lunes, 26 de septiembre de 2016

Del antagonismo como una de las bellas artes

Sería hermoso poder decir que leemos los tomos del Salón de pasos perdidos para disfrutar de las brillantes y bucólicas descripciones que Trapiello hace del paisaje extremeño cuando pasa las vacaciones en un terreno que tiene cerca de Trujillo. Pero a quién vamos a engañar: los highlights de esa potencialmente infinita novela en marcha son dos: las hilarantes descripciones que hace de algunos actos sociales del mundillo literario, saraos como conferencias, entregas de premios o cenas con escritores, y los despellejamientos que hace de sus enemigos, frecuentemente escondidos tras una transparente X que los lectores de las bibliotecas se han dedicado a identificar. Trapiello mantiene fobias asentadas (Javier Marías -al que llama de vez en cuando el pijo volatinero- probablemente por encima de todas -con la excepción tal vez de Sánchez-Ostiz-, Goytisolo, Valente & Tapies, Ginferrer) a los que dedica páginas en todos los volúmenes, mientras que a los críticos (Echevarría, Bértolo, Conte) los suele despachar en una entrega y a otra cosa mariposa. A veces le coge cariño a algún antagonismo de nuevo cuño y lo incorpora a la nómina de damnificados, y eso ha ocurrido con Vila-Matas, con el que coincidió en un viaje a México y para qué queremos más. He aquí un fragmento del último volumen publicado, Seré duda, que corresponde a 2005:

   En el campo las cosas acaban teniendo mucha más gracia, hasta el periódico resulta más cómico. Hoy, domingo, en la contra de El País, venía una entrevista con don Preferiría No Hacerlo, el hombre acaso más activo en eso que se llama con seriedad "mi carrera", o sea, "la carrera". Destacan una de las frases que sin duda consideran de una gran hondura: "Yo soy optimista, pero sin duda las cosas siempre acaban mal". Con frases así rellena luego unos frascos de frascaseína, que vende como elixir de la modernidad a todos los pijos yupis de por ahí, que se lo toman para hacer la digestión del caviar gauche que es en ellos el pan de cada día.

Aquí la entrevista de marras...

sábado, 24 de septiembre de 2016

Tiburón, o el shock de la escena primaria

Estas últimas semanas me he estado viendo películas norteamericanas de los años 70, una década para mí desconocida, ya que apenas era un niño entonces, y en los 80, cuando comencé mi carrera cinéfila, me convertí en un snob (cosa que, afortunadamente, no he dejado de ser) que se negaba a ver nada que no fuera rarísimo. Por primera vez me he visto El exorcista, Marathon man, The driver, Carrie, Gloria (bueno, esta es que no me acordaba de nada) y Tiburón. Aparte de un pesimismo casi metafísico que parece impregnar todo lo hecho en esa época, resulta curiosa la extraña postración ante lo que se podría llamar (tics del) cine europeo: se ve que el cine norteamericano andaba tan en crisis como su sociedad y se dedicaba a copiar las ocurrencias de sus primos del otro lado del charco, con mención honorífica para Walter Hill, cuyos actores van permanentemente con tal cara de palo que a su lado los de Bresson parecen que están de fiesta continua.

Tiburón es otra cosa. De entrada ya Spielberg dejó claro su lado puritano: al margen de que es obvio que nunca pisó una playa con unos colegas hippies, el celebérrimo comienzo de Jaws muestra lo que opinaba sobre el libertinaje sexual, si bien siempre se podrá discutir si la joven es devorada por mor de su desenvoltura erótica o por culpa de la torpeza de su partenaire masculino.

Lo siguiente que salta a la vista es que el director no estaba casado en esa época, ya que ese matrimonio con niño parece más una ensoñación idealizada de un joven que creció en un hogar monoparental (léase madre separada) que la puesta en escena de una vivencia personal (por poner un ejemplo de otra película vista recientemente: La semilla del diablo es la obra de alguien que sabe lo que es el matrimonio, aunque sólo sea por la sordidez -que parece de primera mano- que transmiten algunas de las escenas de pareja). Ese niño asiste a una escena que le provoca un enorme impacto: ve como la enorme boca de un tiburón se zampa a un bañista que está a pocos metros de él, en la laguna interior de la playa de la isla donde transcurre el film. Spielberg dedica una larga secuencia a mostrar el trauma provocado por esta visión, secuencia que introduce un cambio argumental en la película, ya que es a partir de ese momento, y a demanda expresa de la madre, cuando el padre parte en compañía de los otros dos protagonistas masculinos a cazar al monstruo en la parte más Moby Dick de Tiburón, parte que vamos a dejar de lado para centrarnos en la secuencia citada. El hecho de que transcurra en una laguna interior, podríamos decir maternal (aguas tranquilas y protectoras, ausencia de peligro, ninguna amenaza de lo real exterior) nos da la pista de lo que el niño ve: una escena primaria en la que la delicada imago materna deviene un monstruo (de goce) devorador, una vagina dentata enorme que aniquila de un bocado a la figura paterna. 

