miércoles, 17 de agosto de 2016

El cinéfilo en verano: el blog abraza la modernidad

Hace unos días me senté al ordenador (¿ante el ordenador?¿frente al ordenador?) y fui invadido por una experiencia que a los escritores de antaño causaba pavor, pero que a los modernos llena de entusiasmo, o al menos eso parece, viendo como un número considerable ha hecho fortuna llenando páginas y más páginas acerca de la imposibilidad de escribir, el bloqueo creativo, el infierno de la página/pantalla en blanco, esas cosas... 

Pues ahí estaba yo, exultante ante la impotencia que sufría a la hora de enhebrar un triste párrafo sobre...¡El exorcista! Lo curioso es que la peli reúne prácticamente todos los temas de los que escribo una y otra vez, padres ausentas, madres (medio) locas, hijas psicóticas, pulsiones desatadas, palabras simbólicas agotadas, nostalgia y choteo del relato clásico... Pues nada, por fin la inspiración me había visitado y me encontraba en un callejón teórico sin salida, enaltecido ante mi bloqueo creativo, sin duda la marca de los elegidos. 

La verdad es que al principio tomé el camino cobarde y mediocre de no escribir nada, ya que nada se me ocurría, pero luego pensé que quién era yo para enmendar la plana a tanto predecesor célebre, si bien lamento defraudar las expectativas que sin duda he levantado con este breve introducción, ya que la cosa se va a quedar en estos tres párrafos, cuando probablemente mis fieles lectores hubieran deseado, que sé yo, dos mil páginas sobre la (fascinante) imposibilidad de escribir una entrada sobre la niña del exorcista. 

martes, 7 de junio de 2016

Vidas (polacas) paralelas

Cuando Jerzy Skolimowski presentó hace unos años en Cannes la muy interesante Cuatro noches con Anna no se cansó de repetir que llevaba 17 años sin hacer cine debido (entre otras cosas) a que su última película había sido una infamia ignominiosa o una ignominia infame en la que no se reconocía en absoluto, ¿y qué es lo que había hecho el bueno de Jerzy 17 años atrás? Pues la adaptación de Ferdydurke, que probablemente sea la novela polaca más famosa del siglo XX, aunque yo creo que a día de hoy son los Diarios lo que más se lee de Gombrowicz. No conozco a nadie que haya visto esta peli, así que poco puedo decir de las razones de su director para tamaño odio. Skolimowski haría después Essential killing, un remake de un Rambo (en realidad, de Acorralado) al que le hubieran suprimido los diálogos, y el mes que viene proyectan su último trabajo, 11 minut (que para los que no sepan polaco quiere decir 11 minutos), en la Filmoteca española, la misma sala que ha conocido la primera proyección madrileña de Cosmos, última película realizada por Zulawski antes de morir. Zulawski llevaba 15 años sin rodar, desde que hiciera La infidelidad, y decidió retomar su carrera donde Skolimowski la había dejado, adaptando al más argentino de los escritores polacos. Desconozco si el director de Lo importante es amar estaba contento con su adaptación, en la que elige un registro muy arriesgado, el de la excentricidad, para trasponer el tema eterno de Gombrowicz, la imposibilidad tanto de articular un sentido en la realidad como de habitar en esa ausencia, por lo que sus personajes, que andan inmersos en fregados históricos de considerable importancia como la ocupación alemana, se dedican a prestar atención a las chorradas más insignificantes, alérgicos como son a las grandes palabras. Tampoco sé si el realizador polaco era consciente del tiempo que le quedaba de vida, pero como testamento Cosmos es una obra bastante desconcertante, si bien lo mismo se podría decir como obra literaria de madurez. Según me cuentan en su pase en el festival de las Palmas fue recibida de uñas, pero del cine Doré todos salimos muy contentos, probablemente porque se necesita mucha energía para mantenerse sin desfallecimientos en ese grotesque tan excéntrico.   

martes, 24 de mayo de 2016

Top Ten Cannes 2016

La conspiración que me ha impedido acudir a Cannes este año me ha permitido seguir el certamen desde la lejanía, lo que va a hacer posible realizar un balance más extenso y completo de lo que era habitual, al no estar constreñido por las películas que había visto: como diría un sabio taoísta, al no haber visto ninguna puedes hablar de todas. Aquí va lo más molón de este Cannes:

1- Francia tiene paletos geniales
En España queremos sacar campesinos y nos sale El olivo, que parece el director´s cut del anuncio de Casa Tarradellas. Francia tiene a Guiraudie y a Dumont. Por lo leído, resulta evidente que ningún crítico madrileño se tomó la molestia de pasarse por la filmo a ver el ciclo de tapadillo que le dedicaron al director de El desconocido del lago. Los que nos lo pasamos pipa estamos deseando ver Rester vertical. Ma loute va en el pack.

