujan la figura del padre ausente, una interrogación sobre su deseo que no encuentra respuesta en el marco familiar en el que se mueve. Ni la película de Farhadi ni la de Ozon me parecen gran cosa, cada una por motivos diferentes. Ozon tira a decorativo y no parece que vaya a descolgares nunca con una obra maestra, a Farhadi le tiran demasiado los golpes de efecto en los guiones, y aquí se acumulan demasiados a partir de cierto momento.
Resumen de los primeros días en Cannes
Mientras voy encontrando tiempo para extenderme sobre lo visto empiezo con un resumen rápido de estos dos días de proyecciones, que básicamente se resumen en la gran decepción del film de Jia Zhangke, que no es ni chicha ni limoná, y en la pequeña de Farhadi, que viene a acabar en un culebrón con vuelta de tuerca en cada secuencia, si bien tiene la gracia de ser una peli conservadora que viene a decir que lo que se necesita para arreglar el mundo es un buen padre que se quede en casa y una mujer fiel que lo quiera. El Ozon no decepciona porque Ozon es lo que es y no se le pueden pedir peras al olmo, aunque se le agradece que no le dé por la tragedia con la historia que cuenta (otra adolescente que suspira por un padre "de los de siempre"). La de Escalante es tan dura que casi bloquea toda capacidad de reflexión, pero hasta la fecha me parece lo más válido visto en la Sección Oficial a Competición. El gran Gatsby fue una agradable sorpresa, pues esperaba un horror absoluto y se queda en rollo soportable, entre otras cosas porque durante la proyección uno se entretiene pensando en como se rodaría mejor cada secuencia. Un Giraudie notable con un plano final extraordinario en Un certain regard, y para Cannes classics, como suele ser habitual y obligado, la joya de la corona, un cortometraje maravilloso de Ousmane Sembene que pasa por ser el primer film realizado por un africano subsahariano (El carretero) acompañado de una copia restaurada (bajo la supervisión de Mike de Leon) por la fundación de Scorsese de Manila by night, la demoledora lectura del mito de Orfeo que hizo Lino Brocka en los 70 (demoledora sobre todo para casi todo el cine que se ha hecho después), ejemplo de cine total hecho con cuatro perras.
lunes, 13 de mayo de 2013
La ciudad y las flores
Como bien dice Mafalda, la primavera es lo más publicitario que tiene la vida. Ayer tenía un plan que consistía en disfrutar de la primavera madrileña versión rosas del Retiro, aliñado con dos exposiciones cuya temática de ambas eran las ciudades y su buen/mal desarrollo.
La primera exposición se llama Cityscapes y sus fotografías contemplan la experiencia urbana contemporánea. Uno de los grupos de fotos está dedicado en exclusiva a comunidades socialistas, utópicas o religiosas de EEUU. Las fotos ejemplarizan de forma contundente que la ciudad puede ser muchas cosas y no solo un páramo de cemento y colmenas. La expo está ubicada en el Palacio de Correos, antes sede del ayuntamiento y ahora remozado como espectacular multi-sala de exposiciones e iniciativas culturales. Merece la pena la visita, vayas o no a una exposición, por ver el edificio por dentro, sus espacios y las vistas desde el torreón. También han pensado en los transeúntes y tienen un espacio con sofás y mesas de trabajo, periódicos y cómics, para aquellos que quieran desengrasar del asfalto ruidoso de la plaza de Cibeles.
Antes de ir a la otra exposición pasamos por el Retiro a comprobar que la rosaleda está casi, casi a punto. Dentro de dos semanas será espectacular. Menos mal que siguen quedando algunas islas de verde para los sufridos madrileños anticoches.