jueves, 22 de septiembre de 2016

La filosofía o la vida

Dos de las películas que más me han gustado de las estrenadas en nuestro país en los últimos meses tienen como protagonistas a profesores de filosofía, es más, a profesores de filosofía...parisinos. 

Lucas Belvaux, que es belga, apenas puede disimular la tirria (por lo que sé, compartida por toda la Europa francófona) que le tiene a los parisinos en general, y al protagonista de Pas son genre en particular, que incluso parece que podría ser redimido de su parisinidad por su maravillosa partenaire Émilie Dequenne/Jennifer (uno de los grandes personajes femeninos de los últimos años), pero ya se sabe que los hombres fallan inevitablemente en el cine contemporáneo, y más si son franceses, y más si además son de París, y si le dan a la filosofía ya ni te cuento.

L'avenir es otra cosa, y para empezar se nota que Mia Hansen-Love ha respirado el mismo aire que sus protagonistas, una pareja de profesores de filosofía que llevan a cuestas 25 años de matrimonio, detalle este biográficamente importante para el que esto escribe porque yo también llevo 25 años casado y puedo dar fe del éxito a la hora de poner en escena una relación de tantos años, y esto es todo lo que cuento del argumento, que la peli se estrena mañana y es probable que alguno de los diez o doce lectores de esta entrada no haya visto la película, y celebrar que su directora haya podido desarrollar una carrera continuada (35 años-5 películas) que ha girado, en cierta manera, sobre el carácter epigonal de la cultura de nuestro tiempo, encarnado en personajes de alguna manera periféricos a la creación: profesores, DJ, productores de cine...


martes, 6 de septiembre de 2016

Nostalgia de la carne

Resulta curioso descubrir cómo el cine va anticipando la realidad. Viendo Depredador (Predator, 1987), probablemente una de las últims películas de aventuras interesantes que nos ha dado el cine americano (y ya va para los 30 años...) me di cuenta de que los Estados Unidos ya daban por ganada su guerra con Rusia (por aquel entonces Unión Soviética): el descubrimiento y asalto de la base guerrillera tutelada por asesores rusos ya no daba apenas ni para un corto, y para vender un antagonista a la altura del poderío norteamericano al gran público había que traerlo del espacio exterior, un sitio muy socorrido porque puedes adjudicarle las características que te dé la gana (si hay algún lector joven de este blog le cuento que por aquellos tiempos Reagan sufragaba a manos llenas a los integristas islámicos en Afganistán, así que los árabes radicalizados no habían entrado todavía en el imaginario colectivo como los malos para todo).

Para los chavales de hoy, Depredador debe de entrar en el mismo saco que Beau geste o Las cuatro plumas, narrativa de abueletes de la época del Imperio: los americanos mandan drones vacíos a hacer los trabajos sucios, las versiones actuales de Dutch/Swarzennegger tienen menos chicha y más tecnología (Tom Cruise, Matt Damon, ellos ya también en declive), los Bourne, Bond, Hunt se mueven en entornos urbanos del mundo entero, Stallone fracasa estrepitosamente al intentar reintroducir la fisicidad (geriátrica) con su serie de Los mercenarios, la jungla ha sido abandonada por el cine mainstream y ha sido colonizada definitivamente por el cine "de autor": Lisandro Alonso,
Apichatpong...

Irónicamente, un remake actual creíble sólo sería posible "desde el otro lado": hoy día son los rusos y, sobre todo, los iraníes los que tienen comandos operando en zona de guerra y combatiendo a grupos armados asesorados en muchos casos por militares norteamericanos.


miércoles, 17 de agosto de 2016

El cinéfilo en verano: el blog abraza la modernidad

Hace unos días me senté al ordenador (¿ante el ordenador?¿frente al ordenador?) y fui invadido por una experiencia que a los escritores de antaño causaba pavor, pero que a los modernos llena de entusiasmo, o al menos eso parece, viendo como un número considerable ha hecho fortuna llenando páginas y más páginas acerca de la imposibilidad de escribir, el bloqueo creativo, el infierno de la página/pantalla en blanco, esas cosas... 

