Hay que tener narices para poner a Vincent Gallo a hacer de afgano pateándose las montañas polacas llenas de nieve mientras le persiguen los becarios de la OTAN en un remake del primer Rambo. Como esta es una peli arty, de las que van a festivales y ganan premios, el afgano no tira helicópteros a pedradas (lo que no deja de ser una pena) y se conforma con rebanar el pescuezo a los leñadores con la motosierra de trabajo. Dado que el pobre no tiene las habilidades suficientes para cazar jabalíes con un palo se tiene que conformar con compartir la leche materna con un lactante, una imagen que pretenderá transmitir, supongo, la regresión ética a lo prehumano del prota, que en cualquier caso empieza su periplo haciendo volar por los aires a unos soldadetes de paseo por el desierto. Ese retorno a la identificación primordial con la madre no augura nada bueno, y cuando el infeliz es acogido por una leñadora sordomuda (¡Emmanuelle Seigner!) que le despoja de su pistola ya sabemos que el héroe (y la película) tienen los minutos contados.
martes, 18 de agosto de 2015
No llegarás a Castellón
Hay algo (o mucho) ridículo en la inquietante historia de la cancelación de la actuación de un cantante norteamericano en un festival de reggae en Benicassim por negarse a someterse al chantaje de la dirección, que le exigía que se manifestara públicamente a favor de un estado palestino para poder subir al escenario. Para empezar, el nombre del sarao, Rototom Sunsplash, disuasorio para cualquier persona con un mínimo de buen gusto. Para continuar, las descripciones que se hacen del festival de música, que se ve que es poca cosa, y es calificado por el inquisidor Ignasi García (también portavoz de Compromís per Castelló) como "un espacio de reflexión, transformación, paz y tolerancia".
Como allí donde hay canallas uno puede estar seguro de que habrá mamarrachos, un cantante venezolano que responde al nombre de Baroni One Time ha comentado que "es el pueblo soberano el que ha pedido que no esté ese artista en el cartel", en lo que uno no sabe qué admirar más, si la idiocia o la infamia de la frase; y como la ignominia no viene nunca sola, nos enteramos de que participa en una sección denominada La república bolivariana de Venezuela presente en Rototom Sunsplash, supongo que para dar clases de tolerancia y derechos humanos.
Y así todo, se ve que es asunto espinoso porque nadie se moja, el director de un programa de Radio 3 se descuelga diciendo que le interesa más el artista que sustituye al norteamericano, de lo que uno deduce que ha sobrevivido a todos los escollos y arrecifes que se ha encontrado en su carrera a base de jesuitismo.
sábado, 15 de agosto de 2015
El padre y el sexo
Las dos últimas películas que me he visto en sala grande comienzan en el mismo momento, el de la muerte del padre del joven protagonista al que seguiremos la pista a lo largo del metraje. Siendo muy diferentes Mala sangre y Les combattants (y las diferencias juegan casi todas a favor del film de Carax) las dos ponen en escena la enormes dificultades del héroe huérfano por tener un encuentro sexual medio en condiciones con su objeto de deseo, si bien en el primer caso lo podemos achacar a lo inverosímilmente hermosísima que sale Juliette Binoche, mientras que el problema con la Madeleine de la peli de Thomas Cailley es que se niega en redondo a participar en una dialéctica de lo masculino y lo femenino que permita ese encuentro, todo el rato vestida de soldado, igual que su enamorado, lo que puede resultar muy moderno pero sólo lleva a que el encontronazo erótico haga que la náusea invada su cuerpo y el apocalipsis haga lo propio con el mundo.
viernes, 14 de agosto de 2015
Octubre en verano
Me he encontrado con un par de curiosas referencias a Octubre este verano, la más evidente (e irritante) en Inside out, para mí la gran decepción del año, que no entiendo la ola que desde todas las instancias críticas se le ha hecho. Y que el desmoronamiento del imaginario familiar que en forma de escultura estalinista tenía la chiquilla protagonista remita al descalabro de la estatua del zar sólo empeora las cosas, una cita pedante para hacer cosquillas al público adulto cultivado.