La exposición de la tarde era el contrapunto de la matutina: Anonymization es una muestra de la destrucción que provoca la urbanización masiva. Pero justo cuando nos disponíamos a verla, el guardia de seguridad nos cerró la puerta de la terraza en las narices con la explicación, dicha con bastante grosería, de que "hasta las cuatro nada". Cuando bajamos bastante perplejos resulta que habían cerrado las puertas del edificio! Porque pasaba una turbamulta o manifestación del 15M por la puerta y claro, como decía uno de los lumbreras seguratas: "tío, es que tenemos el árbol ¡como Bankia! A ver si se van a poner a tirarnos algo...". Por supuesto, cierra las puertas de una exposición que tiene lugar a cuatro plantas sobre el nivel del suelo, no vaya a ser que estén armados con cócteles molotov y tirachinas. Yo es que veo el símbolo del árbol y el madroño, me recuerda a Caja Madrid, después a Bankia y es que... ¡la lío!
Así que no pude ver Anonymization y no sé si me quedaran ganas. Una pena porque la expo tiene muy buena pinta. Pero se ve que los desiertos de cemento no solo están en el paisaje, sino también en el interior de los cráneos de algunos individuos.
Cambiando el tercio...
| El Jardín Botánico, hace dos semanas |
miércoles, 8 de mayo de 2013
¡Adiós, Ray!
Ayer murió Ray Harryhausen, pionero de los efectos especiales de la era pre-ordenadores. Su arte queda para siempre en el imaginario de los devotos de la ciencia ficción. ¡Adiós, Ray! Los dioses y los monstruos te saludan.
lunes, 6 de mayo de 2013
Oblivion vs. Spellbound
El viernes fui a ver Oblivion a una de esas salas un poco más grandes que el salón de mi casa, por gusto de evadirme con una producción de Hollywood. No había leido nada de la película y no quería hacerlo porque Tom Cruise me cae gordo, pero tengo debilidad por las distopías.
La película no me decepcionó nada. Es entretenida y, sorprendentemente para una producción americana, no abusa de la acción trepidante y de los efectos especiales mastodónticos. Lo más divertido es ir apuntando, según van sucediendo las escenas, la película de turno en la que está inspirada la acción. Hay referencias a 2001, una odisea del espacio (ese ojo rojo y la voz omnisciente y divina), El planeta de los simios (unas músicas similares), Terminator I (los hombres embrutecidos y sucios, ocultos en unos sótanos donde irrumpe el robot destripando a los buenos), Blade Runner (el debate filosófico hombres de verdad / hombres biónicos / robots), Matrix (la más evidente: shock traumático al descubrir la realidad y la ficción, a quiénes servimos y quién es el enemigo), La guerra de las galaxias (una persecución de naves en un desfiladero parecidísimo al ecuador de la Estrella de la muerte)... Ya dijo aquel que "lo que no es tradición, es plagio".
El hilo de esta colcha de patchwork es la historia de amor (of course): una de esas historias bigger than life que trascienden el tiempo y el espacio recuperando la tesis que ya en su día escribió el visionario Quevedo en esos versos tan bonitos que terminan diciendo "polvo serán, mas polvo enamorado". El amor existe y es constante más allá de la muerte. La heroína renace casi de sus cenizas para consagrarse a que el desmemoriado Tom Cruise recuerde, como una Ingrid Bergman galáctica y rusa. Si los sueños de Cruise llegan a tener de fondo un decorado parecido al de Dalí para Spellbound, ya me levanto del asiento y hago la ola.
Como digo, todo muy bonito. Y de guinda una canción preciosa, la celebérrima A whiter shade of pale, de Procol Harum.
Acabé tan contenta de la historia y del recuento en plan "si le/no le" de los parecidos, homenajes y plagios, que le recomendé la película a mi familia y fueron a verla al día siguiente. Su experiencia difirió bastante de la mía y no por la película en sí, sino por las pésimas condiciones de la proyección. Fuera de las "grandes" capitales sí que es ciencia ficción ver una película en versión original. Pero si además de doblada la ves sin aire acondicionado (porque hay que ahorrar) y con el volumen en nivel susurro (por ¿ignorancia?)... la experiencia fílmica se convierte en un viacrucis con palomitas de microhondas.