Pues ahí estaba yo, exultante ante la impotencia que sufría a la hora de enhebrar un triste párrafo sobre...¡El exorcista! Lo curioso es que la peli reúne prácticamente todos los temas de los que escribo una y otra vez, padres ausentas, madres (medio) locas, hijas psicóticas, pulsiones desatadas, palabras simbólicas agotadas, nostalgia y choteo del relato clásico... Pues nada, por fin la inspiración me había visitado y me encontraba en un callejón teórico sin salida, enaltecido ante mi bloqueo creativo, sin duda la marca de los elegidos. 

La verdad es que al principio tomé el camino cobarde y mediocre de no escribir nada, ya que nada se me ocurría, pero luego pensé que quién era yo para enmendar la plana a tanto predecesor célebre, si bien lamento defraudar las expectativas que sin duda he levantado con este breve introducción, ya que la cosa se va a quedar en estos tres párrafos, cuando probablemente mis fieles lectores hubieran deseado, que sé yo, dos mil páginas sobre la (fascinante) imposibilidad de escribir una entrada sobre la niña del exorcista. 

martes, 7 de junio de 2016

Vidas (polacas) paralelas

Cuando Jerzy Skolimowski presentó hace unos años en Cannes la muy interesante Cuatro noches con Anna no se cansó de repetir que llevaba 17 años sin hacer cine debido (entre otras cosas) a que su última película había sido una infamia ignominiosa o una ignominia infame en la que no se reconocía en absoluto, ¿y qué es lo que había hecho el bueno de Jerzy 17 años atrás? Pues la adaptación de Ferdydurke, que probablemente sea la novela polaca más famosa del siglo XX, aunque yo creo que a día de hoy son los Diarios lo que más se lee de Gombrowicz. No conozco a nadie que haya visto esta peli, así que poco puedo decir de las razones de su director para tamaño odio. Skolimowski haría después Essential killing, un remake de un Rambo (en realidad, de Acorralado) al que le hubieran suprimido los diálogos, y el mes que viene proyectan su último trabajo, 11 minut (que para los que no sepan polaco quiere decir 11 minutos), en la Filmoteca española, la misma sala que ha conocido la primera proyección madrileña de Cosmos, última película realizada por Zulawski antes de morir. Zulawski llevaba 15 años sin rodar, desde que hiciera La infidelidad, y decidió retomar su carrera donde Skolimowski la había dejado, adaptando al más argentino de los escritores polacos. Desconozco si el director de Lo importante es amar estaba contento con su adaptación, en la que elige un registro muy arriesgado, el de la excentricidad, para trasponer el tema eterno de Gombrowicz, la imposibilidad tanto de articular un sentido en la realidad como de habitar en esa ausencia, por lo que sus personajes, que andan inmersos en fregados históricos de considerable importancia como la ocupación alemana, se dedican a prestar atención a las chorradas más insignificantes, alérgicos como son a las grandes palabras. Tampoco sé si el realizador polaco era consciente del tiempo que le quedaba de vida, pero como testamento Cosmos es una obra bastante desconcertante, si bien lo mismo se podría decir como obra literaria de madurez. Según me cuentan en su pase en el festival de las Palmas fue recibida de uñas, pero del cine Doré todos salimos muy contentos, probablemente porque se necesita mucha energía para mantenerse sin desfallecimientos en ese grotesque tan excéntrico.   

martes, 24 de mayo de 2016

Top Ten Cannes 2016

La conspiración que me ha impedido acudir a Cannes este año me ha permitido seguir el certamen desde la lejanía, lo que va a hacer posible realizar un balance más extenso y completo de lo que era habitual, al no estar constreñido por las películas que había visto: como diría un sabio taoísta, al no haber visto ninguna puedes hablar de todas. Aquí va lo más molón de este Cannes:

1- Francia tiene paletos geniales
En España queremos sacar campesinos y nos sale El olivo, que parece el director´s cut del anuncio de Casa Tarradellas. Francia tiene a Guiraudie y a Dumont. Por lo leído, resulta evidente que ningún crítico madrileño se tomó la molestia de pasarse por la filmo a ver el ciclo de tapadillo que le dedicaron al director de El desconocido del lago. Los que nos lo pasamos pipa estamos deseando ver Rester vertical. Ma loute va en el pack.

