miércoles, 30 de noviembre de 2016

Neomesianismo

Dentro del enloquecido panorama de la exhibición cinematográfica madrileña este fin de semana nos encontramos con que La Casa Encendida proyectaba Midnight Special, la peli de Jeff Nichols que no ha vendido una escoba en ninguna parte, tal vez porque la Warner no sabía muy bien que hacer con este cruce de los evangelios con la infancia de un x-man que parece rodada por el Shyamalan de finales de los 90. Midnight Special es poco creíble por dos razones: una es que hay un niño que (por causas ignotas) pertenece a otra civilización (más o menos extraterrestre) y a su madre (y a su padre, que no parece mosqueado porque le haya salido un hijo así) no se le ocurre otra cosa que devolverlo al mundo al que pertenece (conviene recordar que en los evangelios la madre de Jesús no para de perseguirlo para que vuelva a casa y se deje de gilipolleces, con gran cabreo del hijo de dios, que acaba bastante harto de ella y a la que dedica palabras que a cualquiera nos hubieran valido un sinfín de sopapos). La otra es que se supone que esta civilización superior es la pera limonera, pero cuando se materializa parece diseñada por Calatrava, lo que hace que uno dude un poco del éxtasis que provoca en los que tienen algún atisbo de ella. Midnight Special no está mal, pero viene a marcar el límite de lo que uno puede hacer con estas sandeces.

Un actor entre nosotros

Albert Serra coloca a Jean-Pierre Léaud en el centro de la imagen para que no nos demos cuenta de que el actor que ha colado en su película cargándose de un plumazo el número del club de la comedia que lleva paseando una década es Patrick d'Assumçao, memorable y sublime en El desconocido del lago como el buda gordinflón que acaba trágicamente y el verdadero sostén narrativo de esta acorazada película de Serra, otra decepción cannoise, una especie de porcelana perfecta que (como decía Nabokov -injustamente, a mi parecer- de Mansfield Park) está muy bien...si te interesan las porcelanas. Lo que no quita para que se vea más que bien y que sea un escándalo que en Madrid sólo se vaya a poder ver en cinco o seis pases en el Círculo de Bellas Artes, cuyas proyecciones no son tampoco como para caerse de espaldas (aunque más suerte ha tenido que Out One, que se ha pasado de un tirón casi clandestinamente en Móstoles el pasado fin de semana, con gran afluencia de sillones vacíos). 

jueves, 24 de noviembre de 2016

De monarchia

Coincidiendo con el sorprendente descubrimiento de que el regreso de los Borbones al trono de España no fue fruto de un levantamiento popular sino de una chapucera conspiración de salón que nos la metió con calzador me he visto varias películas sobre la monarquía, centradas todas (más o menos) en la sucesión: al principio de la peli hay un rey y al final hay otro, de lo que colijo que lo único que mola y da para un conflicto es ese momento (esto sirve también para España: el año en que Juan Carlos abdicó mogollón de amigos comentaban que Felipe no se comía el turrón en la zarzuela, y ahora ya todo el mundo anda pensando en Leonor en el trono, para lo que probablemente falten décadas).

En Othon, en Antígona y en Lancelot du Lac hay mujeres de por medio y son ellas las que acaban cargándose el reinado, si bien la culpa es de los hombres, que nunca acaban de estar a la altura. Luis XIV se muere en la cama, y aunque llama a Madame de Maintenon en realidad las mujeres desaparecen de cuadro al principio, que a lo mejor ese es el problema, uno saca a las mujeres de la habitación y mete médicos y curas y ya se puede dar por muerto. Como La muerte de Luis XIV es una película histórica sabemos que la descomposición de la monarquía francesa apenas tardó un poco más que la del cuerpo del súper monarca. Frozen, por el contrario, nos habla de un sucesión complicada pero exitosa. La razón es obvia: la heredera al trono es completamente ajena al goce fálico, y comparece como diosa omnipotente; ingenuos comparsas masculinos piensan que podrán hacer mella en ella con sus ridículos falos. 

martes, 25 de octubre de 2016

La poesía antes de Auswitch

A estas alturas convendría volver a recordar que el famoso aforismo de Adorno sobre la poesía y Auschwitz fue proferido "en caliente", por así decir, y data del 46, con la guerra recién terminada, con lo que no tiene mucho sentido seguir esgrimiéndola cuando la mayoría de los poetas actuales han nacido después de guerra mundial y no vivieron el shock en directo, de la misma manera que es poco probable que hoy nadie se plantee problemas teológicos porque en 1755 hubiera un terremoto en Lisboa.

