sábado, 1 de junio de 2013

El imposible goce de Diana



Hay un momento curioso en Demonlover en el que asistimos al paso de la animación porno japonesa en formato tradicional al digital en 3D. El cambio no sólo se refiere a la textura y el realismo de la imagen. La última película de los viejos tiempos nos ofrece la típica (y desagradable) escena en la que varias adolescentes son sometidas sexualmente por un monstruo polifálico que las penetra de todas las maneras posibles. Pero cuando damos el salto tecnológico lo que nos encontramos es la imago fascinante de una diosa invencible que con su sable/falo va descuartizando a todos sus oponentes masculinos (imago que, por ejemplo, retomaría pocos años después Tarantino en una célebre secuencia de Kill Bill), una figura deslumbrantemente erótica que cautiva la mirada de Diana, la protagonista del film de Assayas que como su tocaya mitológica es fría y alérgica al sexo, aunque en su condición de mortal deberá confrontarse inevitablemente al goce de lo Real de su cuerpo. Por otro lado, no hay ningún suspense en esto: dado los textos que pueblan el mundo de Demonlover, el más articulado de los cuales no pasa de la pornografía violenta, es fácil adivinar que ese goce emergerá en sus variantes más siniestras imaginables, esto es, en forma de snuff movies, en las que Diana participará primero como espectadora fascinada (como, por otro lado, su alter ego/opositora, Karen) y después como protagonista.

Que yo recuerde, sólo un hogar aparece en la película, el de Volf, personaje paterno con bastante peso inicial pero que irá desapareciendo progresivamente según se vaya adueñando la locura de la narración. Tiene todas las características de las casas que le gusta sacar a Assayas, un salón acogedor y un jardín iluminado por el sol y con bastante vegetación. El resto son hoteles, aeropuertos, despachos, discotecas, restaurantes, espacios asépticos y difíciles de localizar, intercambiables en su impersonalidad, que irán deteriorándose según nos dirigimos hacia el final, en que irán convirtiéndose en sótanos y zulos anónimos, los espacios de la tortura y, a la vez, del goce de una mirada entregada a la pulsión aniquiladora, la otra cara de las apacibles urbanizaciones de los países desarrollados.

6 comentarios:

Francis Black dijo...

Una pregunta,los cines pagan la peli y lo que se llevan de la proyección es para ellos o van a porcentaje de entrada. Ayer fui a ver In another country, me gustó bastante pero eramos diez personas, si pones la entrada a tres euros y llenas ganas más pasta no ?

Qualunque dijo...

Oye, y que tal la de In another country?

Francis Black dijo...

Bien, divertida.

abbascontadas dijo...

Los cines negocian un porcentaje con la distribuidora, que varía según la peli y el peso de la distribuidora, y que además cambia de semana en semana. En el caso de In another country, que Golem ha estrenado con siete copias para toda España, imagino que se pasa en sus cines y todo es para ellos. Supongo que fue una compra que les entró en un lote. De Hong Sang Soo hay varias películas editadas en dvd por Intermedio.
Cines, distribuidoras y productores llevan meses trabajando en una rebaja drástica de la entrada de cine, dejarla en 5 euros o algo así, para recuperar a los espectadores de menos de 40 años, que según cuentan han desertado de las salas. Al parecer el acuerdo estaba muy avanzado cuando cayó la subida del IVA y todo se paró.

Sergio Sánchez dijo...

Hombre y digo yo, ¿no podrían seguir trabajando para dejarla en 5 euros o así+ el incremento del IVA?, qué rápido bajamos las manos en este país...

abbascontadas dijo...

Siguen con la idea, pero también las partes implicadas son cada una de su padre y de su madre. Siempre se habla de las majors en la distribución, pero muchas cadenas de exhibición están en manos de empresas multinacionales a las que sólo les interesa los dividendos finales. Al final cada uno hace la guerra por su cuenta (A contracorriente va a poner en marcha un 2x1 para sus películas que hay que hacer un master para entenderla).