Caso opuesto es el de The long gray line, película descomunal, extraordinaria, magistral, que cualquier epíteto ditirámbico se queda corto para alabar las innúmeras virtudes de una obra realizada en la época de plenitud creativa del primus inter pares de los escasos directores que habitan el olimpo. Aquí ni hay cita ni referencia, que Ford claramente fusila (sin ganas de que se note) el momento en que Eisenstein cañonea el Palacio de Invierno (para obtener como respuesta un leve tintineo de las lámparas de cristal) a la hora de mostrar la alegría por el fin de la primera guerra mundial, aunque aquí los cañonazos encuentran eco no en la casa/templo de la madre primordial sino en la iglesia (y por lo tanto espacio de la palabra patriarcal) de West Point.
jueves, 13 de agosto de 2015
La orden trapiellense
Procuro no leer los diarios de Trapiello en el metro porque alguna vez me ha ocurrido encontrarme con uno de esos pasajes hilarantes marca de la casa y no puedo parar de reírme y se me saltan las lágrimas y no es cosa que se te quede el vagón entero mirando, con esa cara de amargados que se nos pone a todos en el metro que parece que ofendes con tu alegría, y todavía recuerdo cuando me tuve que bajar del vagón años ha en plena lectura del ya mítico viaje a Toledo acompañando a Pere Gimferrer (que parece ser que nunca se lo ha perdonado, aunque el resto de la humanidad se lo agradezcamos profusamente).
El caso es que hacía tiempo (esto es, varios años) que no leía ninguno, y con el impulso que me ha dado el volver a trabajar con Juan Antonio Tirado, que lo conoce y lo ha entrevistado a propósito de su traducción del Quijote, abrí Siete moderno, tomo correspondiente a 1998, y ya ha sido un no parar, devorando El jardín de la pólvora (1999) y a punto de empezar La cosa en sí, y me pilló en el metro el día que A.T. fue a la Academia de San Fernando como miembro del comité o jurado que decidía las becas para la Academia de Roma, y que es lo más divertido que he leído en años, en concreto desde la última vez que me sumergí en esos diarios.
miércoles, 12 de agosto de 2015
Poesía y confeti
En la entrada del diario de Zenobia Camprubí del 11 de marzo de 1937 encontramos una descripción del curioso modo de trabajo de Juan Ramón Jiménez, si bien, si atendemos a las propias palabras del poeta, era un trabajo de pareja: esa misma mañana, según Zenobia, JRJ se muestra muy contento y comenta: "Esto es lo único que vale la pena, este trabajo que hacemos juntos".
El poeta corrige sobre el manuscrito y dicta a su mujer; vuelve a trabajar sobre la copia a máquina, más clara, "y a menudo dicta una tercera vez". A Zenobia le gustan los manuscritos de su marido y le gustaría conservarlos, "pero mientras va dictando tacha las palabras una a una" y al final rompe el papel en pedacitos "con deleite, como si fuera un trabajador quitando el andamio", en lo que se adivina, además del deleite, la meticulosidad y atención con la que acometería la acción, por no hablar del cuidado que pondría el muy pulcro Juan Ramón en tirar hasta el último trocito de papel a la basura; y no deja de ser curioso que escritor tan obsesionado con la presentación de su Obra se mostrase tan desapegado con sus originales.
martes, 11 de agosto de 2015
El último machote
Resulta casi enternecedora la incompetencia de Peter Jackson para filmar la otreidad, ya sean pobres de la época de la depresión, ya sea una tribu de salvajes formada por lo que parece un agregado de familias desestructuradas. En todos los casos la impericia se disimula con toneladas de presupuesto y de aparatosidad, amén de un premioso metraje que uno se salta con el mando a distancia. Tampoco voy a hablar de la peli, de la que apenas habré visto un cuarto; no es impensable que cuando el primate y su chica vuelvan a Nueva York la cosa mejore, no he tenido paciencia para averiguarlo. Pero hasta en los textos más insospechados se encuentra uno con fragmentos aprovechables (sí, hasta en un film perpetrado por Jackson), y aquí tenemos el momento en que ese falo pulsional que es King Kong se divierte abatiendo a Naomi Watts con la punta del dedo hasta que la chica se pone firme y erecta y al gorila grande le entra una furia destructora que no es más que el reverso del descubrimiento de su insospechada impotencia ante la fascinante imago primordial, y el resto no es más que esperar a que sucumba como ofrenda sacrificial ante el altar de la diosa invulnerable.