Pero esta entrada se ocupa de alguien que sí abandonó (en cierto modo) la poesía antes incluso de que Auschwitz fuera creado, aunque ya se vislumbrara en el horizonte; me refiero a Chaplin, que ideó una parodia de El triunfo de la voluntad y acabó haciendo desaparecer a su personaje para para asumir la palabra prácticamente en primera persona en uno de los discursos más famosos de la historia del cine, el que cierra El gran dictador. Conviene volver a las grandes películas de vez en cuando porque hay cosas que se olvidan y otras que se pasan por alto. Yo no recordaba que el film se cierra no con un plano de Chaplin, ni siquiera con uno de las masas que lo escuchan, sino con el rostro de Paulette Goddard iluminado por el sol y por las palabras que acaba de recibir. Evidentemente el director inscribe en el texto la reacción (que espera) de los espectadores al escuchar la soflama democrática, pero al margen (o por encima) de esa función empática nos encontramos con uno de los mejores primeros planos femeninos que se hayan visto en una pantalla.

Tal vez Chaplin se encontraba ya mayor para la pantomima. Para mi gusto la mejor secuencia cómica es la que transcurre en la mesa a la que están sentados el grupo de judíos protagonista, delante de un bizcocho en el que se esconde una moneda que designará al "voluntario" que se inmolará para volar el palacio del dictador. El tempo y el montaje es magistral, aunque me sorprende la audacia que supone que la secuencia se articule como una referencia jocosa a la última cena, tanto del relato evangélico como de sus referentes pictóricos.

jueves, 20 de octubre de 2016

Lo que nadie ha dicho nunca de las películas de Straub y Huillet, o un comentario donde no se va a utilizar el término "radical" por primera vez en la historia de las exégesis de la obra de la famosa pareja

Las de Huillet y Straub son las mejores películas de la historia del cine para aprender idiomas.

Dedicado a Sergio Sánchez, mon semblable, mon frère

miércoles, 19 de octubre de 2016

Que se perturben ellos...

Los azares de la cinefilia ecléctica que aquí nos gastamos me ha llevado a ver Elle y Passion (una película de Brian de Palma del 2012 con fotografía de Alcaine que no me suena que se estrenara en España) prácticamente el mismo día. Como todo el mundo sabe la peli de Verhoeven ha sido consensuadamente aclamada desde su pase en Cannes este año y twitter está lleno de ditirambos en los que se elogia su carácter perturbador, subversivo y transgresor, y como en un twitter no caben más que los ya míticos 140 caracteres no hace falta explicar qué subvierte ni qué transgrede, aunque lo que queda claro es que los que se perturban y escandalizan son siempre los otros; y como casi nadie recordará cuento aquí que la de Brian de Palma tuvo también una consensuada acogida, pero negativa, tras su pase en Venecia. Vistas las dos en programa doble, me han parecido un poco lo mismo, aunque en Passion hay bastante más pitorreo con el material narrativo (bueno, a todos los niveles, porque la McAdams tiene pinta de habérselo pasado como los indios y a Alcaine le han debido de dejar que se soltara la melena todo lo que le viniera en gana); tal vez el aire de familia venga de que cuentan con el mismo productor, Saïd Ben Saïd, al que en el mundillo cinematográfico gabacho consideran casi un superhombre por haber colocado este año un par de films en la sección importante de Cannes (Elle y Aquiarius), proeza que según los cannelólogos sólo está al alcance de los elegidos por los dioses.  