2- El imperio (heteropatriarcal) contraataca
De un par de años a esta parte sólo dos pelis se han acercado con grandeza al tema del matrimonio: Love is strange y E agora? Lembra me. El matrimonio heterosexual parecía desterrado a las TV movies, pero Cannes programó el mismo día Loving y Paterson, un programa doble que explora el lado heroico y sublime (respectivamente) que puede tener el compromiso matrimonial. A los franceses no acabó de convencerles (esclavos como son los pobres de la perversión, merecido castigo por haber dado cancha al cretino de Lacan), pero la crítica internacional levitó.

3- Rumanos y gitanos, primos hermanos
Los periodistas patrios se tomaron como una afrenta personal que el festival programara dos pelis rumanas en la sección a competición. Para vengarse, comentaron al unísono que Sieranevada ya la había hecho Berlanga mucho mejor. De Mungiu, alguien dijo a la salida del cine que como 4 meses... ninguna, y todos decidieron copiar el comentario para ahorrarse trabajo.

4- Padres e hijas
Si las madres son omnipresentes en el cine contemporáneo (ahí tenemos a Dolan, que no habla de otra cosa) los padres han retornado a la alfombra roja por todo lo grande: todo el mundo se hacía eco del éxito de Toni Erdmann, una peli de un padre que va al rescate de su hija. Por descontado, este "deseo de padre" sólo es perdonado (y ensalzado) si viene de una mujer. Graduation, de Mungiu, también tiene sus fans, pero menos.

5- El cine siempre necesitará chicas guapas
Igual luego son malas, pero uno no puede dejar de percibir cierto puritanismo progre en la inquina con la que han sido recibidas algunas películas en cuyo centro se encontraban guapísimas actrices,  para más inri filmadas en todo su esplendor: ya sólo por ver a sus protas me voy a acercar a ver Personal shopper, The neon demon, y hasta American honey.

6- El cine español lo peta
Había cuatro españoles por Cannes, y todos han pillado. Timecode se ha llevado el premio al mejor corto de la sección oficial, y eso que desde el principio se consideró el mejor corto de la sección oficial. Lo de Mimosas tiene todavía más mérito, porque hay consenso universal de que era la mejor peli de la Semana de la Crítica, y va y le dan el premio a la mejor peli de la semana de la crítica. El pobre Serrra se va hundido de tantas alabanzas que se ha llevado La muerte de Luis XIV, que la mitad de los críticos han considerado lo mejor visto en el certamen; en una de estas hasta Boyero lo elogia. Almodóvar ha tenido la suerte de no estar en el palmarés el año en que se ha consensuado que recibir un premio es una afrenta porque las buenas de verdad se han quedado fuera.

7- La familia for ever
Si las parejas en crisis ya sólo se llevan en Irán (aunque Farhadi haya pillado cacho en la gala de clausura) la familia es incombustible. Ahí tenemos Sieranevada y a Dolan, que ya ha instituido y perfeccionado su histriónica manera de agradecer los inevitables premios que sobre él derraman. Para estupor de propios y extraños, los críticos españoles se han quejado de que la familia del canadiense gritaba mucho. Se ve que todos se han criado entre cartujos.

8- El presente es mujer
Una de las hipótesis estrellas de este blog, la de que ya sólo hay relatos para los personajes femeninos, vuelve a demostrarse en esta edición de Cannes: Aquarius, Elle, Victoria, Personal shopper, Ma' Rose...si la polémica sobre las pocas directoras que presentan sus trabajos en el festival está en los media es porque se trata de un debate intrascendente. De mucho más calado es la reflexión de por qué han desaparecido los trayectos narrativos para los sujetos masculinos.