Así que pongamos un cero a los multicines La Loma de Jaén y esperemos que en otra realidad hayan ganado los buenos y existan cines de provincias grandes, aireados y en versión original, para todos los amantes del cine que seguro que con esas condiciones son una legión fanática y multilingüe.
martes, 30 de abril de 2013
Razones para la Ostalgie
A pesar de su tardío (y modesto) estreno, de que Petzold es un desconocido en nuestro país y de que la exhibición pasa por sus horas más bajas, España va camino de convertirse en el país donde mejor ha funcionado Barbara (si descontamos Alemania, claro). Creo que la razón es clara: la Ostalgie es la versión germana de nuestro "contra Franco vivíamos mejor", lo que traducido al abbascontadés vendría a ser que el duro espacio de la dictadura era el marco imaginario en el que todavía podía desarrollarse un auténtico relato (una posibilidad arrasada -como tantas otras cosas- por el capitalismo financiero).
Barbara es a la vez una muestra del grado de injerencia del régimen de la RDA en la intimidad de sus ciudadnos (hasta un extremo que hace que el término "íntimo" deje de tener sentido), lo que redundaba en la aniquilación de todo posible vínculo social con el prójimo, siempre un potencial (y a menudo real) "informador", y una comedia romántica clásica en la que triunfa el amor verdadero entre sus guapos protagonistas (que Nina Hoss debía de rayar el cristal del objetivo en los primeros planos con las pestañazas de medio metro que luce), vencedores frente a las trampas que los feos ponen a su paso y ante las tentaciones que suponen los cantos de sirena que vienen del exterior, un cocktail que Petzold maneja con habilidad, lo que no impide que al cínico espectador en que nos hemos convertido frunza el ceño un par de veces ante lo que le están colando.
sábado, 20 de abril de 2013
Queremos tanto a Cannes
Tras la decepción que siempre supone el desvelamiento de la programación de Cannes tras tantas semanas de apasionadas predicciones (no porque la programación sea decepcionante, sino porque el secreto nunca puede estar a la altura de las expectativas) las escuelas de cannelología se ponen de nuevo en marcha para analizar concienzudamente ausencias, ascensos a primera división y desaires. He aquí unas modestas claves para entender algunas cosillas:
- El año pasado hubo una pequeña marejadilla por la ausencia de mujeres en la Main Competition. Fremaux dijo que no había porque no daban el nivel y Jacob lo desautorizó. Este año todo eran listas de mujeres que iban a entrar sí o sí. Al final sólo tenemos a Bruni-Tedeschi, que asciende desde Un certain regard, donde hace años se pasó Actrices, una película que a mí me gustó y de la que en España no se ha sabido nada. Un chateau en Italie promete ser tan autobiográfica como las anteriores pelis de la hermana famosa de Carla. La gran favorita para enarbolar la bandera de la feminidad cinematográfica en la MC, Claire Denis, se va a Un Certain Regard, elección que ha sorprendido a propios y extraños (a mí también) dado que la Denis puntúa mucho más alto que la Bruni-Tedeschi en la clasificación crítica y (sobre todo) que suele preferir Venecia, y ya que la repescas para casa lo más normal es ofrecerle un asiento de postín. Tampoco es descartable que haya sido la realizadora la que haya elegido la sección, mucho más descansada que la MC y también con enorme visibilidad (hace un par de años a Guediguian y a Dumont les fue muy bien ahí, por no hablar de Film socialisme). Sofia Coppola también estaba en todas las papeletas, y también ha optado por UCR, en este caso para inaugurarla. Hay que decir que si el Festival suele inaugurar con una castaña pilonga que llene la alfombra de estrellas, UCR se reserva nivelazo para el pistoletazo de salida. Kelly Reichart también sonaba bastante, y no aparece por ningún lado.