2- El imperio (heteropatriarcal) contraataca
De un par de años a esta parte sólo dos pelis se han acercado con grandeza al tema del matrimonio: Love is strange y E agora? Lembra me. El matrimonio heterosexual parecía desterrado a las TV movies, pero Cannes programó el mismo día Loving y Paterson, un programa doble que explora el lado heroico y sublime (respectivamente) que puede tener el compromiso matrimonial. A los franceses no acabó de convencerles (esclavos como son los pobres de la perversión, merecido castigo por haber dado cancha al cretino de Lacan), pero la crítica internacional levitó.

3- Rumanos y gitanos, primos hermanos
Los periodistas patrios se tomaron como una afrenta personal que el festival programara dos pelis rumanas en la sección a competición. Para vengarse, comentaron al unísono que Sieranevada ya la había hecho Berlanga mucho mejor. De Mungiu, alguien dijo a la salida del cine que como 4 meses... ninguna, y todos decidieron copiar el comentario para ahorrarse trabajo.

4- Padres e hijas
Si las madres son omnipresentes en el cine contemporáneo (ahí tenemos a Dolan, que no habla de otra cosa) los padres han retornado a la alfombra roja por todo lo grande: todo el mundo se hacía eco del éxito de Toni Erdmann, una peli de un padre que va al rescate de su hija. Por descontado, este "deseo de padre" sólo es perdonado (y ensalzado) si viene de una mujer. Graduation, de Mungiu, también tiene sus fans, pero menos.

5- El cine siempre necesitará chicas guapas
Igual luego son malas, pero uno no puede dejar de percibir cierto puritanismo progre en la inquina con la que han sido recibidas algunas películas en cuyo centro se encontraban guapísimas actrices,  para más inri filmadas en todo su esplendor: ya sólo por ver a sus protas me voy a acercar a ver Personal shopper, The neon demon, y hasta American honey.

6- El cine español lo peta
Había cuatro españoles por Cannes, y todos han pillado. Timecode se ha llevado el premio al mejor corto de la sección oficial, y eso que desde el principio se consideró el mejor corto de la sección oficial. Lo de Mimosas tiene todavía más mérito, porque hay consenso universal de que era la mejor peli de la Semana de la Crítica, y va y le dan el premio a la mejor peli de la semana de la crítica. El pobre Serrra se va hundido de tantas alabanzas que se ha llevado La muerte de Luis XIV, que la mitad de los críticos han considerado lo mejor visto en el certamen; en una de estas hasta Boyero lo elogia. Almodóvar ha tenido la suerte de no estar en el palmarés el año en que se ha consensuado que recibir un premio es una afrenta porque las buenas de verdad se han quedado fuera.

7- La familia for ever
Si las parejas en crisis ya sólo se llevan en Irán (aunque Farhadi haya pillado cacho en la gala de clausura) la familia es incombustible. Ahí tenemos Sieranevada y a Dolan, que ya ha instituido y perfeccionado su histriónica manera de agradecer los inevitables premios que sobre él derraman. Para estupor de propios y extraños, los críticos españoles se han quejado de que la familia del canadiense gritaba mucho. Se ve que todos se han criado entre cartujos.

8- El presente es mujer
Una de las hipótesis estrellas de este blog, la de que ya sólo hay relatos para los personajes femeninos, vuelve a demostrarse en esta edición de Cannes: Aquarius, Elle, Victoria, Personal shopper, Ma' Rose...si la polémica sobre las pocas directoras que presentan sus trabajos en el festival está en los media es porque se trata de un debate intrascendente. De mucho más calado es la reflexión de por qué han desaparecido los trayectos narrativos para los sujetos masculinos.

9- Viejos
En el top five hay que situar Le cancre, que el renacidamente prolífico Paul Vecchiali ha presentado en alguna sección rara. Hay algo fascinante en la pulsión creativa que les entra a algunos directores cuando pasan de los 70. Aunque sólo sea por eso merecerá la pena echarle un vistazo a lo que han hecho Bellochio, Schrader, Allen o Loach...   