9- Viejos
En el top five hay que situar Le cancre, que el renacidamente prolífico Paul Vecchiali ha presentado en alguna sección rara. Hay algo fascinante en la pulsión creativa que les entra a algunos directores cuando pasan de los 70. Aunque sólo sea por eso merecerá la pena echarle un vistazo a lo que han hecho Bellochio, Schrader, Allen o Loach...   

10- Siempre nos quedará Asia
Si el año pasado a mí me encantó Jia Zhangke y al resto del universo Hou Hsiao Hsien, este año Park Chan-wook y Brillante Mendoza han tenido bastantes menos palmeros. Nos quedamos con lo último de Rithy Pahn y (para que no se nos acuse de exquisitos) de Na Hong-jin, sin olvidarnos de Nadav Lapid (en este blog Israel está en Asia). E incluimos aquí La tortuga roja, el anime francés de Ghibli.

sábado, 21 de mayo de 2016

Sarandon & Deneuve

Aunque mis compañeros de mesa tienen la idea de que no veo nada por debajo de Bresson o Dreyer, cual epígono intelectual de Schrader, la verdad es que soy bastante más omnívoro que casi todos los cinéfilos que conozco. Esta introducción es para comentar un nuevo género que he descubierto recientemente y que bautizaría (porque dudo que nadie le haya puesto nombre) como cine trash de buen gusto, y donde metería cosas como Zombis nazis, Bone tomahawk o Zombeavers, películas supuestamente gamberras de factura técnica tan impecable como insípida (Bone tomahawk además con ínfulas autorales, se ve que su director era el primero de la clase de su escuela de cine). No hace falta decir que cualquier Lucio Fulci molaba mucho más.

Y entramos en harina (teórica). Susan Sarandon (señora que a muchos amigos cae muy bien, no sé por qué) ha pasado por Cannes comentando varias cosas, entre ellas alguna corrección sobre su personaje que hizo desde su sabiduría y experiencia a un novato  Tony Scott en El ansia, un gore esteticista de la primera mitad de los 80, y que me he vuelto a ver gracias a Filmin. La verdad es que en su día no me gustó, pero vista hoy ha ganado puntos: ver en la ducha a  Deneuve y a Bowie juntos impacta, aunque resulte obvio que los planos de cuerpos pertenecen a dobles. También molan más ahora después de haber visto como Von Triers copia/homenajea la secuencia en el comienzo de Antichrist(o). Descubro que Tony Scott había visto Arrebato. Descubro que a Tony Scott le gustaba el giallo. Descubro que la Deneuve ha hecho un montón de películas rarísimas y que nunca se le ha reconocido, que si la gran dama del cine francés y cuando miras su filmografía siempre anda enredada con marcianos, el último Vecchiali. Descubro que Bowie anticipó su deterioro físico de una manera que, vista hoy, da un plus de potencia a la película. Que Tony Scott utilizó los filtros azules de una manera insufrible desde el principio. Que no hay vampiros pobres, aunque aquí tengan que vivir en el museo Cerralbo. Y que el principal hándicap del film (que anticipa el insoportable lesbian chic que nos invade) es que nadie se puede creer que ninguna vampira, aún después de milenios de convivencia, prefiera a la pavisosa progre de la Sarandon antes que a Bowie aunque tenga insomnio. 

viernes, 20 de mayo de 2016

El hombre sin atributos (ficcionales)

Hoy estrenan (al menos en Madrid) La venganza de una mujer y Más allá de las montañas, para mi gusto dos de las mejores películas que podremos ver este año y que muestran la buena salud de ese género que tan versátil se está mostrando en nuestros tiempos que es el melodrama. Las dos giran en torno a una mujer, en referencia tanto al personaje central de la trama como al cuerpo (y la voz) de la actriz que la encarna (característica esta que comparte con mis películas favoritas de este año, Mia Madre, Julieta y Cemetery of splendeur). En el caso de la sublime película de Rita Acevedo la narración nos muestra a una mujer cuya entrada en campo, tanto su discurso como su presencia física, abate al personaje masculino que parecía llamado a articular el relato, condenándole al silencio y a los márgenes de la puesta en escena. 