- Ausencias: la más clamorosa es la de Godard, al que todos esperaban con su peli en 3D sobre la despedida del lenguaje, si bien se hacían cábalas sobre qué sitio elegiría esta vez para colocarla. Hay quien no descarta que se descuelgue en la Quincena de realizadores; yo, por mi parte, señalaría que todavía no se han anunciado las proyecciones en la playa. A Tsai Ming-Liang todos le dábamos por seguro, y tampoco se le ve por ningún lado. No parece probable que Jia Zhangke (del que no había noticias, y se presenta con peli de dos horas y cuarto) le haya quitado el sitio, que en estas alturas del olimpo cinéfilo las cuotas territoriales no cuentan. Allen y Scorsese sonaban para Out of competition de relumbrón, y todavía pueden aparecer, que la programación huele a incompleta, por no hablar del sempiterno Ken Loach, que de aquí al fetival puede terminar algo (y qué decir de de Hong Sang-Soo, que en las tres semanas que faltan puede hacerse dos pelis). Otro de los seguros en todas las quinielas, Ari Folman, abrirá la Quincena de realizadores, privilegio que en los últimos años ha caído en Coppola, Skolimowsky y Gondry. En cuanto a filmografías, desconcierta algo la falta de directores coreanos y rumanos, que tan buen juego han dado en los últimos años.
- Ascensos: siendo casi todos los de la lista repetidores, Cannes es como la Liga, hay directores que suben desde categorías inferiores, ya sean estas otros festivales o las secciones paralelas. De Bruni-Tedeschi ya hemos hablado. Amat Escalante sorprende con su ascenso tras sus pasos previos por UCR, aunque siendo de la cuerda de Reygadas, tan apoyado por el certamen, tampoco es tan raro, y más teniendo en cuenta que es la única representante "hispana" en MC (como curiosidad, hay otra peli mexicana en UCR, dirigida por un español, Diego Quemada-Díez. Ya se sabe que las secciones que a los españoles se nos dan bien son la Semana de la Crítica y la Quincena, donde se da por seguro que estará Albert Serra y tal vez Vigalondo y Mar Coll). A Pallières también se le esperaba, pero no tan alto. No he visto nada suyo, y su versión de Michale Kohlhaas, una de las nouvelles más maravillosas de la historia de la literatura, es de las propuestas más estimulantes (para mí, claro) del listado. Farhadi tenía cantada su nominación en MC tras el triunfo planetario con Una separación y producción francesa. Lo de Alex van Warmerdam, más que ascenso, es aparición desde la nada. De lo que colijo en el IMDB, debe de ser un Patrice Chereau a la holandesa: un veterano hombre de teatro que de vez en cuando hace películas. A descubrir.
- Bloques fijos: Cinematografía norteamericana, cinematografía francesa y grandes autores (dinosaurios con puesto fijo, según algunos). La selección norteamericana del año pasado fue un desastre, cuando suele ser estupenda (tal vez la excepxión sea Mud, que no he visto y cuyo estreno en nuestro país Vértigo ha retrasado sine die). Este año Fremaux se deja de experimentos y se trae valores seguros: los Coen, que no competían desde No es lugar para viejos, Alexander Payne, Winding Refn, que tras el pelotazo de Drive (que aquí entusiasmó) se ha convertido en fijo y Soderbergh, que presenta una TVmovie, lo que siempre crea alguna controversia con lo que rellenar una página el día que no se te ocurre nada. En principio no parece que vaya a salir de este elenco la peli del festival, pero imagino que cumplirán (El gran Gatsby es la crónica de un desastre anunciado, así que cualquier cosa por encima de eso sería una agradable sorpresa) Los franceses dieron el do de pecho el año pasado con Holy motors y Resnais, que esperamos que algún día aterrice en España. Este año pinta bien con nueva de Desplechin (una debilidad particular) y un Kechiche larguísimo, más de tres horas. El prolífico Ozon regresa a Cannes, él que prefiere hacer turismo internacional con sus películas (a menudo a San Sebastián, donde hace unos meses triunfó totalmente), y de los apetecibles Paliières y Bruni-Tedeschi ya hemos hablado. Y a estos sumamos la citada Denis y Alain Guiraudie, que también se presenta en UCR. De los pesos pesados autorales, pues de todo: Polanski; Jia Zhangke, Sorrentino, Kore-Eda, Haleh Saroun... Cualquiera estaría presente en la sección oficial de cualquier festival, mientras que Miike es ese punto frívolo del que siempre hace gala la MC (Johnnie To se ha ido a las proyecciones de medianoche con Blind detective, título que augura entretenimiento).