martes, 18 de octubre de 2016

S/H ON WORK

Dentro de la espectacular oferta cinematográfica que nos depara este octubre a los que vivimos en el centro del imperio, idónea para hacerse un curriculum envidiable para codearse en los círculos más exclusivos de la cinefilia pija (Straub & Huillet y sus discípulos Farocki y Pedro Costa, más Jacques Becker para relajarse) se ocultan dos modestos documentos-homenaje que muestran a la pareja de titanes currando: "Jean-Marie Straub y Danièlle Huillet ruedan una película a partir del América de Franz Kafka", de Farocki, y "¿Dónde yace vuestra sonrisa escondida?", de Pedro Costa. Los dos son muy divertidos (bueno, sólo si te interesa la pareja de directores) y complementarios, ya que Farocki testimonia la exhaustiva labor de preparación que se llevaba a cabo con los actores (y que a ratos uno tiene la impresión que linda con la locura) y una jornada de rodaje (Straub pertenece al linaje -como el propio Costa- de los directores que repiten una toma hasta la extenuación) de la estupenda (aunque yo creo que sólo comprensible si has leído la novela) adaptación de la obra de Kafka.
 No sé si porque Costa conocía este documental, o porque cuando le encargaron el proyecto era lo que estaban haciendo, el portugués nos muestra a Straub y a Huillet delante de una moviola montando Sicilia!; en las cerca de dos horas que dura el documental Jean-Marie y Danièlle consiguen ponerse de acuerdo en el fotograma de corte de un par de planos, con él paseándose como un galán histriónico y ella fija en la silla sin apenas moverse (en el de Farocki la cosa era parecida). La impresión que uno saca es que esta mujer era una santa de paciencia infinita, aunque nunca se sabe con estas cosas... 

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Dos hombres y una mujer

The horse soldiers (1959) está situada justo en el centro del arco temporal que va de The searchers (1956) a El hombre que mató a Liberty Valance (1962), y aunque está lejos de gozar del prestigio de estas dos últimas, a día de hoy los dos filmes fordianos que más alto aparecen en los top 100, dispone de una tan refinada como selecta corte de admiradores (yo mismo, Straub...) que la consideran equiparable a las obras mayores de la etapa de madurez de su director. Si las pongo juntas es porque las tres trazan un periplo sentimental parecido, en el que una mujer está enamorada de un hombre pero acaba casándose con otro, y tan fascinantes resultan los parecidos como las variaciones. 

Si en The searchers contemplamos, por así decir, las cenizas de la antigua pasión y tenemos que deducir las razones por las que Martha acabó casándose con Aaron en vez de con su hermano Ethan, de quién está tan descaradamente enamorada, las otros dos películas muestran el proceso por el que John Marlowe y, sobre todo, Tom Doniphon (todos ellos interpretados por un descomunal John Wayne) se quedan sin su objeto de deseo, una mujer que como marido acaba eligiendo a partenaires más integrados socialmente (un médico, un abogado, un granjero -si bien en The searchers el papel que interpretan William Holden y James Stewart se reparte entre Aaron y el marshal predicador), aunque tanto Kendall como Stoddard tienen una vertiente heroica, y no es la menor el que acepten casarse con una mujer en calidad de pálido reflejo del verdadero deseo de ésta, de alguna manera una variación sobre el mito cristiano de San José.

Y es que (retomemos The searchers) una de las características del héroe fordiano es una peculiar inhabitabilidad del espacio que transita: de ahí que Martha Edwards acabe aniquilada (como Sémele) cuando Ethan regresa y ella le dé paso a su casa/cuerpo/espacio interior. Las posteriores heroínas fordianas parecieron aprender la lección. También es cierto que la pobre Hannah Hunter no tuvo oportunidad de elegir: lo más que consigue es que su caballero andante le quite el pañuelo que lleva en la cabeza en uno de los mejores primeros planos de la historia del cine, en el que su inmovilidad transmite el deseo de que continúe desvistiéndola y su mirada la tristeza de saber que eso no ocurrirá nunca. Cuando él se aleja y vuela el puente que hay entre ellos Hannah se protege del sol poniéndose la mano sobre los ojos para verlo mejor, repitiendo el gesto de Martha al comienzo de The searchers, en este caso cuando Ethan se aproxima, una de esas rimas que puntean la obra fordiana y que a sus admiradores nos dejan en éxtasis. La película se cierra con ella y Kendall entrando en la cabaña donde han quedado los heridos, y su historia en común sería ampliada en El hombre que mató a Liberty Valance,    