10- Siempre nos quedará Asia
Si el año pasado a mí me encantó Jia Zhangke y al resto del universo Hou Hsiao Hsien, este año Park Chan-wook y Brillante Mendoza han tenido bastantes menos palmeros. Nos quedamos con lo último de Rithy Pahn y (para que no se nos acuse de exquisitos) de Na Hong-jin, sin olvidarnos de Nadav Lapid (en este blog Israel está en Asia). E incluimos aquí La tortuga roja, el anime francés de Ghibli.

sábado, 21 de mayo de 2016

Sarandon & Deneuve

Aunque mis compañeros de mesa tienen la idea de que no veo nada por debajo de Bresson o Dreyer, cual epígono intelectual de Schrader, la verdad es que soy bastante más omnívoro que casi todos los cinéfilos que conozco. Esta introducción es para comentar un nuevo género que he descubierto recientemente y que bautizaría (porque dudo que nadie le haya puesto nombre) como cine trash de buen gusto, y donde metería cosas como Zombis nazis, Bone tomahawk o Zombeavers, películas supuestamente gamberras de factura técnica tan impecable como insípida (Bone tomahawk además con ínfulas autorales, se ve que su director era el primero de la clase de su escuela de cine). No hace falta decir que cualquier Lucio Fulci molaba mucho más.

Y entramos en harina (teórica). Susan Sarandon (señora que a muchos amigos cae muy bien, no sé por qué) ha pasado por Cannes comentando varias cosas, entre ellas alguna corrección sobre su personaje que hizo desde su sabiduría y experiencia a un novato  Tony Scott en El ansia, un gore esteticista de la primera mitad de los 80, y que me he vuelto a ver gracias a Filmin. La verdad es que en su día no me gustó, pero vista hoy ha ganado puntos: ver en la ducha a  Deneuve y a Bowie juntos impacta, aunque resulte obvio que los planos de cuerpos pertenecen a dobles. También molan más ahora después de haber visto como Von Triers copia/homenajea la secuencia en el comienzo de Antichrist(o). Descubro que Tony Scott había visto Arrebato. Descubro que a Tony Scott le gustaba el giallo. Descubro que la Deneuve ha hecho un montón de películas rarísimas y que nunca se le ha reconocido, que si la gran dama del cine francés y cuando miras su filmografía siempre anda enredada con marcianos, el último Vecchiali. Descubro que Bowie anticipó su deterioro físico de una manera que, vista hoy, da un plus de potencia a la película. Que Tony Scott utilizó los filtros azules de una manera insufrible desde el principio. Que no hay vampiros pobres, aunque aquí tengan que vivir en el museo Cerralbo. Y que el principal hándicap del film (que anticipa el insoportable lesbian chic que nos invade) es que nadie se puede creer que ninguna vampira, aún después de milenios de convivencia, prefiera a la pavisosa progre de la Sarandon antes que a Bowie aunque tenga insomnio. 

viernes, 20 de mayo de 2016

El hombre sin atributos (ficcionales)

Hoy estrenan (al menos en Madrid) La venganza de una mujer y Más allá de las montañas, para mi gusto dos de las mejores películas que podremos ver este año y que muestran la buena salud de ese género que tan versátil se está mostrando en nuestros tiempos que es el melodrama. Las dos giran en torno a una mujer, en referencia tanto al personaje central de la trama como al cuerpo (y la voz) de la actriz que la encarna (característica esta que comparte con mis películas favoritas de este año, Mia Madre, Julieta y Cemetery of splendeur). En el caso de la sublime película de Rita Acevedo la narración nos muestra a una mujer cuya entrada en campo, tanto su discurso como su presencia física, abate al personaje masculino que parecía llamado a articular el relato, condenándole al silencio y a los márgenes de la puesta en escena. 

