miércoles, 20 de junio de 2012

Tengo ganas de ti



Trabajar en Versión española me permite ver películas a las que, de otra manera, no me tomaría la molestia acercarme; y en los últimos días me he acercado a dos productos que podríamos llamar industriales, o de los que aspiran a llenar las salas: Lobos de Arga y Tengo ganas de ti, y en casi todo gana la segunda. Lobos de Arga parece un sketch alargado de Muchachada nui al que le faltan muchos gags para tener la pegada cómica que imagino desea tener, y presenta esa indefinición de la que adolecen muchos productos españoles que hace que, al final, las pelis no se hagan para ningún público concreto, y en consecuencia las salas se queden vacías, mientras que Tengo ganas de ti es un deslumbrantemente eficaz mecanismo para arrasar entre un target muy concreto, pero lo suficientemente amplio como para que la primera parte, Tres metros sobre el cielo, se llevara mucha más pasta que todas las nominadas a los Goya de ese año, aunque academia y crítica miraron por encima del hombro este relato que tanto gustó a las adolescentes (como también pasó con Crepúsculo).

Como yo no pertenezco a ese target me entretuve construyendo el primer film (que no he visto) a partir de las pistas que daba esta continuación (por ejemplo, viendo el cuerpo aniquilado por la enfermedad de la madre del prota, imaginé que era un castigo por una conducta promiscua anterior, cosa que me confirmó mi hija, que es la que me ha asesorado en todo lo referente a los libros de Mochia y a Tres metros sobre el cielo), o anotando el proceso de desterritorialización a que se somete a Barcelona, el espacio donde se desarrolla la acción, y donde nadie habla catalán, o siquiera castellano con acento, y por cuyas calles Mario Casas se pasea en un pedazo de moto sin casco sin que ningún agente se tome la molestia de ponerle una multa; de manera paralela a como los personajes se sitúan en una no-clase social que les permite ir de bohemios aunque se muevan en casoplones o manejen coches de lujo (en cualquier caso, ninguno se toma la molestia de coger un transporte público en todo el film).

La primera pista de para quién está hecha la peli se ve en el primer plano, un cenital sobre el torso desnudo de Mario Casas, torso que veremos a menudo a lo largo del metraje, filmado con precisión mapplethorpiana, mientras que Clara Lago tiene que conformarse con un desnudo en plano general y María Valverde echa el esperado polvo...¡Con el vestido puesto!, que está claro que no esperan que los chicos pasen por taquilla en plena Eurocopa.

Tengo ganas de ti trata sobre el segundo amor, aquel en el que uno se enfrenta definitivamente al cuerpo sexuado del otro tras esa pérdida definitiva del paraíso que es el fin del primer amor (que resulta obvio que es de lo que iba Tres metros sobre el cielo). Aquí aparece en la forma de Ginebra, un ser feérico que significativamente no tiene padres (no sometida a la Ley, por así decirlo), mientras que la pareja primigenia, Hache y babi, soprtan el peso de habitar un hogar en el que no circula el deseo. Si bien Clara lago de bien para ese lado de su personaje, no tiene el punch sexual de Mario Casas, pasmoso como pollón andante, aunque bastante limitado en sus registros dramáticos (algo, en cualquier caso, mejorable con el trabajo), aunque coo la estrella es él, siempre saca su lado bueno, aún a costa de sacar feúchas a sus partenaires.

Mi hija me cuenta que el libro tiene bastante sexo, aunque aquí optan más bien por contar en clave romántica la relación entre Hache y Gin, con sus fases de desafío sexual, cortejo, romance (lo mejor de la peli), mientras que en la apuesta más arriesgada, un montaje paralelo en el que Hache tiene un encuentro fantasmático con Babi en la playa mientras Gin está a punto de ser violada (o sea, la escena contemporánea paradigmática en la que la mujer es aniquilada porque el hombre es incapaz de abandonar la imago primordial narcisista) el film desgraciadamente se despeña: para esos menesteres se necesita bastante talento, con el oficio y el cálculo inteligente no basta para salir airoso de esos desafíos.   


3 comentarios:

Sergio Sánchez dijo...

Las únicas pelis en las que oye catalán y castellano con la mezcla natural con la que se oyen aquí son las de Cesc Gay. Si hablamos de clases populares, podría ser normal que sólo se oyera castellano, pero claro, si dices que nunca cogen el transporte público...

abbascontadas dijo...

Aquí canta mucho la extirpación de esa convivencia de lenguas, está claro que es un producto facturado para ser exportado y doblado a cualquier idioma, y hasta sería normal que hubiera una versión totalmente en catalán para Cataluña y TV3. Y Barcelona está filmada como si fuera intercambiable con cualquier ciudad (con puerto).

Mercedes Cobo dijo...

Ayer estaba leyendo una reseña de Sueño y silencio, la última de Jaime Rosales, y no se me ocurre algo más alejado de esto.