lunes, 26 de septiembre de 2016

Del antagonismo como una de las bellas artes

Sería hermoso poder decir que leemos los tomos del Salón de pasos perdidos para disfrutar de las brillantes y bucólicas descripciones que Trapiello hace del paisaje extremeño cuando pasa las vacaciones en un terreno que tiene cerca de Trujillo. Pero a quién vamos a engañar: los highlights de esa potencialmente infinita novela en marcha son dos: las hilarantes descripciones que hace de algunos actos sociales del mundillo literario, saraos como conferencias, entregas de premios o cenas con escritores, y los despellejamientos que hace de sus enemigos, frecuentemente escondidos tras una transparente X que los lectores de las bibliotecas se han dedicado a identificar. Trapiello mantiene fobias asentadas (Javier Marías -al que llama de vez en cuando el pijo volatinero- probablemente por encima de todas -con la excepción tal vez de Sánchez-Ostiz-, Goytisolo, Valente & Tapies, Ginferrer) a los que dedica páginas en todos los volúmenes, mientras que a los críticos (Echevarría, Bértolo, Conte) los suele despachar en una entrega y a otra cosa mariposa. A veces le coge cariño a algún antagonismo de nuevo cuño y lo incorpora a la nómina de damnificados, y eso ha ocurrido con Vila-Matas, con el que coincidió en un viaje a México y para qué queremos más. He aquí un fragmento del último volumen publicado, Seré duda, que corresponde a 2005:

   En el campo las cosas acaban teniendo mucha más gracia, hasta el periódico resulta más cómico. Hoy, domingo, en la contra de El País, venía una entrevista con don Preferiría No Hacerlo, el hombre acaso más activo en eso que se llama con seriedad "mi carrera", o sea, "la carrera". Destacan una de las frases que sin duda consideran de una gran hondura: "Yo soy optimista, pero sin duda las cosas siempre acaban mal". Con frases así rellena luego unos frascos de frascaseína, que vende como elixir de la modernidad a todos los pijos yupis de por ahí, que se lo toman para hacer la digestión del caviar gauche que es en ellos el pan de cada día.

Aquí la entrevista de marras...

sábado, 24 de septiembre de 2016

Tiburón, o el shock de la escena primaria

Estas últimas semanas me he estado viendo películas norteamericanas de los años 70, una década para mí desconocida, ya que apenas era un niño entonces, y en los 80, cuando comencé mi carrera cinéfila, me convertí en un snob (cosa que, afortunadamente, no he dejado de ser) que se negaba a ver nada que no fuera rarísimo. Por primera vez me he visto El exorcista, Marathon man, The driver, Carrie, Gloria (bueno, esta es que no me acordaba de nada) y Tiburón. Aparte de un pesimismo casi metafísico que parece impregnar todo lo hecho en esa época, resulta curiosa la extraña postración ante lo que se podría llamar (tics del) cine europeo: se ve que el cine norteamericano andaba tan en crisis como su sociedad y se dedicaba a copiar las ocurrencias de sus primos del otro lado del charco, con mención honorífica para Walter Hill, cuyos actores van permanentemente con tal cara de palo que a su lado los de Bresson parecen que están de fiesta continua.

Tiburón es otra cosa. De entrada ya Spielberg dejó claro su lado puritano: al margen de que es obvio que nunca pisó una playa con unos colegas hippies, el celebérrimo comienzo de Jaws muestra lo que opinaba sobre el libertinaje sexual, si bien siempre se podrá discutir si la joven es devorada por mor de su desenvoltura erótica o por culpa de la torpeza de su partenaire masculino.

Lo siguiente que salta a la vista es que el director no estaba casado en esa época, ya que ese matrimonio con niño parece más una ensoñación idealizada de un joven que creció en un hogar monoparental (léase madre separada) que la puesta en escena de una vivencia personal (por poner un ejemplo de otra película vista recientemente: La semilla del diablo es la obra de alguien que sabe lo que es el matrimonio, aunque sólo sea por la sordidez -que parece de primera mano- que transmiten algunas de las escenas de pareja). Ese niño asiste a una escena que le provoca un enorme impacto: ve como la enorme boca de un tiburón se zampa a un bañista que está a pocos metros de él, en la laguna interior de la playa de la isla donde transcurre el film. Spielberg dedica una larga secuencia a mostrar el trauma provocado por esta visión, secuencia que introduce un cambio argumental en la película, ya que es a partir de ese momento, y a demanda expresa de la madre, cuando el padre parte en compañía de los otros dos protagonistas masculinos a cazar al monstruo en la parte más Moby Dick de Tiburón, parte que vamos a dejar de lado para centrarnos en la secuencia citada. El hecho de que transcurra en una laguna interior, podríamos decir maternal (aguas tranquilas y protectoras, ausencia de peligro, ninguna amenaza de lo real exterior) nos da la pista de lo que el niño ve: una escena primaria en la que la delicada imago materna deviene un monstruo (de goce) devorador, una vagina dentata enorme que aniquila de un bocado a la figura paterna. 

jueves, 22 de septiembre de 2016

La filosofía o la vida

Dos de las películas que más me han gustado de las estrenadas en nuestro país en los últimos meses tienen como protagonistas a profesores de filosofía, es más, a profesores de filosofía...parisinos. 