Si bien los medios se llenan de noticias sobre la falta de mujeres en la dirección o la discriminación salarial en Hollywood (con involuntariamente hilarantes piezas en los informativos en las que se nos informa de que Robin Wright ha conseguido igualar su salario con Kevin Spacey en House of cards) el motivo de reflexión debería ser el por qué de esta ausencia de relatos para personajes masculinos: de lo que he visto este año de cine reciente podría destacar El francotirador, que es principalmente una relectura de El sargento York que certifica la desaparición en nuestra contemporaneidad de la vía heroica.

jueves, 19 de mayo de 2016

De Godard a Apichatpong

El otro día me vi el fragmento de Histoire(s) du cinéma en el que salía Serge Daney diciendo cosas bastante interesantes (como casi siempre) mientras era interrumpido de vez en cuando por Godard farfullando banalidades incoherentes (también como casi siempre). Ya he comentado alguna vez el eterno desconcierto que me produce el arrobamiento con que suelen ser recibidas las palabras del director suizo, que en la mayoría de los casos no pasan de boutades sin sentido aptas, eso sí, para las exégesis más enrevesadas (afortunadamente, para sus muy hermosas películas tira a mansalva de citas ajenas). No deja de ser curioso que se recuerde menos una de sus confesiones más sinceras, cuando se definía a sí mismo como un director menor.

Entre sus aforismos más famosos se encuentra el que profiere en Notre musique acerca de la creación del estado de Israel y la entrada de los judíos en la ficción y de los palestinos en el documental, y al que se le pueden dar muchas vueltas, pero que aquí vamos a cruzar con el comienzo de Mysterious objet at noon, primer largometraje de A. Weerasethakul que ahora anda dando vueltas por España de la mano de Capricci, cuando la cámara, tras un largo paseo por alguna ciudad tailandesa, se detiene en un puesto ambulante y le pide a la joven que lo atiende que cuente una historia. La chica narra un momento realmente dramático de su vida, cuando prácticamente fue vendida por sus padres, que eran pobres, a un familiar. El interlocutor la interrumpe para decirle que eso está bien, pero que lo que ellos quieren es una historia de ficción, y así nuestra entrevistada se convierte en la primera narradora de la marcianada (en varios sentidos) que se irá desarrollando a lo largo de este film que ya tiene su pequeño culto.

Y esta escena fundacional se puede considerar una especie de manifiesto estético por el que el director reclama el derecho para (lo que solía llamarse) el tercer mundo a entrar en la ficción y no ser simplemente objeto de documental, esto es, sufrir la condena de no poder hacer otra cosa que articular una enumeración de penalidades e injusticias, como les pasa a los palestinos, eternas víctimas hoy algo preteridas por desgracias más mediáticas.  

martes, 26 de abril de 2016

Todos los franceses (blancos) son buenos

Acaba de estrenarse una película francesa aquí titulada Los recuerdos y cuya mejor baza publicitaria, a juicio de su distribuidora (Filmax), es el nombre de su coguionista (y autor del libro en el que está basado), David Foenkinos, que debe de ser como una marca de fábrica. Foenkinos escribió La delicadeza, novela y guión, y creo que la dirigió también, aunque esto del rodaje le debió de parecer un rollo y le ha dejado para su nueva obra esa trabajosa tarea a un colega (en concreto, Jean-Paul Rouve), que se ve que aguantar actores no es cosa de gente bien. De este filón francés tan exportable de peli feel good o buen rollito sólo había visto Intocable, cuya eficacia narrativa era tan primaria que a uno le daba vergüencilla terminársela. Esta es parecida, lo que traducido a la refinada terminología que nos gastamos en este blog quiere decir que cualquier atisbo de conflicto social debido a diferencias de clase o de status (o de género o de etnia) es subsumido en un potaje narrativo en el que los pequeños desajustes que sufren sus encantadores personajes son finalmente resueltos gracias a la heroica asunción de las pequeñas virtudes burguesas. Por poner un ejemplo colateral que no spoilea en exceso la peli, aquí uno de los protas comparte piso con un árabe que persigue tan infatigable como inútilmente francesitas que se lo quitan de encima con un golpe de pestañas, un contrapunto cómico que barre debajo de la alfombra todo el imaginario occidental acerca de la amenaza sexual que los otros (negros, moros, japoneses) representan para nuestras mujeres. 