viernes, 7 de agosto de 2015
La ley del deseo (conyugal)
Hay una secuencia descomunal en El mundo sigue en la que la protagonista, Eloísa, se viste de maciza y se deja caer por el bar donde trabaja el pusilánime de su marido para que todos los clientes (así como los espectadores) se la coman con los ojos, única manera, intuimos, de activar el alicaído deseo conyugal. Y, efectivamente, ese primario mecanismo da resultado y poco después asistimos en el domicilio del matrimonio a uno de los encontronazos sexuales más ásperos e incómodos de la historia del cine español, una escena de una violencia bastante insoportable.
Me acordé de la película de Fernán Gómez viendo F for fake en la filmo, en concreto el momento en el que Welles monta imágenes de Oja Kodar (o más bien de su exigua minifalda) paseándose lánguidamente por la calle alternando con numerosísimas imágenes de varones siguiéndola con la mirada, imágenes captadas, si hemos de creer a su director (que directamente se presenta como un estafador y un mentiroso, lo que hace que uno ponga en cuarentena todas sus afirmaciones) con cámaras escondidas.
Dando por bueno lo que dice, uno se pregunta por las razones que llevan a un director de cine a plantar a su amada en medio de una horda de machotes con la intención de filmar las miradas en las que se manifiesta el surgimiento instantáneo del deseo, y lo único que se me ocurre es que era la única manera de que se despertase, por mímesis, su propio deseo. La escena tiene poco que ver con el grueso de la película, las andanzas de un famoso falsificador de cuadros y de su biógrafo, otro mistificador de cuidado (con los que Welles, obviamente, se siente muy identificado, aunque la distancia le permita mantener el tono jocoso a lo largo del film, sin que por otra parte sea difícil percibir la desesperación que circula por debajo), pero rima con la última parte, un relato de ficción bastante bonito en el que el que queda atrapado por la fascinación provocada por los andares de Oja ya no son vulgares automovilistas, sino nada más y nada menos que Picasso, que transforma ese sentimiento en lienzos. Y aunque se nos dice que esa parte es ficción, también podría haber sido cierta.
Desconozco completamente como fueron las relaciones del director con Oja Kodar, pero a partir de este film puedo imaginar que no la hizo feliz, de la misma manera que La dama de Shangai basta para adivinar lo desgraciada que Rita Hayworth tuvo que ser junto a Welles.
viernes, 31 de julio de 2015
The lady vanishes
Es curioso que a La aventura no se le reconozca la misma valentía que a Psicosis por hacer desaparecer a la que es designada como protagonista a la media hora de comenzar el metraje. A tiempo pasado es fácil dar por hecho que Monica Vitti se hará con el protagonismo en el film, pero los primeros espectadores debieron de imaginar que seguirían las andanzas de la adusta Lea Massari.
La película comienza con uno de los mejores diálogos de la historia del cine, un diálogo que resume todas las carencias de la posición masculina en la modernidad. Aquí el padre de Anna, la chica que desaparecerá posteriormente, diplomático de profesión, reconoce que en su trabajo la verdad está prohibida (¿sería en ese caso un profesional de la mentira?), pero que quiere ser sincero, verdadero, con su hija. Pero ¿cuál es esa verdad que transmite a su hija? Pues... que es incapaz de ejercer de padre (en este caso, que no puede impedir que pase una semana de vacaciones con su amante, al que imaginamos que reputa de indigno, lo que la peli confirmará). Y cuando la hija le replica que hay una verdad que necesita saber, él se escaquea, a pesar de la palpable angustia que hay en la demanda de ella (si bien no se explicita, resulta obvio que su interrogación tiene que ver con el deseo de la madre, marcadamente ausente de la topografía familiar). Como despedida, el padre lanza una profecía/maldición:
- Él nunca se casará contigo. A lo que Anna contesta que es ella la que no quiere casarse con él.