Lucas Belvaux, que es belga, apenas puede disimular la tirria (por lo que sé, compartida por toda la Europa francófona) que le tiene a los parisinos en general, y al protagonista de Pas son genre en particular, que incluso parece que podría ser redimido de su parisinidad por su maravillosa partenaire Émilie Dequenne/Jennifer (uno de los grandes personajes femeninos de los últimos años), pero ya se sabe que los hombres fallan inevitablemente en el cine contemporáneo, y más si son franceses, y más si además son de París, y si le dan a la filosofía ya ni te cuento.

L'avenir es otra cosa, y para empezar se nota que Mia Hansen-Love ha respirado el mismo aire que sus protagonistas, una pareja de profesores de filosofía que llevan a cuestas 25 años de matrimonio, detalle este biográficamente importante para el que esto escribe porque yo también llevo 25 años casado y puedo dar fe del éxito a la hora de poner en escena una relación de tantos años, y esto es todo lo que cuento del argumento, que la peli se estrena mañana y es probable que alguno de los diez o doce lectores de esta entrada no haya visto la película, y celebrar que su directora haya podido desarrollar una carrera continuada (35 años-5 películas) que ha girado, en cierta manera, sobre el carácter epigonal de la cultura de nuestro tiempo, encarnado en personajes de alguna manera periféricos a la creación: profesores, DJ, productores de cine...


martes, 6 de septiembre de 2016

Nostalgia de la carne

Resulta curioso descubrir cómo el cine va anticipando la realidad. Viendo Depredador (Predator, 1987), probablemente una de las últims películas de aventuras interesantes que nos ha dado el cine americano (y ya va para los 30 años...) me di cuenta de que los Estados Unidos ya daban por ganada su guerra con Rusia (por aquel entonces Unión Soviética): el descubrimiento y asalto de la base guerrillera tutelada por asesores rusos ya no daba apenas ni para un corto, y para vender un antagonista a la altura del poderío norteamericano al gran público había que traerlo del espacio exterior, un sitio muy socorrido porque puedes adjudicarle las características que te dé la gana (si hay algún lector joven de este blog le cuento que por aquellos tiempos Reagan sufragaba a manos llenas a los integristas islámicos en Afganistán, así que los árabes radicalizados no habían entrado todavía en el imaginario colectivo como los malos para todo).

Para los chavales de hoy, Depredador debe de entrar en el mismo saco que Beau geste o Las cuatro plumas, narrativa de abueletes de la época del Imperio: los americanos mandan drones vacíos a hacer los trabajos sucios, las versiones actuales de Dutch/Swarzennegger tienen menos chicha y más tecnología (Tom Cruise, Matt Damon, ellos ya también en declive), los Bourne, Bond, Hunt se mueven en entornos urbanos del mundo entero, Stallone fracasa estrepitosamente al intentar reintroducir la fisicidad (geriátrica) con su serie de Los mercenarios, la jungla ha sido abandonada por el cine mainstream y ha sido colonizada definitivamente por el cine "de autor": Lisandro Alonso,
Apichatpong...

Irónicamente, un remake actual creíble sólo sería posible "desde el otro lado": hoy día son los rusos y, sobre todo, los iraníes los que tienen comandos operando en zona de guerra y combatiendo a grupos armados asesorados en muchos casos por militares norteamericanos.


miércoles, 17 de agosto de 2016

El cinéfilo en verano: el blog abraza la modernidad

Hace unos días me senté al ordenador (¿ante el ordenador?¿frente al ordenador?) y fui invadido por una experiencia que a los escritores de antaño causaba pavor, pero que a los modernos llena de entusiasmo, o al menos eso parece, viendo como un número considerable ha hecho fortuna llenando páginas y más páginas acerca de la imposibilidad de escribir, el bloqueo creativo, el infierno de la página/pantalla en blanco, esas cosas... 