domingo, 24 de abril de 2016

Una tarde con Olmos

Alberto Olmos fue finalista del Herralde con 23 años en la década prodigiosa de la literatura veinteañera, la última del siglo XX. Por razones que desconozco publicó sus siguientes libros en Lengua de trapo, editorial que siempre confundo con Caballo de Troya. Por el camino empezó a publicar un exitoso blog de literatura, Lector malherido, cuyo tono destroyer ha causado furor y devastación en la red. Tras su meritoriaje ha publicado sus dos últimas novelas en ese cajón de sastre que es Random House. El viernes pasado vino a la biblioteca de mi barrio por eso del día del libro, y gracias a ello pude sentirme partícipe de uno de esos desternillantes actos que pueblan los diarios de Trapiello. Éramos menos de 20 personas en la sala, de los que calculo que no más de cinco habíamos leído algo del escritor segoviano, que escuchó impetérrito como se establecía entre el público un diálogo demencial en el que se recomendaba leer El Quijote en los resúmenes para niños o en su adaptición a dibujos animados. Ayer hacía un comentario en su blog no sobre la conferencia sino sobre el barrio donde tuvo lugar, que descrito por él podría ser Mogadisco. Hoy he terminado de leer El talento de los demás, una especie de ejercicio brillante de alumno aventajado. En la solapa aparecen 27 títulos de la colección Nueva Biblioteca, de los que sólo he leído este. Samuel Solleiro, Cristina Cerrada, Milagros Frías, Alberto Ávila ¿qué se hizo de ellos?(y así, dos docenas de nombres tragados por el tiempo y el olvido).

domingo, 10 de abril de 2016

Primeros días de abril

Esta semana se ha estrenado La invitación, de la que se pueden destacar tres cosas: ganó el premio gordo del pasado festival de Sitges, está dirigida por una mujer (Karyn Kusama) y la distribuyen Good Films y La Aventura Audiovisual, dos distribuidoras que suelen estrenar al alimón (imagino que para compartir gastos) las pelis que ponen bien en Cahiers du cinema y que luego nadie se acerca a ver a las salas (para el mes que viene anuncian la de Hong Sangsoo que ha aparecido en los top ten más cool del 2015). Si en un listado de lo mejor del año estrenado en España la mitad no son suyas, podemos decir que el listado no merece la pena.
Como mis compañeros de comedor se meten conmigo por lo poco solidario que soy con los problemas de las mujeres cineastas y sus dificultades para haver películas, decidí darme un paseo por la filmografía de Kusama, un tanto exigua: AEon Flux y Jennifer's body, para que se vea que me tomo en serio las diferencias de género en esto del cine (cuando arguyo que soy el que más películas de Naomi Kawase o Claire Denis, o Ida Lupino ha visto de todos los comensales, me contestan que eso entra dentro del cine raro que me gusta sólo a mí: que mujeres cineastas son Icíar Bollaín y la Coixet-así no vamos a ningún lado-). AEon Flux es Charlize Theron vestida de Musidora. Todo lo demás es morralla. Tiene a su favor que vemos a la Theron con el pijama más espectacular de la historia del cine, si bien es inverosímil que ninguna mujer se vaya a la cama con eso (sobre todo sola, como es el caso), aunque si hablamos de una peli en que la heroína asalta una fortaleza de noche con la ropa más blanca que se haya visto nunca, está dicho todo. La excusa narrativa para sacar con ropa ajustada a Charlize era incomprensible, así que antes de la hora abandoné el film a su suerte. 
Jennifer's body es como Déjame entrar, pero en divertido. No entiendo como es que esta peli no es más conocida, ya que tiene uno de esos gestos transgresores por los que tanto se pirran los intelectuales europeos de izquierdas, y es que el film se pitorrea de esa institución tan norteamericana que es el duelo. La prota es la fea de esa ancestral pareja de amigas en la que una es la reina de la fiesta y la otra hace de esclava de sus caprichos. La buenorra es Megan Fox, y la Kusama le saca mucho partido; el lado feminista se nota en el cachondeo con que trata el tema de la vagina dentata. La historia conecta con ese género tan norteamericano de la psicosis adolescente asociado a la experiencia sexual, no es tan buena como It follows, pero se ve bien.
También le he echado un vistazo a dos pelis de Paul Thomas Anderson del principio de su carrera. A PT Anderson empecé a seguirlo con Punch drunk love, y aunque estoy rodeado de fanáticos de Magnolia no la había visto hasta este finde. Me ha parecido bastante inferior a sus dos últimas películas, aunque me la he visto entera, sus tres horas, cosa que no ha ocurrido con Boogie nights que abandoné a la hora. Deberían prohibir los planos secuencia "espectaculares", en plan código Hays de la técnica. Cuanto daño ha hecho el plano de Sed de mal. Voy a empezar una campaña elogiando a Robert Wise por trocearle aquel plano de El cuarto mandamiento por el que tanto lloriqueaba el pesao de Welles, miembro de esa estirpe de pelmazos que no saben terminar una obra, y que tanto mola a los críticos, que siempre le echan la culpa a los productores (Eisenstein, Welles, Erice...).
También me he visto La mujer del cuadro, que hacía décadas que no veía. Ahora tengo la edad del protagonista, y es aterrador verle decir las mismas cosas que digo yo cuando me pasa lo mismo que a él, esto es, me quedo de Rodríguez. La peli es una especie de digest para norteamericanos del Edipo freudiano: A Edward G. Robinson se le aparece el objeto absoluto de sus fantasías y para acceder a él se carga a su dueño (aquí lo de dueño es literal), lo que inicia un proceso de culpa y convoca la aparición de la Ley (el super yo) y la obscenidad (el ello en forma de chantajista). Tiene detalles de genio, como ese rasguño que se hace el héroe y que le infecta la mano derecha, lo que le impide saludar con propiedad a todos los representantes de la ley que se va encontrando, un tema este que tendría mucho futuro en el cine posterior (sólo hay que ver todo el partido que le ha sacado Cronenberg).
Hablando de Cronenberg me he vuelto a ver Maps to the stars, que no ha visto casi nadie, tal vez porque es un remake de All about Eve absolutamente arrasado por la locura y el malrrollismo más extremo.
Para acabar esta entrada, comunico al mundo que a mí me ha gustado bastante Julieta, aunque la noticia sea que Kiki le está dando sopas con hondas en la taquilla. A rey muerto, rey puesto.

