viernes, 4 de mayo de 2012

El héroe astuto



Las deslumbrantes secuencias que El nacimiento de una nación dedica a Lincoln me despertaron las ganas de volver a ver El joven Lincoln, en la que Henry Fonda interpreta de manera un tanto envarada al personaje histórico antes de se convirtiera en mito, y antes de que supiera, él o cualquiera, que lo iba a hacer. El Lincoln de Ford es un pelín raro, con ese traje que le está corto por todos lados, y esa falta de simpatía que generan las personas que sienten un anhelo infinito y despiadado por la justicia.

En un momento dado asistimos a un largo festejo popular, una de cuyas pruebas es un juego en el que dos equipos tiran de una soga. De manera algo desconcertante, un plano muestra a Lincoln tirando solo de uno de los extremos. Ford consigue mostrar aislado a su héroe incluso en los momentos más inverosímiles. A continuación, visto que no puede ganar, engancha la cuerda a un carro, y con este ardid simplón gana la prueba. En este intrascendente pasaje Ford retrata a su héroe idiosincrásico: aislado de la comunidad, aunque unido a ella por un cordón umbilical, el héroe fordiano hereda de Ulises su gusto por la astucia y por las trampas.

Esa misma fiesta diurna, en la que la comunidad parece reconocerse, y que rememora su acto fundacional (la guerra de independencia), aunque sea en clave carnavalesca, deviene por la noche su doble siniestro, y el pueblo se convierte en una masa linchadora; la festiva transgresión de la Ley que se asocia al carnaval se transmuta en su lado oscuro, la emergencia de una obscena no-ley en la que la comunión de la tribu se realiza a través del crimen primordial del asesinato de un inocente (una inversión narrativa que debería bastar para desechar las consideraciones de Ford como un director ingenuo políticamente).

En una hermosísima secuencia, Lincoln tendrá que devolver la individualidad pacientemente a los miembros indiferenciados de la turba, llamándolos por su nombre, separándolos del resto, apelando a sus recuerdos, despertando su conciencia moral. Si bien posteriormente será aclamado por la misma muchedumbre que ha estado a punto de destrozarlo, el precio que pagará será el de la soledad: incapaz de integrarse en las clases populares de las que ha surgido, y demasiado torpe (y desinteresado) para codearse con la alta sociedad, sólo veremos al protagonista relajado en esa curiosa secuencia en la que Lincoln visita a la madre y las mujeres de los hermanos acusados, y que es en realidad una especie de flashback en el que regresa al paraíso materno.


5 comentarios:

Sergio Sánchez dijo...

Esta vez he decidido no decir nada para que los que ya me han leído otras veces no digan "ya está otra vez el pesado del río del joven Lincoln".

Susana dijo...

Me encanta El joven Lincoln, y el personaje un tanto lángido que construye Henry Fonda. Tengo ganas de ver el siguiente Lincoln que está haciendo Spielberg.

Francis Black dijo...

Felicidades !!!!!!!!!!! Gran Falcao.

abbascontadas dijo...

Gracias! Para mí que Falcao se esmeró a ver si le fichan en algún equipo gordo. El año que viene le toca al barça llevarse la champion, y así nos vamos turnando. Lo siento por el Athletic, que me huele que va a perder dos finales.

Me da la impresión que Spielberg va a ser más inmodesto que Ford, pero será interesante ver como se retrata al super padre fundacional norteamericano en nuestros días (y compararlo con el Mao que están filmando los chinos).

Francis Black dijo...

El Athletic juega a un juega kamikace, veo que mucha gente lo compara con el Barça pero no tiene nada que ver, ellos tocan y se van, son todo paredes y movilidad frenética y hacia arriba, el Barça es pausa y aceleración en los últimos metros con pases en horizontal y juego de posición. El juego del Althletic es divertidísimo de ver pero la precisión tiene que ser máxima y en una final con gente joven y nervios eso no es fácil. A mí me sabe mal el tío que me deja el carnet para ir al Barça es del Bilbao, lleva todo el año hablándome de la Uefa.

Falco es muy bueno el primer gol lo saca de la nada