No hace falta esperar mucho para averiguar que, efectivamente, el objeto de deseo de Anna es un merluzo, y que si bien tiene un innegable magnetismo falla irremisiblemente en el campo de la palabra, lo que aflorará una y otra vez a lo largo de la película. Infatigable fascinador de mujeres, acaba sumiéndolas en la angustia por la inanidad de un discurso del que la verdad parece excluida, en un registro tal vez diferente pero que hace eco con las palabras del padre.
Y en ese extraño y potencialmente siniestro encuentro sexual que antecede al viaje a la isla volcánica encontramos otro paralelismo con la secuencia inicial de Psicosis, aquella en la que Marion anhelaba por parte de su amante un compromiso en el campo de la palabra que nunca llegaría.
miércoles, 29 de julio de 2015
Clooney en Italia
The american parece hecha para dar la razón a Godard cuando dice que es imposible seguir haciendo películas en las que pones a una estrella a interpretar a un personaje y que aquello te lo puedas creer. Simplemente, no funciona. Una steadi sigue a Clooney deambulando por un empinado pueblo italiano, y aquello tiene un pase; ahora, que nos traguemos que Clooney es un asesino a sueldo y un luthier que hace armas de encargo, eso es harina de otro costal. El director, Anton Corbijn, es holandés, y como buen calvinista debe de encontrar pintorescos a los curas católicos y a las putas mediterráneas, pero un espectador español no se los cree. A los cinco minutos sabemos quien quiere matar a Jack, y si Jack no lo adivina es porque va poco al cine y no sabe que en cualquier film moderno detrás de una figura paterna siempre hay un criminal, y que si éste le dirige hacia una mujer no será porque le guíe hacia su objeto de deseo (de hecho, lo normal es que el padre compita con el sujeto protagonista por el mismo objeto y que se lo birle); aquí, obviamente, la dama en cuestión es la encargada de aniquilarle, lo que ese alma de cántaro es el último en descubrir, cuando resulta obvio desde que le dictan la tarea de cederle el falo y descubrimos que la chica podría trabajar de modelo entre disparo y disparo, con lo letales e invulnerables que son las doncellas fálicas.
martes, 28 de julio de 2015
Relatos desmadejados
Se podría decir que un texto contemporáneo tiene los mismos componentes que un relato clásico, pero desordenados. El otro día me veía Cloverfield (Monstruoso en España), enésima variación sobre el tema de San Jorge y el dragón, con princesa raptada por el susodicho dragón a cuyo rescate acude el valeroso caballero mientras el bicho se carga Nueva York, aparatosa escenografía apocalíptica que poco añade a la narración pero sí algunos ceros al presupuesto.
Como podemos colegir a partir de esta celebérrima ilustración del asunto, el dragón no es más que el lado "oscuro" (más bien deseante) de esa imago fascinante de la mujer, que se diría que se ha puesto sus mejores galas para ser raptada por lo que más parece animal de compañía que bestia amenazadora (para ella). Para allegarse a la lánguida damisela el bueno de San Jorge debe demostrar que es capaz de afrontar la (monstruosa) demanda femenina de goce, para lo que cuenta con esa enhiesta lanza cuyo referente tampoco hay que ser un lince para imaginar.