Si bien los medios se llenan de noticias sobre la falta de mujeres en la dirección o la discriminación salarial en Hollywood (con involuntariamente hilarantes piezas en los informativos en las que se nos informa de que Robin Wright ha conseguido igualar su salario con Kevin Spacey en House of cards) el motivo de reflexión debería ser el por qué de esta ausencia de relatos para personajes masculinos: de lo que he visto este año de cine reciente podría destacar El francotirador, que es principalmente una relectura de El sargento York que certifica la desaparición en nuestra contemporaneidad de la vía heroica.

jueves, 19 de mayo de 2016

De Godard a Apichatpong

El otro día me vi el fragmento de Histoire(s) du cinéma en el que salía Serge Daney diciendo cosas bastante interesantes (como casi siempre) mientras era interrumpido de vez en cuando por Godard farfullando banalidades incoherentes (también como casi siempre). Ya he comentado alguna vez el eterno desconcierto que me produce el arrobamiento con que suelen ser recibidas las palabras del director suizo, que en la mayoría de los casos no pasan de boutades sin sentido aptas, eso sí, para las exégesis más enrevesadas (afortunadamente, para sus muy hermosas películas tira a mansalva de citas ajenas). No deja de ser curioso que se recuerde menos una de sus confesiones más sinceras, cuando se definía a sí mismo como un director menor.

Entre sus aforismos más famosos se encuentra el que profiere en Notre musique acerca de la creación del estado de Israel y la entrada de los judíos en la ficción y de los palestinos en el documental, y al que se le pueden dar muchas vueltas, pero que aquí vamos a cruzar con el comienzo de Mysterious objet at noon, primer largometraje de A. Weerasethakul que ahora anda dando vueltas por España de la mano de Capricci, cuando la cámara, tras un largo paseo por alguna ciudad tailandesa, se detiene en un puesto ambulante y le pide a la joven que lo atiende que cuente una historia. La chica narra un momento realmente dramático de su vida, cuando prácticamente fue vendida por sus padres, que eran pobres, a un familiar. El interlocutor la interrumpe para decirle que eso está bien, pero que lo que ellos quieren es una historia de ficción, y así nuestra entrevistada se convierte en la primera narradora de la marcianada (en varios sentidos) que se irá desarrollando a lo largo de este film que ya tiene su pequeño culto.

Y esta escena fundacional se puede considerar una especie de manifiesto estético por el que el director reclama el derecho para (lo que solía llamarse) el tercer mundo a entrar en la ficción y no ser simplemente objeto de documental, esto es, sufrir la condena de no poder hacer otra cosa que articular una enumeración de penalidades e injusticias, como les pasa a los palestinos, eternas víctimas hoy algo preteridas por desgracias más mediáticas.  

martes, 26 de abril de 2016

Todos los franceses (blancos) son buenos

Acaba de estrenarse una película francesa aquí titulada Los recuerdos y cuya mejor baza publicitaria, a juicio de su distribuidora (Filmax), es el nombre de su coguionista (y autor del libro en el que está basado), David Foenkinos, que debe de ser como una marca de fábrica. Foenkinos escribió La delicadeza, novela y guión, y creo que la dirigió también, aunque esto del rodaje le debió de parecer un rollo y le ha dejado para su nueva obra esa trabajosa tarea a un colega (en concreto, Jean-Paul Rouve), que se ve que aguantar actores no es cosa de gente bien. De este filón francés tan exportable de peli feel good o buen rollito sólo había visto Intocable, cuya eficacia narrativa era tan primaria que a uno le daba vergüencilla terminársela. Esta es parecida, lo que traducido a la refinada terminología que nos gastamos en este blog quiere decir que cualquier atisbo de conflicto social debido a diferencias de clase o de status (o de género o de etnia) es subsumido en un potaje narrativo en el que los pequeños desajustes que sufren sus encantadores personajes son finalmente resueltos gracias a la heroica asunción de las pequeñas virtudes burguesas. Por poner un ejemplo colateral que no spoilea en exceso la peli, aquí uno de los protas comparte piso con un árabe que persigue tan infatigable como inútilmente francesitas que se lo quitan de encima con un golpe de pestañas, un contrapunto cómico que barre debajo de la alfombra todo el imaginario occidental acerca de la amenaza sexual que los otros (negros, moros, japoneses) representan para nuestras mujeres. 

