miércoles, 15 de diciembre de 2010

Diarios II: Pepys


Los diarios de Pepys pertenecen a esa curiosa rama de la literatura escrita en clave, y que ha debido ser descifrada para ser conocida por los lectores (destino que, en principio, el autor no tenía en mente para estos papeles, aunque no lo tengo yo muy claro, ya que tiempo para tirarlos a la basura tuvo de sobra). El caso es que estos diarios durmieron el sueño de los justos durante más de siglo y medio hasta que un reverendo, en 1825, dedicó tres años de su vida a "traducirlos", y no sé si se quedó tan pasmado como nosotros al ver como se las gastaban sus no tan lejanos ancestros, y no tanto por la "liberalidad" de las costumbres sexuales (Pepys se cepilla todo lo que se le pone a tiro con desarmante naturalidad, a pesar de tener una mujer joven y muy atractiva, con la que también, por supuesto, se "divierte" a menudo, y no parece que la suya sea una actitud excéntrica, ni mucho menos), como por párrafos como éste:

Me fui a Charing Cross a ver ahorcar, arrastrar y descuartizar al mayor general Harrison, lo que se hizo. El mayor general mostraba el mejor humor que puede tener un hombre en semejantes circunstancias. Lo cortaron en pedazos, y su corazón y su cabeza fueron exhibidos. El pueblo dio grandes gritos de júbilo. (...) La suerte ha querido que yo haya visto decapitar al Rey, y que ahora vea, en Charing Cross, verter la primera sangre para vengarlo.

Tras este reconfortante espectáculo el bueno de Pepys se fue a tomar ostras con unos amigos, para acabar peleándose con su mujer por desordenada. A lo largo del año 1660 se suceden las ejecuciones de los firmantes de la sentencia de muerte de Carlos I, lo que debió de ser un motivo de entretenimiento bastante popular.

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