jueves, 16 de junio de 2011

La imposible busca del arca perdida



El finde pasado ponían En busca del arca perdida en Antena 3 o la Sexta, en cualquier caso una de esas cadenas que siguen poniendo publicidad durante las películas. Vista a salto de mata y con interrupciones la película de Spielberg gana, o se hacen más visibles sus virtudes (sus abundantes defectos siguen en el mismo sitio).


El tándem Lucas/Spielberg muestran un anhelo infinito por recuperar cierto epos aventurero de su juventud, pero no hacen más que clavar el clavo definitivo del ataúd del relato clásico: se diría que Spielberg, consciente de la pérdida de la densidad del cine contemporáneo, tira por lo alto y se apunta a dos narraciones fundacionales del imaginario norteamericano: el último mito heroico que ha fabricado Occidente (la lucha contra el nazismo en la Segunda Guerra Mundial) y uno de los primeros, la elección del pueblo judío (que es como decir la protooccidentalidad) como pueblo elegido por Jehová, que ya se sabe que los norteamericanos están convencidos de que nunca un pueblo ha sido tan manifiestamente señalado por la divinidad como el suyo para llevar a cabo los designios de las alturas, convencimiento probablemente ayudado por una deficiente escolaridad.


Como suele ocurrir en estos casos, tan aparatosa acumulación deriva en kitsch algo hortera, y donde DeMille conseguía en Los Diez Mandamientos (explícitamente citada en Indiana Jones) un Egipto pleno de invención, aquí tenemos una especie de esculturas falleras de corte orientalista. Lo que no quita para que se pueda considerar la nostalgia de lo sagrado (paralela a la nostalgia del gran cine, igualmente inalcanzable) como una postura sincera en Spielberg.


Lo que no recordaba de mi primer y aburrido visionado de esta peli era la ecuación que enlaza lo sagrado que anida en los dos elementos que focalizan el deseo de los protagonistas: por un lado el arca de la alianza, que no sé si se explica las razones por las que está en una tumba egipcia, y por otro lado la mujer. Estos dos objetos de deseo son enlazados explícitamente en un momento especialmente feliz: parece ser que hay un medallón que permite el acceso al arca, medallón que se supone en posesión de la mujer. En un plano estupendo, vemos como efectivamente ella lo saca directamente de su interior, como si saliera de su regazo. A partir de ese momento, establecido el concepto de lo sagrado como un interior (el interior de la mujer, el interior del arca), queda claro que el héroe que sea capaz de acercarse adecuadamente a ese espacio sacralizado será el que triunfará en la tarea que marca el relato.


Lo curioso es que esa mujer no comienza en la posición habitual en los cuentos clásicos, como objeto fascinante de imposible acceso. Ex-amante abandonada de Indiana Jones, su lugar es el del objeto excrementicio. la labor aquí será, por tanto, volver a colocarla en el espacio del objeto sublime, de la misma manera que cada bando tiene un destino diferente para el arca sagrada: los alemanes pretenden darle un uso demoníaco (de la misma manera que sólo se plantean violar a la protagonista), el francés antagonista de Indiana parece sumido en una posición manifiestamente perversa, tanto ante la reliquia como ante la mujer, a la que disfraza de novia para entregarse a absurdas maniobras fetichistas. Sólo el héroe spielberiano parece capaz de operar más o menos adecuadamente en ese espacio, sin que las dudas le abandonen nunca (¿qué hacer con la mujer?¿qué hacer con el arca?).

Spielberg fracasa estrepitosamente en esa ridícula escena en que el arca es abierta y la emergencia de la Cosa Materna insoportable aniquila a francés y alemanes, y hasta Indiana hace el tonto pidiéndole a su chica que cierre los ojos, que mira que no saber a esas alturas que mujer y arca son lo mismo. Así, es castigado sin el premio que se merecen los héroes de los cuentos de hadas, la princesa. En el último plano, una cita de Ciudadano Kane, se muestra como Occidente esconde en su pulsión clasificadora y coleccionista su incapacidad para reactualizar un relato simbólico que permita un conocimiento no aniquilador sobre lo sagrado.

7 comentarios:

Francis Black dijo...

Es una peli siesta, francamente meritorio que consiguieras verla toda e incluso con la suficiente atención para una posterior teoría, claro que has perdido una oportunidad para una siesta con su posible sueño y por tanto algo que contarle a Inka vía emeil y profundizar en vuestra relación.

El otro día la entrevistaron en la contra, hay sueños eróticos en el libro!!!!!!



http://www.lavanguardia.com/fotos/20110613/54170292319/inka-marti-sonadora.html

cristi dijo...

El viernes hice un pase de "La Última Cruzada" para mis alumnes de 6º. Alucinaron!!!!!
Yo es que no puedo decir más que que me encantan estas películas, por mi bagage personal, por las rosetas, y porque pertenecen a un momento de placedez y felicidad total y absoluta.

abbascontadas dijo...

Hola, Francis,
no he encontrado sueños especialmente eróticos en el libro, para mí que Jacobo se los censura, pero si me topo con alguno te lo copio. Y lo nuestro creo que es un amor imposible.
Lo que he empezado a hacer es apunta mis sueños también al levantarme, un nuevo aficionado a "los cuadernos de noche".

Cris! Yo creo que La última cruzada es la mejor de las cuatro, ayer lo hablaba con un amigo, y recuerdo que también es la favorita de mis hijos. El sábado pusieron la del templo maldito, y me pareció un rollo, ninguna química entre la prota (insoportable, por cierto, no sé qué les dio al tandem Spielberg/Lucas para trazar ese personaje tan tontorrón) y Harrison Ford.

Mercedes Cobo dijo...

Quiero aclarar el localismo jiennense de Cris: rosetas = palomitas. Yo también creo que el templo maldito es un pestiño, y también por la prota (la dobladora al español no sé si empeoró lo original o salvó lo que pudo).

Podríamos hacer como Fellini y apuntarnos todos al club de los sueños relatados. Cuaderno y acuarelas en la mesita de noche y ¡a soñar!

abbascontadas dijo...

No, si lo las rosetas se entiende perfectamente, lo que tendría Cris que explicar es lo que se entiende en Jaén por "felicidad total y absoluta"

Francis Black dijo...

La mejor la de Connery, no?, la última no la he visto pero me comentaron que era muy floja.

Jacobo no te cae bien, a mi tampoco por lo que comentaste en el anterior post, yo creo que la tenemos que conocer y que nos explique lo que sueña de verdad.

cristi dijo...

Felicidad total y absoluta = una tarde de pelis con mis hermanas, a ser posible una que no nos guste a ninguna de las tres, y podamos destriparla a placer.