domingo, 13 de enero de 2013

Historia y cine



En España se estrenan el mismo día Lincoln y Django unchained, películas opuestas que tratan de lo mismo, la poderosa relación que tienen en el imaginario norteamericano la historia del país y la historia del cine, tema mayor en los Óscars de este año si les sumamos Argo y (en este caso lo supongo, porque no la he visto) Zero dark thirty.

Para Spielberg retratar a uno de los mitos fundacionales de los Estados Unidos es religarse a los ancestros mayores: Lincoln se abre con una pantalla en negro desde la que suena un trueno, una tormenta que remite al final de El joven Lincoln. Griffith y Preminger, pero sobre todo Ford, son los directores con los que Spielberg se confronta, si bien cuenta con la ventaja de que hoy aquellos son visitados por clubes secretos y minoritarios mientras que su Lincoln acapara miles de pantallas en todo el mundo. Sin embargo, está claro que le impone respeto la opinión de los iniciados. Bueno, Spielberg no es Ford, pero su esfuerzo no es desdeñable. Como suele ser habitual, su peli tiene momentos (y muchos) de gran cine, pero le pierden sus debilidades. Aquí llega un momento en que todos los personajes parecen estar preparándose para una foto sabiendo que están escribiendo una página indeleble en la historia de las conquistas morales de la humanidad, cuando es obvio que no podía ser así.

1 comentario:

Mercedes Cobo dijo...

No he visto Lincoln y no me apetece mucho... por ese tufillo que me confirmas que desprende a "sabemos que estamos haciendo historia con esta película". Personalmente soy muy sensible a la colonización cultural y, aunque ya he asumido que no somos más que una provincia del Imperio, me repatea el buenismo didáctico. No me atrae una hagiografía de Azaña, por nombrar un presidente de república local, como tampoco me atrae el último ataque megalómano de Spielberg.