viernes, 26 de agosto de 2011

Las razones de la madrastra



Llevo una semana queriendo escribir de esta estupenda novela de Edith Wharton, que según leo en la solapa fue la última que publicó (también se nos informa de que era divorciada y de que tuvo "una considerable nómina de amantes en su haber", un dato éste que alguien ha debido de juzgar capital para que entendamos el libro.


Aunque narrada en tercera persona, la narración se vehicula exclusivamente a través del punto de vista de Kate Clephane, una mujer de cuarenta y tantos que abandonó marido y posición social en la Quinta avenida para acabar viviendo entre la más o menos turbia emigración norteamericana que pululaba por la Riviera francesa tras la Primera Guerra Mundial.


La muerte de la todopoderosa matriarca del clan del marido le permite regresar a Nueva York y reencontrarse con su hija, a la que recordaba como una niña de tres años y ahora es una mujer de ventiuno. El conflicto se ve venir de lejos, desde el momento en que sabemos que Kate es una mujer todavía bastante atractiva que ha luchado a brazo partido contra la erosión del tiempo, y que ha tenido en su vida un hombre al que sabe que ha perdido pero al que siempre añorará. El lector adivina mucho antes que las protagonistas quién es el misterioso joven que ocupa los pensamientos de la hija, y la habilidad de la escritora hace que también sea consciente de que el horror que le provoca a Kate que su antiguo amante se case con su hija tiene razones que ella no se atreve a confesarse.


La renuncia es un ejemplo de como los mitos perviven en infinitas e insospechadas variaciones a lo largo de toda una cultura. Aquí es la madrastra de Blancanieves la que por fin puede explicar la tragedia de su posición, el vértigo ante el abismo que se abre cuando una mujer va descubriendo que deja de ser deseada (aunque no deseante) y se ve suplantada la hija.

3 comentarios:

Mario dijo...

Suena muy bien, sobre todo ésta línea: "Aquí es la madrastra de Blancanieves la que por fin puede explicar la tragedia de su posición", para una mirada de la que no se toca con regularidad o que la sociedad indispone quitándo su cuota de justificación. Wharton no parece la típica escritora norteamericana si cabe la nomenclatura, me recuerda más a la literatura victoriana, pero no me extraña porque los americanos buscaban todavía emular la literatura inglesa. Un abrazo.

Mario.

abbascontadas dijo...

Edith Wharton siempre se ha considerado autora de una obra (La edad de la inocencia, claro), y una especie de digest de Henry James, otro norteamericano muy brittish, pero en España, en la última década, se han publicado un montón de sus obras, así que imagino que ha encontrado su público.
La figura de la madre aniquiladora que compite y anula a su hija está muy presente en la narrativa contemporánea, pero habitualmente se narra desde el punto de vista de la hija.

Mercedes Cobo dijo...

Hace poco descubrí otra faceta de Edith Warthon: los cuentos de fantasmas. Están editados por Alianza Editorial, y son muy peculiares. Tan tan sutiles y psicológicos que cuando termina el relato no sabes si el fantasma apareció de verdad o estaba todo en la mente del protagonista, como en las historias de Patricia Highsmith.