viernes, 13 de marzo de 2015

Mal día para el dios payaso, o el detritus del sentido


Es difícil ser un dios, la película que Aleksei German se tiró rodando un montón de años, aunque no tantos como los que dedicó a montarla y sonorizarla (de hecho, hasta que se murió, que se la terminaron su mujer y su hijo) parte de una contradicción que atraviesa los textos contemporáneos, que viene a ser que como es imposible dedicar tantísimo esfuerzo, atención y trabajo a construir una película que quiere reflejar la absoluta falta de sentido que caracteriza al mundo en general y a la existencia humana en particular, y además desde dentro del texto: para rodar esos planos caóticos, en muchos casos ilegibles, en los que objetos y personas se confunden y están a punto de ser constantemente devorados por esa mezcla de barro y excrementos que es el único suelo vital que percibimos mientras se trasladan sin objetivo discernible y parlotean un sublenguaje del que todo atisbo de comunicación o racionalidad ha sido extirpado, planos cuya sucesión está muy lejos de configurar nada ni lejanamente parecido a un relato, para rodar esos planos, decía, se necesita una disciplina, una energía, una autoridad, un talento y una serie de virtudes que van en la dirección opuesta de lo que vemos y oímos en pantalla.


A la película le auguro un gran éxito entre la crítica exquisita, dado que es absolutamente inaccesible para un espectador medio, y siempre es de buen tono dar por sentado que uno pertenece a los happy few. Por mi parte, aguanté en la sala dos horas y media, aunque viendo la pantalla dos: la última media hora alterné las cabezadas con la elaboración de la lista de la compra del fin de semana. Para los lectores del blog que piensen acercarse a verla (parece ser que Capricci tiene previstos pases en abril en Madrid y Barcelona) aconsejo leer previamente la novela (yo lo haré antes de volver a enfrentarme a ella), dado que la relación entre la película y su texto de partida (al parecer, una novela de culto de ciencia-ficción de la era soviética) es como la de las pelis de Serra con sus mitos, sólo que estos tienen la ventaje de ser muy conocidos. Film de una fisicidad extrema, podríamos buscar en la primera secuencia de Andrei Rubliov un antecedente; de hecho se podría considerar el film de German una parodia dadaísta del de Tarkovsky, en el que la figura sublime del pintor es sustituida por la patafísica deidad ridícula que deambula por ese laberinto de lodo que configura un imposible espacio humano en el que cualquier atisbo de sabiduría es literalmente aniquilado en la mierda. 


1 comentario:

Jesús dijo...

Hombre, pues un poco sí que desanimas con este comentario pero las fotografías resultan atractivas, dan ganas de ver aunque sea un cachito.