En Cloverfield, sin embargo, el acceso al cuerpo femenino ha tenido acceso antes de ninguna prueba que el héroe haya afrontado, y éste ha salido de allí escopetado (tanto, que se larga a Japón, que probablemente no se puede ir más lejos). La dama se presenta en su fiesta de despedida a presentar las comprensibles quejas, pero esto es lo que hay, o lo que no hay: ni lanza, ni falo, ni nada. Es salir despechada la princesa por la puerta y hacer acto de presencia el dragón, o más bien la dragona, que todos estos monstruos modernos son madres solteras que sueltan huevos por todas partes sin que se vean machos por ningún lado. Claro, con estos caballeros de pacotilla los dragones se entregan a su natural vocación aniquiladora sin prácticamente oposición, y así andan las urbes modernas en nuestras pantallas, destruidas una semana sí y otra también.
jueves, 18 de junio de 2015
El vampiro como sueperhéroe
Esta peli tan cool viene a ser la versión indie de Crepúsculo: se invierten los roles y el vampiro con sentimientos es la chica, el cambio de sexo tiene sus contrapartidas políticamente correctas: se acabaron los vampiros despiadados, fieles solo a sus pulsiones-ahora las víctimas son varones heterosexuales rijosillos, por lo que se merecen su destino. Para cortejar a una vampiro solo se necesita tratarla como a una heroína de Disney de las de antes, y por supuesto renunciar a ese resto excrementicio que es el padre: una vez desaparecida figura tan obscena, cualquier chico tierno puede vivir su love story con una lánguida dama de dientes largos.
jueves, 11 de junio de 2015
Modestas reflexiones 25 años después
Cuento de primavera, el primero de los cuentos de las cuatro estaciones que Rohmer realizó allá por los 90, acaba de cumplir 25 años (por lo menos su estreno en España). Lo único que permite adivinar que nos encontramos con una película "de cierta edad" es la ausencia de móviles y las televisiones de tubo, y algún que otro pantalón de la protagonista. Los interiores son perfectamente transportables a nuestros días, tal vez porque la industria editorial francesa es bastante conservadora y mantiene diseños y tipografía durante décadas (las librerías repletas de libros son los principales decorados de Cuento de primavera, cuyos protagonistas son satélites del elefancíaco entramado de la cultura francesa). Otro rasgo extratextual propio de otros tiempos es la brevísima relación de personal que aparece en los títulos de crédito. Sabido es lo que a Rohmer le gustaban los equipos pequeños, pero aún así llama la atención visto desde una época en la que hasta en las pelis grabadas con un iPhone leemos tiradas inverosímiles de participantes.
Cuento de primavera posee la habitual estructura perversa "blanca" de las películas de su autor. En el centro de la trama encontramos a Jeanne, una profesora de filosofía de 30 años que se ve desconcertantemente mangoneada por una jovencita, Natacha, que la celestinea para emparejarla con su padre, con cuya novia mantiene una relación de celosa competencia bastante incestuosa (incestuosilla, que las palabras fuertes no van con las historias rohmerianas). Natacha, el personaje más joven, vendría a inscribir en el texto la figura del director, aquel que hace evolucionar la narración de acuerdo con sus deseos mediante la manipulación de la información y la dosificación de la misma, mientras que Jeanne vendría a devolvernos la imagen del espectador, aquel que se deja engañar una vez que su deseo queda atrapado en la red que teje la ficción.
Mención aparte merece Anne Teyssède, la actriz que interpreta a Jeanne (uno de los personajes más simpáticos e inteligentes del universo Rohmer), cuya belleza se va imponiendo poco a poco al espectador hasta convertirse en el centro absoluto del film, a pesar de (o gracias a) que prácticamente no toma ninguna decisión y parece plegarse siempre a las peticiones ajenas, lo que la convierte casi en una homeless aunque posea varios espacios a su disposición. De hecho, la única elección voluntaria tiene lugar al final y supone el cierre del espacio ficcional al abandonar el universo en el que se ha metido casi sin quererlo.
Un breve surfeo por la red me lleva a descubrir que la actriz abandonó la interpretación poco después de participar en esta película (le alcanzó para aparecer en un telefilm) por motivos "de salud" (wikipedia); en una grabación de 2013 ella misma hace referencia a sus "problemas psicológicos"; discreto, abandono las pesquisas.