Pues ahí estaba yo, exultante ante la impotencia que sufría a la hora de enhebrar un triste párrafo sobre...¡El exorcista! Lo curioso es que la peli reúne prácticamente todos los temas de los que escribo una y otra vez, padres ausentas, madres (medio) locas, hijas psicóticas, pulsiones desatadas, palabras simbólicas agotadas, nostalgia y choteo del relato clásico... Pues nada, por fin la inspiración me había visitado y me encontraba en un callejón teórico sin salida, enaltecido ante mi bloqueo creativo, sin duda la marca de los elegidos. 

La verdad es que al principio tomé el camino cobarde y mediocre de no escribir nada, ya que nada se me ocurría, pero luego pensé que quién era yo para enmendar la plana a tanto predecesor célebre, si bien lamento defraudar las expectativas que sin duda he levantado con este breve introducción, ya que la cosa se va a quedar en estos tres párrafos, cuando probablemente mis fieles lectores hubieran deseado, que sé yo, dos mil páginas sobre la (fascinante) imposibilidad de escribir una entrada sobre la niña del exorcista. 

martes, 7 de junio de 2016

Vidas (polacas) paralelas

Cuando Jerzy Skolimowski presentó hace unos años en Cannes la muy interesante Cuatro noches con Anna no se cansó de repetir que llevaba 17 años sin hacer cine debido (entre otras cosas) a que su última película había sido una infamia ignominiosa o una ignominia infame en la que no se reconocía en absoluto, ¿y qué es lo que había hecho el bueno de Jerzy 17 años atrás? Pues la adaptación de Ferdydurke, que probablemente sea la novela polaca más famosa del siglo XX, aunque yo creo que a día de hoy son los Diarios lo que más se lee de Gombrowicz. No conozco a nadie que haya visto esta peli, así que poco puedo decir de las razones de su director para tamaño odio. Skolimowski haría después Essential killing, un remake de un Rambo (en realidad, de Acorralado) al que le hubieran suprimido los diálogos, y el mes que viene proyectan su último trabajo, 11 minut (que para los que no sepan polaco quiere decir 11 minutos), en la Filmoteca española, la misma sala que ha conocido la primera proyección madrileña de Cosmos, última película realizada por Zulawski antes de morir. Zulawski llevaba 15 años sin rodar, desde que hiciera La infidelidad, y decidió retomar su carrera donde Skolimowski la había dejado, adaptando al más argentino de los escritores polacos. Desconozco si el director de Lo importante es amar estaba contento con su adaptación, en la que elige un registro muy arriesgado, el de la excentricidad, para trasponer el tema eterno de Gombrowicz, la imposibilidad tanto de articular un sentido en la realidad como de habitar en esa ausencia, por lo que sus personajes, que andan inmersos en fregados históricos de considerable importancia como la ocupación alemana, se dedican a prestar atención a las chorradas más insignificantes, alérgicos como son a las grandes palabras. Tampoco sé si el realizador polaco era consciente del tiempo que le quedaba de vida, pero como testamento Cosmos es una obra bastante desconcertante, si bien lo mismo se podría decir como obra literaria de madurez. Según me cuentan en su pase en el festival de las Palmas fue recibida de uñas, pero del cine Doré todos salimos muy contentos, probablemente porque se necesita mucha energía para mantenerse sin desfallecimientos en ese grotesque tan excéntrico.   

martes, 24 de mayo de 2016

Top Ten Cannes 2016

La conspiración que me ha impedido acudir a Cannes este año me ha permitido seguir el certamen desde la lejanía, lo que va a hacer posible realizar un balance más extenso y completo de lo que era habitual, al no estar constreñido por las películas que había visto: como diría un sabio taoísta, al no haber visto ninguna puedes hablar de todas. Aquí va lo más molón de este Cannes:

1- Francia tiene paletos geniales
En España queremos sacar campesinos y nos sale El olivo, que parece el director´s cut del anuncio de Casa Tarradellas. Francia tiene a Guiraudie y a Dumont. Por lo leído, resulta evidente que ningún crítico madrileño se tomó la molestia de pasarse por la filmo a ver el ciclo de tapadillo que le dedicaron al director de El desconocido del lago. Los que nos lo pasamos pipa estamos deseando ver Rester vertical. Ma loute va en el pack.

