

Le Mépris forma con Pierrot le Fou lo que podríamos llamar un sublime díptico sobre el Mediterráneo, filmado por Coutard en color y cinemascope. Desconozco las razones por las que Godard eligió a Brigitte Bardot para hacer de Anna Karina, tal vez cosas del productor, pero lo hace bastante bien. Michel Piccoli le da un aire diferente a los personajes más bien atolondrados que protagonizaban las películas del Godard de los 60, más melancólico y menos inocente.
nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará yacer;
guiárame por sendas de justicia por amor de su nombre.
Aunque ande en valle de sombra de muerte,
no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo:
tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Aderezarás mesa delante de mí,
en presencia de mis angustiadores;
ungiste mi cabeza con aceite;
mi copa está rebosando.
Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida.
Alguien me recomendó la lectura de Nancy Mitford diciéndome que era para chicas, no sé si buscando que yo entrara al trapo de una discusión acerca de la existencia o no de literatura femenina y esos rollos. Total, como es un tema que no me interesa y a fin de cuentas soy una chica, empecé a leer A la caza del amor con bastante interés. Y no me he arrepentido.
En el prólogo el escritor mallorquín José Carlos Llop compara a Mitford con Jane Austen y Edith Warthon, retratistas las dos de la alta sociedad a cada lado del atlántico, aunque yo me quedo con las imágenes de la primera. Nancy MItford sitúa la historia, en parte autobiográfica, en el marco de la sociedad rural terrateniente en Inglaterra en los años veinte y treinta del siglo XX, justo hasta que empieza la segunda guerra mundial, que al parecer supuso el fin de ese tipo de vida con todas sus tradiciones. La primera mitad de la novela es lo mejor, cuando se cuenta cómo pasó su infancia la protagonista, Linda, en la mansión de sus padres en el campo, Alconleigh, que siempre tienen nombre estas casas y su propio carácter y siempre se las trata como si fueran personas. El comportamiento extravagante de la excéntrica familia está contado con un sentido del humor brillantísimo, hay momentos de carcajada. Al parecer los rasgos de los personajes han sido sacados de los propios padres y hermanas de la escritora. Por supuesto no paran de tomar té, de asistir a bailes en otras casas del vecindario y de montar a caballo, para pasear o para participar en la caza del zorro. Linda se pasa la vida persiguiendo el sueño infantil de encontrar su príncipe azul, “el príncipe de Gales”, y poco a poco se va echando a perder en lo que supone en realidad la búsqueda de la felicidad.
Mientras leía todo el rato me imaginaba los ambientes, las ropas y los peinados como si se situase en el siglo XVIII, hasta que algún elemento como el teléfono y los coches me hacía recordar dónde me encontraba. Todo lo demás, las presentaciones en sociedad, los bailes, la importancia (y el deseo) de tener un marido, las rentas, el carácter de las mujeres, es igual que en Austen, lo que nos puede llevar a la reflexión de que la sociedad rural británica no evolucionó nada en dos siglos.
Ha sido todo un descubrimiento. Voy a buscar el resto de sus novelas que ha publicado Libros del asteroide. Y al parecer hay una serie de televisión (imagino que de la BBC) donde se adaptan A la caza del amor y Amor en clima frío, la siguiente novela publicada.
Asímismo se nos cuenta la hilarante trayectoria del director, retratado como un soberano imbécil y un cantamañanas de tomo y lomo, con alguna de las secuencias más divertidas del muy divertido Lynch, como aquella en que se encuentra a su novia en la cama con el operario que limpia la piscina.
Por descontado abundan las imágenes marca de la casa, como las figuras de poder misteriosas, siniestras e irrisorias, como el sempiterno enano que salta de peli en peli o el Cowboy, una figura ridícula que sin embargo resulta bastante inquietante, y que le indica al director lo que debe hacer para salir del atolladero en que se encuentra (que es, básicamente, ceder en su aspiraciones y aceptar las imposiciones de una pareja de gánsters también desternillantes y aterradores).
Total, que las dos protagonistas se conocen, se hacen amigas, y aunque ya son dos adultas se meten en un fregado algo tontorrón que al director le sirve para ocultar que probablemente:
a) Son la misma chica en diferentes momentos, lo que podría llevar a la conclusión que lo que vemos es el conocido trayecto de la joven ilusionada que llega a la gran ciudad con ganas de comerse el mundo para acabar estrellada, chapoteando en la prostitución y en los brazos de un mafioso que la liquidará en cuanto la engañe. La película estaría narrada en el delirio de la agonía, siguiendo esa curiosa costumbre de muchos films de los últimos años de contar la historia desde el punto de vista de un muerto.
b) Las chicas son distintas y cada una es el delirio de la otra: la chica ingenua delira que es una actriz fascinante, y la amante del gánster que es una ingenua chica del campo que tiene una nueva oportunidad. En ambos casos el delirio imaginario se iría degradando paulitanamente para acabar en brote psicótico.
En cualquier caso Mulholland drive se abisma en el conocido espacio irreal de Lynch justo en el momento del encuentro sexual de las protagonistas, que filmado en la oscuridad de la alcoba tiene un marcado carácter fantasmático. Como se recordará, justo después del citado encuentro se van al Club Silenzio (casi una parodia del espacio "oscuro" lynchiano, con sus cortinas y sus playbacks) lo que da paso a la parte delirante del film, en la que las protagonistas saltan de espacio en espacio y de personaje en personaje, hasta que aquello acaba como el rosario de la aurora.
"Cuando hoy leo sobre escritores actuales que pasan por supermodernos y “rupturistas” y “mutantes”, no puedo evitar reírme: no sólo nacen la mayoría anticuados porque repitan fórmulas ya gastadas y estériles de los años setenta, sino que, al lado de Aliocha Coll, que lleva dos decenios enterrado, sus propuestas son cuasi galdosianas, por mucho “ciberespacio” que metan en sus obras tan perecederas. Me temo que son carne de tan pronto olvido como el propio Aliocha Coll, con la salvedad de que él nunca estuvo de moda ni fue jaleado por los tuertos críticos, y por tanto jamás pudo abandonar ese olvido al que se entregó deliberadamente."
Los peligros de la droga
"El ganador de 4 Grammys latinos Ramón Ayala fue detenido en diciembre, junto con los músicos de su banda Los Bravos del Norte, acompañados de 24 sexoservidoras (eifemismo poético con el que se nombra a las prostitutas) acusados de complicidad con el crimen organizado por encontrarse en una fiesta organizada por uno de los grandes capos de la droga. Los músicos y las putas fueron los únicos detenidos."
(La literatura del narco, por Marc Caellas, en el último número de Quimera)