Hace 25 años tenía yo pocos más años que las protagonistas más jóvenes del film; hoy los he sobrepasado a todos, ellos congelados en la edad de la ficción y yo rozando los 50; comparto la distancia con la que el septuagenario Rohmer contempla los conflictos, probablemente la fascinación que siento por Anne Teyssèdre sea también un eco de la que él sintió.
martes, 9 de junio de 2015
Eventos y cine digital
El viernes pasado Víctor Erice le daba palique a Pedro Costa en la cafetería de la filmoteca española minutos antes del pase de Cavalo Dinheiro, que inauguraba Filmadrid. Es difícil saber cuantas personas del público que abarrotaba la sala conocían la obra previa de Costa, o al menos Juventude en marcha, el film en el que hacía su aparición Ventura desplazando a Vanda del centro de su filmografía (de manera similar es probable que Vitalina, la aparición más fulgurante de Cavalo..., se haga con un puesto central en el futuro). Es un tipo de público que se ve habitualmente en estos pases-evento, inauguraciones de festivales, pre-estrenos en la cineteca...
Cuando Víctor Erice presentó Centro histórico en la Cineteca puso como ejemplo del estado de la exhibición en España el que fuera la primera vez que una obra de Costa tuviera distribución comercial en nuestro país, un comentario algo extraño viniendo de uno de esos directores que (como el propio Costa o Godard) han abandonado una más o menos confortable (o al menos asentada) posición en la industria para trabajar en condiciones bastante modestas, fuera de parámetros industriales y aprovechando las ventajas de los formatos digitales para disfrutar del verdadero lujo asiático del mundo del cine: el tiempo.
miércoles, 3 de junio de 2015
La pasión abrasadora de la cinefilia
Sobre Vértigo y The searchers se podría decir que no son las mejores películas de sus directores, pero sí que son las mejores de la historia del cine (o por lo menos del cine norteamericano): podemos encontrar filmes (todavía) mejores en la filmografía de Ford y Hitchcock, pero su omnipresente influencia en el cine posterior las convierte retrospectivamente en las obras clave para entender el cine contemporáneo ( lo que no deja de ser curioso teniendo en cuenta lo opuestas que son).
Viene esto al caso porque en la filmoteca han pasado Obsession, película que por el 76 pergeñaron un par de treinteañeros (Brian de Palma en la dirección y Paul Schrader en el guión) y por la que corre desaforada una admiración sin límite ni medida por el director inglés. De entrada, la película parte de la premisa de que el espectador sabe que lo que está viendo es una relectura de Vértigo, lo que permite que éste se identifique con el punto de vista del protagonista, completamente fascinado por la resurrección de su objeto absoluto de deseo, a la vez que su memoria cinéfila le indique que lo que ve es una puesta en escena fraudulenta del fantasma primordial (se puede decir que Obsessión es una película manierista "honesta", que confirma las hipótesis sensatas que cualquier espectador con un mínimo de pedigree elabora sobre el film).
Para nada estamos ante un juego intelectual de referencias para connaiseurs: Brian de Palma pretende poner en escena (y reproducir) la fascinación absoluta que le producen las películas de su maestro: la explosión en la que arde la mujer de Courtland no es sólo el goce que aniquila a la mujer cuando el hombre falla, también es la del espectador enfrentado a una obra sublime que le arrebata; es esa ignición la que se quiere poner en escena...infructuosamente. Finalmente nos encontramos con el viejo/moderno tema en el arte contemporáneo de la imposibilidad de estar a la altura de "los viejos maestros" (Godard).
La sorpresa que nos depara Obsession en su final también es intertextual: acostumbrado a un tránsito durante hora y media por el universo hitchcockiano, el espectador se topa de repente en la última escena con la reedición del encuentro de Ethan Edwards con Debbie, un cambio de rumbo que a mí me dejó deslumbrado pero que, a tenor de los comentarios que se oyeron en la sala cuando se encendieron las luces, sumió a muchos en el desconcierto.
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