domingo, 24 de abril de 2016

Una tarde con Olmos

Alberto Olmos fue finalista del Herralde con 23 años en la década prodigiosa de la literatura veinteañera, la última del siglo XX. Por razones que desconozco publicó sus siguientes libros en Lengua de trapo, editorial que siempre confundo con Caballo de Troya. Por el camino empezó a publicar un exitoso blog de literatura, Lector malherido, cuyo tono destroyer ha causado furor y devastación en la red. Tras su meritoriaje ha publicado sus dos últimas novelas en ese cajón de sastre que es Random House. El viernes pasado vino a la biblioteca de mi barrio por eso del día del libro, y gracias a ello pude sentirme partícipe de uno de esos desternillantes actos que pueblan los diarios de Trapiello. Éramos menos de 20 personas en la sala, de los que calculo que no más de cinco habíamos leído algo del escritor segoviano, que escuchó impetérrito como se establecía entre el público un diálogo demencial en el que se recomendaba leer El Quijote en los resúmenes para niños o en su adaptición a dibujos animados. Ayer hacía un comentario en su blog no sobre la conferencia sino sobre el barrio donde tuvo lugar, que descrito por él podría ser Mogadisco. Hoy he terminado de leer El talento de los demás, una especie de ejercicio brillante de alumno aventajado. En la solapa aparecen 27 títulos de la colección Nueva Biblioteca, de los que sólo he leído este. Samuel Solleiro, Cristina Cerrada, Milagros Frías, Alberto Ávila ¿qué se hizo de ellos?(y así, dos docenas de nombres tragados por el tiempo y el olvido).

domingo, 10 de abril de 2016

Primeros días de abril

Esta semana se ha estrenado La invitación, de la que se pueden destacar tres cosas: ganó el premio gordo del pasado festival de Sitges, está dirigida por una mujer (Karyn Kusama) y la distribuyen Good Films y La Aventura Audiovisual, dos distribuidoras que suelen estrenar al alimón (imagino que para compartir gastos) las pelis que ponen bien en Cahiers du cinema y que luego nadie se acerca a ver a las salas (para el mes que viene anuncian la de Hong Sangsoo que ha aparecido en los top ten más cool del 2015). Si en un listado de lo mejor del año estrenado en España la mitad no son suyas, podemos decir que el listado no merece la pena.
Como mis compañeros de comedor se meten conmigo por lo poco solidario que soy con los problemas de las mujeres cineastas y sus dificultades para haver películas, decidí darme un paseo por la filmografía de Kusama, un tanto exigua: AEon Flux y Jennifer's body, para que se vea que me tomo en serio las diferencias de género en esto del cine (cuando arguyo que soy el que más películas de Naomi Kawase o Claire Denis, o Ida Lupino ha visto de todos los comensales, me contestan que eso entra dentro del cine raro que me gusta sólo a mí: que mujeres cineastas son Icíar Bollaín y la Coixet-así no vamos a ningún lado-). AEon Flux es Charlize Theron vestida de Musidora. Todo lo demás es morralla. Tiene a su favor que vemos a la Theron con el pijama más espectacular de la historia del cine, si bien es inverosímil que ninguna mujer se vaya a la cama con eso (sobre todo sola, como es el caso), aunque si hablamos de una peli en que la heroína asalta una fortaleza de noche con la ropa más blanca que se haya visto nunca, está dicho todo. La excusa narrativa para sacar con ropa ajustada a Charlize era incomprensible, así que antes de la hora abandoné el film a su suerte. 
Jennifer's body es como Déjame entrar, pero en divertido. No entiendo como es que esta peli no es más conocida, ya que tiene uno de esos gestos transgresores por los que tanto se pirran los intelectuales europeos de izquierdas, y es que el film se pitorrea de esa institución tan norteamericana que es el duelo. La prota es la fea de esa ancestral pareja de amigas en la que una es la reina de la fiesta y la otra hace de esclava de sus caprichos. La buenorra es Megan Fox, y la Kusama le saca mucho partido; el lado feminista se nota en el cachondeo con que trata el tema de la vagina dentata. La historia conecta con ese género tan norteamericano de la psicosis adolescente asociado a la experiencia sexual, no es tan buena como It follows, pero se ve bien.
También le he echado un vistazo a dos pelis de Paul Thomas Anderson del principio de su carrera. A PT Anderson empecé a seguirlo con Punch drunk love, y aunque estoy rodeado de fanáticos de Magnolia no la había visto hasta este finde. Me ha parecido bastante inferior a sus dos últimas películas, aunque me la he visto entera, sus tres horas, cosa que no ha ocurrido con Boogie nights que abandoné a la hora. Deberían prohibir los planos secuencia "espectaculares", en plan código Hays de la técnica. Cuanto daño ha hecho el plano de Sed de mal. Voy a empezar una campaña elogiando a Robert Wise por trocearle aquel plano de El cuarto mandamiento por el que tanto lloriqueaba el pesao de Welles, miembro de esa estirpe de pelmazos que no saben terminar una obra, y que tanto mola a los críticos, que siempre le echan la culpa a los productores (Eisenstein, Welles, Erice...).
También me he visto La mujer del cuadro, que hacía décadas que no veía. Ahora tengo la edad del protagonista, y es aterrador verle decir las mismas cosas que digo yo cuando me pasa lo mismo que a él, esto es, me quedo de Rodríguez. La peli es una especie de digest para norteamericanos del Edipo freudiano: A Edward G. Robinson se le aparece el objeto absoluto de sus fantasías y para acceder a él se carga a su dueño (aquí lo de dueño es literal), lo que inicia un proceso de culpa y convoca la aparición de la Ley (el super yo) y la obscenidad (el ello en forma de chantajista). Tiene detalles de genio, como ese rasguño que se hace el héroe y que le infecta la mano derecha, lo que le impide saludar con propiedad a todos los representantes de la ley que se va encontrando, un tema este que tendría mucho futuro en el cine posterior (sólo hay que ver todo el partido que le ha sacado Cronenberg).
Hablando de Cronenberg me he vuelto a ver Maps to the stars, que no ha visto casi nadie, tal vez porque es un remake de All about Eve absolutamente arrasado por la locura y el malrrollismo más extremo.
Para acabar esta entrada, comunico al mundo que a mí me ha gustado bastante Julieta, aunque la noticia sea que Kiki le está dando sopas con hondas en la taquilla. A rey muerto, rey puesto.