- Otras cosas: Lav Diaz se trae una peli de cuatro horas a UCR, lo que en el caso del filipino se puede considerar un detalle, pero es un metraje que hace casi inviable el visionado completo en un festival con tanta chicha. Polanski presenta un reportaje que rodó por los 70 durante la carrera de Fórmula 1 en Montecarlo (que está tiro de piedra de Cannes). Guillaume Canet va Out of Competition con Blood Ties, guión de James Gray. En UCR se presenta Anonymous sin nombre de director asociado (como tiene que ser). Y falta la programación de Cannes classic, donde se presentan fastuosas restauraciones maravillosamente presentadas.
lunes, 15 de abril de 2013
La engañosa veracidad del trailer
Hace dos semanas me encontraba en Bruselas turisteando y coincidió que por aquellos días se celebraba el BIFFF (Brussels International Fantastic Film Festival), así que acudimos al recinto -un gótico y céntrico edificio- animados ante la perspectiva de ver una peli lo más rara posible y mezclarnos con los fans y freaks del mundillo, disfrazados y sin disfrazar.
El ambiente no defraudó nuestras expectativas. Mientras esperábamos en la cola para ver Antiviral (de Cronenberg hijo) nos distraíamos mirando trailers en un super pantallón que tenían en el hall. Uno de los trailers me cautivó lo suficiente como para apuntarme el nombre de la película y proponerme verla en cuanto volviera a España. La película se llamaba Excision y era la primera de un tal Richard Bates Jr.
Antiviral fue un poco decepcionante y eso me dio más ganas de ver Excision, que presentaba una historia de adolescente perturbada y calenturienta, extraños ritos sexuales y sangrientos, y el aliciente de una madre tirana encarnada por Traci Lords. Así que el sábado por la noche la encontré en internet (con un subtitulado pésimo, menos mal que se entendía bien) y me senté a verla con ilusión.
¡Menudo chasco! El argumento, si bien era ingenioso, no daba para más de un corto. No me importó que ya se haya contado mil veces la historia de adolescente inadaptada y con traumas sexuales, porque un buen director siempre puede encontrar otro matiz. Bates Jr. no lo encontró, y se limita a presentar una adolescente tan obviamente sociópata desde el inicio que a los cinco minutos ya sabes que va a hacer una trastada muy gorda, con sangre de por medio. Esa trastada se dilata en el tiempo, anunciada por lapsos de sueños eróticos de la protagonista a los que les falta garra. Todo tan tibio y tan insinuado que se queda en puro aburrimiento. Annalyne McCord lo hace muy bien pero la realidad se parece demasiado a Las vírgenes suicidas. A Abbas le encantaría el papel del padre -único hombre de la familia- incapaz de ponerse los pantalones, amilanado por la terrible y castradora presencia de una Traci cuyo simple ceño fruncido le descompone.
Lo mejor y lo más inquietante de Excision es su trailer. Está tan bien montado que sugiere cosas que ni siquiera pasan en la película. Pero un trailer, o un cartel, no es una película... y cada vez desconfío más del envoltorio.
