domingo, 18 de septiembre de 2011

Cine indie


Hay películas de las que te descuelgas a la media hora, o que se van deshinchando según avanza el metraje, aunque lo normal es que a los cinco minutos sepas si una película te va a gustar. Take this waltz es un film al que le basta con el primer plano para ver que aquello va a ser un espanto, si bien hay que reconocer que el equilibrio preside el conjunto: la inanidad más absoluta baña todos sus aspectos: desde los actores hasta la textura o los encuadres, sin que se nos ahorre esa retahíla de insulsas cancioncillas que es una de las marcas de fábrica de lo que se ha convertido en uno de los géneros más indigestos y prescindibles del presente, el cine indie (o inane, que debe de ser la traducción correcta al español), un cine caracterizao por una lista de tics pensados para encubrir la incapacidad narrativa y visual de las últimas generaciones de graduados en las escuelas de cina norteamericanas.

Si bien el argumento resultaría inverosímil en protagonistas con una edad por encima de las doce años, los personaje se supone que frisan la treintena, y hasta dos de ellos están casados. La chica casada, tonta de remate, e infantil como sólo en una peli indie se puede ser (o sea, muchísimo), empieza un romance con un vecino que es un pelín más gracioso que su marido, y tras muchos minutos en que se preguntan qué es lo que van a hacer, nos enteramos de que las relaciones no pueden llenar el vacío emocional que toda mujer moderna debe sentir en su interior (si bien, como digo, aquí el vacío es más bien en la cabeza), y la chica descubre que, como entregarse al goce en solitario, nada (aquí el goce es subirse a una atracción de feria con música). El acabóse (del cine), vamos.

2 comentarios:

Francis Black dijo...

Divertiros

"En todo lo que hice en mi vida siempre hubo un alto índice de frivolidad. A mí el festival de Cannes me interesaba por Cannes, más que por el cine. Lo mismo me pasaba en Venecia, o en San Sebastián, donde cada año acudía pensando, no en las películas, sino en el rodaballo que solía tomar en el restaurante El Cano de Getaria, sin duda uno de los momentos cumbre de mi vida. Nunca entendí lo felices que estaban mis compañeros del oficio cuando llegaba el último día y podían volver a sus hogares. Debían de tener unos hogares felicísimos"

Antonio Gasset


http://www.elperiodico.com/es/noticias/ocio-y-cultura/indignado-perplejo-1153167

Verificador de la palabra : Alentar.

Pd : la vida es rara.

Mercedes Cobo dijo...

Gracias Francis, lo intentaremos.

Me hubiera gustado ver a Gasset hoy domingo desde las diez de la mañana bregando con redactores, técnicos y semovientes con multitud de marrones dispares: directos, grabaciones, locuciones, compra un conector, un coche que no llega, cambio de habitación de hotel, entrevista sorpresa, disco duro que se cuelga. No hace falta tener un hogar felicísimo para querer salir de aquí lo antes posible, por muy bonito que sea Donosti.

Yo la frivolidad tengo que dejarla obligatoriamente para las vacaciones.