martes, 15 de marzo de 2016

WCP

Uno de esos grandes acontecimientos cinematográficos que suelen pasar desapercibidos en Madrid tuvo lugar el mes pasado en la filmoteca, donde en el marco de un ciclo dedicado al cine filipino, además de varios films de Mike de Leon, se proyectó la copia restaurada de Insiang, segunda película de Lino Brocka que pone de punta en blanco el World Cinema Project scorsesiano, y segunda película del director filipino que veo, así que poco puedo decir de él. Insiang (que me pareció tan buena como Manila in the claws of light) tiene un punto de partida griffithiano, un hermosísimo cuerpo femenino convertido en centro de variadas tensiones sociales, familiares y sexuales. 

Más repercusión ha tenido el estreno por la sucursal española de Capricci de Sayat-Nova, también restaurada por el WCP, bastante publicitado (bueno, dentro de lo que se puede publicitar el reestreno de una peli de Paradjanov) con el mantra de que se ha recuperado el montaje del director, al parecer masacrado por la censura soviética, aunque cuando se lee la letra pequeña tras el slogan se descubre que lo que pasó es que a un director ruso le pidieron la tarea imposible de conseguir que se entendiera algo de lo rodado por el director georgiano, sin ánimo de ser irreverente. En cualquier caso el bueno de Paradjanov se tiró un montón de años antes de que pudiera rodar otra obra, la también bastante hermosa y bastante marciana La leyenda de Suram. 

viernes, 19 de febrero de 2016

Dioses y coños

En una reseña de esas escaramuzas de andar por casa con las que el PP llena páginas en La razón me tropiezo con  estos versos que una poeta catalana, Dolors Miquel, leyó en algún acto institucional presidido por el Ayuntamiento de Barcelona (Ada Colau, para entendernos):

Madre nuestra que estás en el celo
santificado sea tu coño

(los versos están escritos en catalán, los he traducido de tal manera que sean lo más parecido al Padrenuestro en castellano, por lo que tal vez se pierda algún matiz del original)