PD: Antiviral no está del todo mal; Brandon Cronenberg sabe recrear el mundo morboso de su padre, pero al guión le falta consistencia. Quizá en la próxima.
miércoles, 10 de abril de 2013
Infancia sin cuentos
En el primer plano de El cebo un buhonero se encuentra el cuerpo de una niña asesinada en medio de un bosque. Después nos enteraremos de que, como en el cuento de Caperucita, iba a casa de su abuela. La niña protagonista de la película tendrá que contarse cuentos ella sola: hija de una madre soltera, condenada por ello al ostracismo en un pequeño pueblo suizo, y acabará sustituyendo la figura del padre por la del psicópata (la historia del cine contemporáneo, vamos).
Si bien es un tópico que lo que hace interesantes las películas son los malos, aquí el eunuco asesino de niñas se queda en homenaje al M languiano. El personaje inquietante es el "bueno", ese comisario que abandona todo para centrarse en el descubrimiento de un asesino del que, desconcertantemente, parece conocer sus tendencias más secretas mientras parece ajeno al interés que despierta en la madre de la niña, a la que utiliza como cebo mientras hace torpes prácticas de padre.
Para la historia, la escena en la que el inspector Matthai disfraza cuidadosamente un maniquí de niña para simular perfectamente el objeto de deseo del asesino, probablemente la mejor de un más que notable film (uno de los mejores de Vajda) que tuvo en Durrenmatt a un curioso guionista, que desarrolló en paralelo la trama de la novela, El compromiso, de la que creo que no hay edición accesible en nuestra lengua, y en la que articula una crítica metaliteraria al género de la novela de detectives (en la que el escritor suizo incurrió a menudo) a la vez que resuelve con un final diferente al de El cebo, con el que estaba algo en desacuerdo.
Detritus y mitología
El tour de force de Skyfall con el que comienzan las pelis de James Bond tiene su gracia: esa figura materna que encarna Judi Dench en las últimas entregas ordena su (posible) muerte...¡La Cosa Materna Aniquiladora! Pues sí, y ya toda la peli es así, que si hijos que resucitan para vengarse de la M/adre asesina (o para protegerla), que si aguas primordiales, que si inframundos arcaicos, que si laberintos en que se persiguen los gemelos opuestos. Siguiendo las (desdichadas) huellas de Nolan Skyfall es de esas películas de aventuras contemporáneas que mandan a Bergman y a Tarkovsky a la misma liga de la ligereza de Rohmer, tan autoconscientes de los materiales que manejan que a veces dan un poco de vergüenza ajena (¡La Casa Materna que Estalla!¡El Falo/Rifle de Caza con el Nombre del Padre!). Mas que un relato que recorre el inconsciente del espectador, estamos ante una visita guiada minuciosamente por los logoi más convencionales del digest psicoanalítico. Como Skyfall es muy moderna, el pobre Bond echa sus obligados polvos como la parte más antipática de sus obligaciones, mientras que la cosa sube de voltaje cuando se acentúa la vena filogay que el personaje ha adquirido últimamente. Y es que el desmesurado empeño de esta película es recoger en ella todas las tendencias del cine de acción de la historia del cine y proponer a la vez a su personaje como el Ur Text de todos los Bournes y Caballeros Oscuros y Misioneros Imposibles que en los últimos años han sido.
sábado, 6 de abril de 2013
Vampiras en el harén
De un tiempo a esta parte se nos ha dicho hasta la saciedad que Jesús Franco (y Pual Naschy) era un cineasta de culto menospreciado en su país de origen pero con legiones de devotos en el extranjero, donde no paraban de hacerle homenajes y retrospectivas, aunque hasta la fecha del único del que sabemos que se ha visto más de tres películas del recientemente fallecido tío de Javier Marías es Tarantino, lo que no tiene demasiado mérito porque Tarantino se ha visto todo lo que se haya grabado alguna vez en un VHS.
