viernes, 18 de diciembre de 2009

Judíos en Argentina






"No tengo reparos en admitit los celos que experimento ante ciertas vidas aventureras, mi profundo descontento por haberme encontrado siempre lejos de los campos de batalla y porque las circunstacias históricas jamás me hayan tenido en cuenta para actuar en los escenarios trascendentales"
Lázaro Covadlo, Las salvajes muchachas del partido



Cuando Daniel Burman presentó El abrazo partido en la Berlinale me contó, en los momentos previos a la entrevista que le íbamos a hacer para la tele, que en la rueda de prensa una periodista alemana le había preguntado como se le había ocurrido ese tema tan original de una familia judía en Argentina; sirva esto de consuelo al comprobar que la estulticia del periodismo cinematográfico no se reduce a nuestro país y está más extendida de lo que creemos.
Debo al consejo de Francis Black el haberme acercado a este escritor, que hasta no tener el libro en la mano no descubrí que era un veterano de obra considerable: habiendo publicado Candaya su última novela, Las salvajes muchachas del partido, lo hacía novel escritor de los colegas nocilleros. Covadlo es argentino y nació en 1937, aunque se vino a vivir a España (Sitges) en el 75 y ahí sigue, por lo que cuenta en el libro, que bajo una pátina autobiográfica traza un fresco de la vida de los judíos centroeuroperos recién aterrizados en América en los albores del sglo XX, huyendo de la miseria y progromos que asolaban sus frágiles y cerradas comunidades, que definitivamente fueron borradas del mapa en los años del nazismo.
Covadlo se vale para ello de una figura de status equívoco, su abuelo biológico, Baruj Kowensky, un aventurero anarquista que se apunta a todos los fregados hasta acabar en la Revolución Rusa, y que es un artilugio narrativo ideal porque sus características le hacen pasearse por todos los ambientes judíos de la época, desde los honrados artesanos que reproducen las estructuras sociales dejadas atrás en Europa hasta las mafias judías que se ocupaban del contrabando de objetos y personas, pasando por el efervescente magma de extremismo político que parece marca de la patria argentina.
Si hablo de status equívoco es porque el personaje en cuestión, aunque parece ser que existió, tiene todo el aspecto de ser un ente de ficción, una proyección de las fantasías de Covadlo y el huésped ideal para conocer un tiempo tal vez poco recordado (de ahí la anécdota que cuento al principio, parece ser que las nutridas comunidades judías latinoamericanas no son tan conocidas como las del Norte). En cualquier caso la figura es tan poderosa que aspira la narración, hasta el punto de que progresivamente (voy por la mitad del libro, que es apasionante) el autor abandona las pinceladas autobiográficas que salpican la narración para centrarse en la vida más o menos imaginada de su mítico abuelo.

3 comentarios:

Francis Black dijo...

Por la mitad ? ya veras ya.Tremendo Covadlo

abbascontadas dijo...

Ya llego, ya llego, me he hecho con la historia de la revolución soviética, de Trostky, para seguir en el ambiente.
¿Qué me aconsejas del resto de la obra covadliana?

Francis Black dijo...

Criaturas de la Noche, publicada en El Acantilado es una novela (176 paginas) muy diferente a Las Muchachas también muy buena, es una novela alucinada y alucinante y el libro de cuentos Agujeros Negros que es uno de mis libros preferidos de siempre.