martes, 15 de marzo de 2016

WCP

Uno de esos grandes acontecimientos cinematográficos que suelen pasar desapercibidos en Madrid tuvo lugar el mes pasado en la filmoteca, donde en el marco de un ciclo dedicado al cine filipino, además de varios films de Mike de Leon, se proyectó la copia restaurada de Insiang, segunda película de Lino Brocka que pone de punta en blanco el World Cinema Project scorsesiano, y segunda película del director filipino que veo, así que poco puedo decir de él. Insiang (que me pareció tan buena como Manila in the claws of light) tiene un punto de partida griffithiano, un hermosísimo cuerpo femenino convertido en centro de variadas tensiones sociales, familiares y sexuales. 

Más repercusión ha tenido el estreno por la sucursal española de Capricci de Sayat-Nova, también restaurada por el WCP, bastante publicitado (bueno, dentro de lo que se puede publicitar el reestreno de una peli de Paradjanov) con el mantra de que se ha recuperado el montaje del director, al parecer masacrado por la censura soviética, aunque cuando se lee la letra pequeña tras el slogan se descubre que lo que pasó es que a un director ruso le pidieron la tarea imposible de conseguir que se entendiera algo de lo rodado por el director georgiano, sin ánimo de ser irreverente. En cualquier caso el bueno de Paradjanov se tiró un montón de años antes de que pudiera rodar otra obra, la también bastante hermosa y bastante marciana La leyenda de Suram. 

viernes, 19 de febrero de 2016

Dioses y coños

En una reseña de esas escaramuzas de andar por casa con las que el PP llena páginas en La razón me tropiezo con  estos versos que una poeta catalana, Dolors Miquel, leyó en algún acto institucional presidido por el Ayuntamiento de Barcelona (Ada Colau, para entendernos):

Madre nuestra que estás en el celo
santificado sea tu coño

(los versos están escritos en catalán, los he traducido de tal manera que sean lo más parecido al Padrenuestro en castellano, por lo que tal vez se pierda algún matiz del original)

Versos que me dan pie para hablar de la última película de Tarantino, ya que ambos (poema y película) están habitados por idéntica locura, la de la omnipotencia del cuerpo femenino, si bien con matices: mientras que el poema/oración de Dolors participa de ese delirio contemporáneo que sueña con una concepción de la que la figura masculina está radicalmente ausente (siguiendo con el paralelismo con la mitología cristiana, una concepción donde sólo hubiera cuerpo femenino y nada de palabra) la película de Tarantino apunta a ese fantasma que permea toda la historia del cine que es el del cuerpo materno invulnerable: el film es, básicamente, una sucesión de sacrificios humanos necesarios para intentar acabar con esa diosa infernal y excrementicia que, contra toda verosimilitud, amenaza con ser inmortal, una diosa que sólo conoce, por una parte, rituales de humillación, y por otra, la adoración absoluta por parte de un hermano incestuoso-en cualquier caso, una ausencia total de un goce de orden fálico.