Yo le he echado un vistazo a Las vampiras, que no sé si es de las más famosas, o de las mejores, o de las más significativas, pero es la que está en Filmin, y no creo que vaya a abalanzarme sobre el resto de su filmografía. Tiene un próogo en el que una pareja asiste a un espectáculo erótico de un lesbianismo de tres al cuarto, aunque con un punto amateur curioso y una protagonista bastante guapa. El caso es que la chica se queda fascinada con el número y con la danzarina, y lo que sigue debe de ser un sueño, una fantasía o un delirio (porque no tiene ni pies ni cabeza) en el que ella fantasea que protagoniza una historia de amor inmortal con la que imagina que es vampira eterna. Su novio es un panoli y la vampira la excita mucho más (al espectador también, desde luego). Imaginamos que, por motivos de producción, la acción transcurre en una Turquía donde todos hablan español, aunque tradicionalmente los vampiros pertenecían a estirpes cristianas que lucharon contra los otomanos.
Lo más interesante, o significativo, es la aparición del propio Franco haciendo de criado que aompaña a la rubiaca prota en un caserón, rubia que la saca cabeza y media. En escena posterior al personaje franquista no se le ocurre otra cosa que raptarla para jugar con ella, aunque el pobre hombre no da ni para hacerle cosquillas, y uno intuye que la valquiria lo aniquilará de un soplido (como así ocurre). Rodada a principios de los 70, podemos hacer sociología y conjeturar que la película esconde el verdadero secreto de las revoluciones sesenteras: para nada la liberación sexual sino el certificado de la aniquilación de la posición masculina en el encuentro sexual. Antes de que la figura del vampiro (antaño heraldo demoníaco del goce fálico) deviniera en el presente siglo otro animal gregario preocupado por sus cuitas comunales, tuvo que ceder el testigo del goce a sus descendientes femeninas
lunes, 25 de marzo de 2013
De Chance a Thornton
Hay un plano (merecidamente) famoso en Rio Bravo en el que John T. Chance (John Wayne) baja las escaleras del hotel donde duerme para descubrir a Feathers (Angie Dickinson) dormitando mientras hace guardia velando el sueño del sheriff (invirtiendo la imagen canónica en el que es el caballero el que debe velar el sueño de la dama). Wayne retira el escopetón que la Dickinson guarda en el regazo, la alza cual si fuera una pluma y se la lleva escaleras arriba. Tal vez sea la última vez que veamos en el cine la renuncia al falo imaginario por parte de la mujer, condición indispensable para que las relaciones sexuales sean posibles. Pocos años después Hawks rodaría Eldorado, una variación divertidísima en el que la doncella fálica campa a sus anchas para no abandonar ya las pantallas del imaginario occidental. Como justa contrapartida nos tropezaremos con dos iconos de la masculinidad como son Wayne y Robert Mitchum renqueando entre retortijones y cojeras apoyados en muletas.
To the wonder
Parece ser que esta película fue recibida con bastante menos entusiasmo en Venecia que The tree of life en Cannes; misterios de los gustos de los críticos. Vienen a ser lo mismo, cristianismo feminista new age, la mujer como cristura que nada en la Gracia (la Luz) mientras que el hombre es un ente culpable que viene (literalmente) a ensuciar la tierra (en el mejor de los casos busca infructuosamente las huellas de Dios en este mundo, como hace el personaje de Bardem, que tiene que conformarse con andar entre presos y enfermos y pobres y viejos a ver si así suena la flauta y tiene una epifanía que va mendigando con voz en off durante todo el metraje: ¡Que se cambie de sexo y se fundirá con el cosmos sin esfuerzo!).
También está rodada con esa espcie de steadicam que se gasta, con planos secuencia que luego trocea, lo que ataca un poco los nervios, que a ratos uno desearía que la peli la montara Béla Tarr Ver moverse a Olga Kurylenko es una maravilla, pero a la media hora de verla danzar constantemente cual hada etérea uno desee que se siente a tomar un café y que Malik transija con rodar un diálogo en plano contraplano, que también tiene su mérito. Di cho esto, reconozco que To the wonder me ha resultado mucho más transitable que su predecesora, supongo que porque aquí se nos ahorra un mix de la creación en estampitas de calendario de parroquia pija.
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