Versos que me dan pie para hablar de la última película de Tarantino, ya que ambos (poema y película) están habitados por idéntica locura, la de la omnipotencia del cuerpo femenino, si bien con matices: mientras que el poema/oración de Dolors participa de ese delirio contemporáneo que sueña con una concepción de la que la figura masculina está radicalmente ausente (siguiendo con el paralelismo con la mitología cristiana, una concepción donde sólo hubiera cuerpo femenino y nada de palabra) la película de Tarantino apunta a ese fantasma que permea toda la historia del cine que es el del cuerpo materno invulnerable: el film es, básicamente, una sucesión de sacrificios humanos necesarios para intentar acabar con esa diosa infernal y excrementicia que, contra toda verosimilitud, amenaza con ser inmortal, una diosa que sólo conoce, por una parte, rituales de humillación, y por otra, la adoración absoluta por parte de un hermano incestuoso-en cualquier caso, una ausencia total de un goce de orden fálico.


martes, 16 de febrero de 2016

Mirbeau décadas después

Aprovechando que Filmin ha estrenado la adaptación que Jacquot presentó en la Berlinale del año pasado del Journal de une femme de chambre me he preparado un programa doble añadiendo la versión de Buñuel (la de Renoir no la tengo a mano), casi equidistante del original literario de Mirbeau y de esta nueva variación, lo que resulta bastante ilustrativo de como cada época lee un texto: si Buñuel se centra en la ausencia radical de deseo y de goce del espacio burgués, derivada hacia múltiples perversiones que van de lo cómico a lo siniestro, Jacquot despliega los mecanismos sórdidos de explotación (no sólo, pero sobre todo) sexual de las clases trabajadoras por parte de una burguesía que así se permitía marcar las diferencias de clase y de status, aunque ambos señalan como la violencia de los conflictos de clase acabó generando en el proletariado una frustración que se dirigió hacia la extrema derecha (en su versión decimonónica antisemita). No conozco la novela de Mirbeau, incluida en ese canon informal de la literatura universal que es la colección de Cátedra Letras universales, aunque viendo lo que el aragonés hizo con Tristana se puede apostar que la de Jacquot es más fiel; si bien resulta sensato preferir la protagonizada por Jeanne Moreau, esta Célestine encarnada por la omnipresente Lea Seydoux no es en absoluto desdeñable, y para nada merece la indiferencia con que se recibió en el certamen berlinés. Anotar que Mirbeau, uno de esos escritores franceses menores (o periféricos) que de vez en cuando son recuperados por pequeñas editoriales españolas (en la órbita de Huysmans, Bloy o Renard), ha visto como Impedimenta publicaba recientemente dos de sus relatos más conocidos (El jardín de los suplicios y Memoria de George el amargado) y no he podido confirmar la edición de Sébastien Roch, una novela autobiográfica condenada en su tiempo al ostracismo por narrar los abusos sexuales a los que el autor fue sometido cuando apenas era un adolescente a su paso por un colegio de jesuitas.

viernes, 12 de febrero de 2016

Donan un sable

Hacia el final de Fort Apache nos encontramos una escena un tanto curiosa: el teniente coronel Thursday (Henry Fonda) ha caído al suelo nada más entrar en el desfiladero donde esperan los apaches y el capitán York (John Wayne), que ha sido apartado de la misión para proteger las carretas de avituallamiento, se acerca para socorrerlo. Y es curiosa porque es una escena imposible: York está demasiado lejos para ver lo que ocurre y Thursday está atrapado bajo el fuego de incontables rifles. Sin embargo, York se acerca sin problemas al no-lugar donde, de repente, pena sus desdichas el arrogante Thursday sin que nadie les amenace, e intenta convencerlo para que se ponga a cubierto. Thursday se niega, le pide el caballo y el sable y vuelve para reunirse con lo que queda de su escuadrón, parapetado tras unas dunas a la espera de que los indios le pasen por encima (sin que tampoco en este caso ninguno de los dos tenga mayores  inconvenientes para recuperar su sitio). Como resulta palmario ningún espectador percibe la inconsistencia de esta intensa escena, que pone fin a uno de los conflictos del film. La razón de ello habrá que buscarla, por tanto, en su eficacia (podríamos decir) simbólico-narrativa: en ese momento Thursday ha caído del caballo y ha quedado aislado del grupo que dirige. Ha sido despojado figurada y literalmente de los rasgos que acreditan su poder, y es consciente del desastre al que le ha conducido su delirio. Su única vía para redimirse es compartir la suerte de sus hombres. Y aquí entran en juego las leyes del relato clásico: Thursday no puede reintegrarse al universo del film así como así, necesita lo que Propp, si no recuerdo mal, llamaba un objeto mágico. Y estructuralmente tan importante como ese objeto es el donante del mismo. Y ahí está la pertinencia de la escena: para que Thursday pueda reunirse con su gente en condiciones de que su acto tenga un sentido el relato debe hacer ese excurso en el que York le hace entrega de su sable, un objeto con una fuerte carga simbólica en la obra de Ford, y con el que su portador está en condiciones de afrontar su futuro en el plano del sentido, ya que a efectos prácticos, para defenderse de los indios, el sable le vale tanto como una escoba: de hecho desaparece en el diálogo que tiene lugar en el círculo en el que casi todos los protagonistas van ser aniquilados segundos después, lo que no quiere decir que esa desaparición sea definitiva: el sable reaparece bajo el retrato de Thursday que preside la penúltima escena, aquella en la que York conversa con los periodistas acerca de la leyenda que se está forjando alrededor de esa batalla, antes de que descubramos que el linaje de Thursday tiene un nuevo miembro, aunque ya con el nombre de O'Rourke.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Una doncella en México

