lunes, 4 de julio de 2011

La medicalización


El proceso de victimización culmina con la administración de fármacos, sin diagnóstico, fórmula victimizadora por excelencia. ¿Por qué si a la frase "Me duele todo" la respuesta es "Usted no tiene nada", entonces le recetamos un fármaco o un psicofármaco? ¿Por qué medicalizar en lugar de escuchar y diagnosticar?

Cuando hablamos de medicalización hablamos de consumismo, de excesos; cada vez se consumen más fármacos, con o sin receta, en nombre de la prevención o de la calidad de vida en los países donde se pueden pagar. Porque para que las enfermedades reales y bien reales de los pobres no se investiga nada que no salga rentable.
Es evidente que la evolución de la farmacología, la introducción comercial de las sulfamidas en el año 1935 y de los antibióticos después, con la comercialización de la penicilina hacia el año 1942, han contribuido a mejorar la esperanza de vida al evitar las muertes por infecciones, neumonías y sepsis, que eran la primera causa de muerte prematura (...). Pero de no tener fármacos, hemos pasado a un exceso de administración en los países llamados "desarrollados" que los pueden pagar, para tratar problemas sociales o situaciones de estrés, y a convertir en enfermedades procesos fisiológicos, como la menopausia y el parto. Fenómenos que son procesos de la vida se convierten en enfermedad, como la pobreza, la precariedad laboral y la soledad. Estamos medicalizando a los pre-enfermos.

Lo que determina la medicalización en Occidente es la misma industria farmaceútica y su tendencia a obtener beneficios vendiendo todo tipo de productos aunque no sean necesarios. Es clásica la frase de Henry Gadsen, director de Laboratorios Merck, en declaraciones a la revista Fortune en 1976: "Es una pena que los únicos clientes de los productos de mi compañía sean los enfermos. Si pudiera conseguir producir medicamentos para los sanos, entonces podría vender a todo el mundo". El objetivo de tratar a personas sanas se incardina en una cultura desarrollada como la occidental, que considera los medicamentos, sean del tipo que sean, como fórmulas de soportar la incertidumbre de lo que pasará y superar la angustia ante lo desconocido. También la cultura de la pastilla da lugar a la sociedad de la prisa, que no tiene tiempo de incubar correctamente un resfriado o una gripe, guardando cama dos o tres días, y quiere pastillas para acabar antes.

Carme Valls-Llobet: Mujeres, salud y poder. Ediciones Cátedra, 2010

3 comentarios:

Francis Black dijo...

Esa es una cara , la de crear medicamentos para un mercado sin personas que los necesiten, la otra cara es no crear medicamnetos para personas que lo necesitan, por no ser mercado.

Susana dijo...

Ya existen medicamentos para personas sanas: se administran toneladas de vitaminas en pastillas de colores y en botecitos muy bien presentados para reforzar carencias que en la mayoría de los casos no sabemos si tenemos o no. Y por cierto que la medicina homeopática (lo siento, soy una gran escéptica en este terreno, aunque confieso que tampoco lo conozco mucho) es especialista en la prevención: jarabes, granulitos y pastillitas para evitar resfriados y gripes en niños desde muy pequeños y en adultos. Te lo venden como algo inocuo, que no te puede hacer ningún daño. Pero algo te hará, o tan inócuo no será, cuando en los prospectos te piden que si estás empbarazada no lo tomes o consultes con tu médico. Lo que quiero decir es que no sólo la industria farmacéutica hace negocio con nosotros, también las medicinas alternativas. Yo creo que la clave está en los médicos, en dedicar más de diez minutos en las consultas a saber qué le pasa al paciente, a escucharle, a hacer un seguimiento a los dos o tres días para ver la evolución de la enfermedad ... en la buena práctica, en definitiva. Y lamentablemente esto no siempre sucede.

Mercedes Cobo dijo...

La homeopatía tiene, en sus principios, un enfoque diferente. Como creyente y practicante que soy de las disciplinas homeopáticas, tengo que decir que las prefiero a la medicina alopática o convencional, y que he comprobado que funciona. Pero como cualquier práctica, como apunta Susana, se puede tergiversar y abusar y siempre hay que tener claro que la homeopatía no son "las hierbas", así en genérico. Las medicinas homeopáticas han de ser prescritas por un especialista y, más que prevenir, curan cuando el daño está hecho. La prevención corre a cargo de las hierbas, las flores de Bach, la meditación, el qi-jong, el ejercicio físico... Todo eso que nuestros médicos no le dan importancia. Yo también reivindico los quince minutos de escucha al paciente.