2- El imperio (heteropatriarcal) contraataca
De un par de años a esta parte sólo dos pelis se han acercado con grandeza al tema del matrimonio: Love is strange y E agora? Lembra me. El matrimonio heterosexual parecía desterrado a las TV movies, pero Cannes programó el mismo día Loving y Paterson, un programa doble que explora el lado heroico y sublime (respectivamente) que puede tener el compromiso matrimonial. A los franceses no acabó de convencerles (esclavos como son los pobres de la perversión, merecido castigo por haber dado cancha al cretino de Lacan), pero la crítica internacional levitó.

3- Rumanos y gitanos, primos hermanos
Los periodistas patrios se tomaron como una afrenta personal que el festival programara dos pelis rumanas en la sección a competición. Para vengarse, comentaron al unísono que Sieranevada ya la había hecho Berlanga mucho mejor. De Mungiu, alguien dijo a la salida del cine que como 4 meses... ninguna, y todos decidieron copiar el comentario para ahorrarse trabajo.

4- Padres e hijas
Si las madres son omnipresentes en el cine contemporáneo (ahí tenemos a Dolan, que no habla de otra cosa) los padres han retornado a la alfombra roja por todo lo grande: todo el mundo se hacía eco del éxito de Toni Erdmann, una peli de un padre que va al rescate de su hija. Por descontado, este "deseo de padre" sólo es perdonado (y ensalzado) si viene de una mujer. Graduation, de Mungiu, también tiene sus fans, pero menos.

5- El cine siempre necesitará chicas guapas
Igual luego son malas, pero uno no puede dejar de percibir cierto puritanismo progre en la inquina con la que han sido recibidas algunas películas en cuyo centro se encontraban guapísimas actrices,  para más inri filmadas en todo su esplendor: ya sólo por ver a sus protas me voy a acercar a ver Personal shopper, The neon demon, y hasta American honey.

6- El cine español lo peta
Había cuatro españoles por Cannes, y todos han pillado. Timecode se ha llevado el premio al mejor corto de la sección oficial, y eso que desde el principio se consideró el mejor corto de la sección oficial. Lo de Mimosas tiene todavía más mérito, porque hay consenso universal de que era la mejor peli de la Semana de la Crítica, y va y le dan el premio a la mejor peli de la semana de la crítica. El pobre Serrra se va hundido de tantas alabanzas que se ha llevado La muerte de Luis XIV, que la mitad de los críticos han considerado lo mejor visto en el certamen; en una de estas hasta Boyero lo elogia. Almodóvar ha tenido la suerte de no estar en el palmarés el año en que se ha consensuado que recibir un premio es una afrenta porque las buenas de verdad se han quedado fuera.

7- La familia for ever
Si las parejas en crisis ya sólo se llevan en Irán (aunque Farhadi haya pillado cacho en la gala de clausura) la familia es incombustible. Ahí tenemos Sieranevada y a Dolan, que ya ha instituido y perfeccionado su histriónica manera de agradecer los inevitables premios que sobre él derraman. Para estupor de propios y extraños, los críticos españoles se han quejado de que la familia del canadiense gritaba mucho. Se ve que todos se han criado entre cartujos.

8- El presente es mujer
Una de las hipótesis estrellas de este blog, la de que ya sólo hay relatos para los personajes femeninos, vuelve a demostrarse en esta edición de Cannes: Aquarius, Elle, Victoria, Personal shopper, Ma' Rose...si la polémica sobre las pocas directoras que presentan sus trabajos en el festival está en los media es porque se trata de un debate intrascendente. De mucho más calado es la reflexión de por qué han desaparecido los trayectos narrativos para los sujetos masculinos.

9- Viejos
En el top five hay que situar Le cancre, que el renacidamente prolífico Paul Vecchiali ha presentado en alguna sección rara. Hay algo fascinante en la pulsión creativa que les entra a algunos directores cuando pasan de los 70. Aunque sólo sea por eso merecerá la pena echarle un vistazo a lo que han hecho Bellochio, Schrader, Allen o Loach...   

10- Siempre nos quedará Asia
Si el año pasado a mí me encantó Jia Zhangke y al resto del universo Hou Hsiao Hsien, este año Park Chan-wook y Brillante Mendoza han tenido bastantes menos palmeros. Nos quedamos con lo último de Rithy Pahn y (para que no se nos acuse de exquisitos) de Na Hong-jin, sin olvidarnos de Nadav Lapid (en este blog Israel está en Asia). E incluimos aquí La tortuga roja, el anime francés de Ghibli.