jueves, 3 de julio de 2008

DE IGUANAS Y AYUDANTES DE PRODUCCIÓN

Como todo el mundo sabe en Prado del Rey y parte del extranjero, en el Curso de Español tenemos una iguana. Casandra está dada de alta en todas partes (tiene incluso una matricula), como propiedad de Televisión Española. En realidad, la cuidamos entre todos los compañeros del programa. Todos le saludan, le traen comida, le hacen carantoñas... pero el trabajo sucio lo hace producción (como siempre, y en esta ocasión no lo digo como una queja, tanto Carmen como yo estamos encantadas de ocuparnos del bicho). Marisol, la documentalista, nos mantiene informados permanentemente de los cuidados que requiere el animalito, y ejerce incluso de psicologa iguanil, hasta el punto de dar tanto la brasa con que nuestra Casandra estaba triste y deprimida, que Carmen no pudo más y hace un par de semanas la llevó al veterinario. Tal y como suponíamos, la iguana está como una rosa, no hay más que verla, el color tan bonito que tiene y lo gorda que se está poniendo. Cada vez es, además, más activa. Yo me encargo de pasearla, y en pocos meses ha pasado de permanecer acurrucada en la palma de mi mano a reptar por mi brazo sin verguenza e incluso a atreverse a saltar desde alturas bastante elevadas.

Ayer fuimos a comprarle comida y sustrato para reciclar el que tiene en el terrario a una tienda de animales. En la cola de pagar, nos encontramos con una señora que también se llevaba comida para iguanas. No pude resistirlo y le pregunté: "¿la suya que edad tiene?", a lo que la señora respondió "tengo dos, de tres años". Tragué saliva antes de formular la siguiente pregunta: "¿y cómo son de grandes?", a lo que la señora respondió: "uy, enormes, hemos tenido que construirles un mueble a propósito para tenerlas en el salón" (e hizo un gesto con las manos señalando el tamaño de los animalitos, de aproximadamente un metro de longitud). A continuación continuamos la conversación, nosotros explicando las costumbres de nuestro especímen y ella, con mucha más experiencia, contándonos cómo habían evolucionado los suyos (y hablando de ellos con muchisimo cariño). Incluso nos recomendó un tipo de comida concreta que al parecer a sus iguanas les vuelve locas. Total, que nos fuimos de la tienda la mar de contentos con toda esa información nueva acumulada y la comida especial, que le trajimos a Casandra como si se tratase de una tarta de chocolate.

Hoy teníamos que darle con una jeringuilla en la boca unas vitaminas que nos había encargado el veterianario. A continuación había que esperar a que hiciera caca, recogerla y llevarla a la clínica para que lo analizasen. Y así ha sido: esta mañana la he sacado del terrario para darle la medicina. El animalito debía sospechar algo, porque se ha mostrado especialmente nerviosa y me ha arañado como nunca (las uñitas son tan finas como alfileres, pero nunca llegan a clavarse profundamente, las mueve escarbando rapidamente y lo que consigue es levantar la piel de las manos y dejarlas escamadas). Incluso ha saltado de mis manos al suelo y he tenido que perseguirla por todo el despacho. Finalmente he conseguido que abriera la boca y se tragara todo el liquido de la jeringuilla. A continuación venía la parte más difícil: esperar que hiciera caca y recoger la muestra. Si lo hace en el terrario lo entierra, por lo que la he tenido sobre una mesa, a la vista, para que fuera más fácil de identificar (con cierta preocupación por parte de Mariví, convencida de que si cagaba encima de un teclado nos chafaría el ordenador completo). Viendo que así no había manera, me la he llevado al baño de chicas, que me parecía un lugar más adecuado. Y he actuado con ella como con un bebe: le he dado un baño relajante, le he acariciado la barriguilla, y ¡voilá! ha hecho la caca deseada. He recogido la muestra en un tubo de ensayo que he robado del gabinete médico (en realidad he ido a pedir uno, pero no he encontrado a nadie, y había una caja llena de tubitos para hacer análisis y me he llevado uno sin decir nada, y dando gracias al cielo de no tener que dar explicaciones acerca del asunto) y Valentín me ha llevado raudo y veloz a la clínica veterinaria para animales exóticos que hay en la calle Juan Álvarez Mendizábal, junto a la cafetería Viena, en el barrio de Argüelles (que mira que es pija nuestra iguana). Allí me han dicho que tendremos los resultados el lunes y que si todo está bien, que es lo más probable porque la cuidamos como a una reina, la siguiente revisión tendrá que ser en un año.

2 comentarios:

Mercedes Cobo dijo...

Una agradable variación

gracias Susana de parte de los lectores de este blog que no viven en la torre de marfil cinematográfica (es decir, yo) por esta simpática anécdota.

abbascontadas dijo...

Pues mientras esperamos con el corazón en vilo los resultados de los análisis de Casandra nos puedes ir contando como va tu gorrión, si es que ha sobrevivido. El otro día nos encontramos un pichón a los pies de la Nunciatura, y todos lo dieron por muerto en pocas horas