En el tramo final de ese relato de iniciación un tanto descacharrado que es Sicario, cuando llega la hora de la prueba definitiva, nos encontramos con la sorpresa de que el maestro (del horror) abandona a su discípula, que hasta ese momento había articulado el punto de vista de la narración, y la cámara, el texto y el espectador la dejan para seguir el periplo de Benicio del Toro, que se va solo por esos caminos de Dios a matar a todos los mexicanos que se encuentra. Es como si en The searchers, en el ataque final al campamento indio, Ethan le dijera a Martin que se quedase en casa cuidando el potaje, y este le hiciera caso. 

Pero así son las pelis modernas, no se les puede pedir el rigor de los viejos maestros. Como no podía ser de otra manera, una clásica iniciación masculina se le endiña a un personaje femenino, la pobre Emily Blunt, tan frágil perdida entre tanto machote. Como toda doncella fálica que se precie, pronto descubre que para ella no hay encuentro sexual posible, y por si hubiera dudas su mentor se la lleva a Juárez, el paradigmático espacio contemporáneo para la más siniestra experiencia del cuerpo de la mujer. 

Fort Apache

Corren leyendas urbanas acerca de sesudos estudios que mostrarían la ideología fundamentalmente racista de Ford, sobre todo respecto a los indios. Echándole un vistazo a Fort Apache pensaba que tamaña empresa es imposible: los indios comparecen en el film según las necesidades dramáticas del momento y las incongruencias de esas apariciones impiden articular ningún discurso sobre ellos.

Aparecen nada más pisar el teniente coronel Thursday (y su hija) el fuerte al que ha sido destinado: han cortado la línea de telégrafos y la avanzadilla militar en territorio indio está incomunicada. Efectivamente, una de las líneas temáticas del film es la incapacidad de Thursday para comunicarse con sus subordinados, a la par que su pulsión incestuosa impide que su hija entre en el circuito de las relaciones sentimentales, intentando aislarla de la posible contaminación de un contacto con sus inferiores sociales.

La segunda comparecencia de lo indio es bastante fuerte: esa misma hija inicia un flirteo con el oficial más joven de la guarnición, un teniente recién salido de West Point de origen irlandés. En su primera salida juntos, un paseo a caballo fuera de la empalizada, se topan con los cuerpos despellejados de unos soldados atacados por los indios. Evidentemente, esos cuerpos en carne viva poco dicen sobre rituales guerreros; anotan el trauma del encuentro sexual que aguarda a los virginales protagonistas, en estos instantes todavía en la fase del enamoramiento: el shock que esos cuerpos desmembrados les produce es el del choque con la diferencia sexual que los habita.

Toda esta violencia pulsional asociada a lo indio desaparece cuando nos acercamos al desenlace: según el espectador se acerca al territorio del Otro de la mano del capitán Kirby y su ayudante los apaches emergen como una comunidad asediada, y en una magnífica inversión (cuyo desarrollo más elaborado se llevaría a cabo en The searchers) el lugar de ese Otro aniquilador que amenaza con destruir los lazos sociales pasa a estar ocupado por la propia caballería.